Sabrina Palazzo cuenta cómo fue su lucha para lograr ser mujer – GENTE Online
 

Sabrina Palazzo cuenta cómo fue su lucha para lograr ser mujer

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Sabrina Palazzo tiene 42 años y es jefa de un sector de la Dirección General de Cuerpo de Agentes de Tránsito de la Ciudad. Antes de ser Sabrina era Ariel. Hoy es la única trans de los 2 mil agentes del organismo, y tiene a su cargo a 25 choferes. Cuenta cómo vive su nueva identidad y enfrenta los prejuicios: “Hay que dejar de estereotipar: ser trans no implica necesariamente ser prostituta o peluquera”.

Los cambios fueron paulatinos. Primero se dejó el cabello largo. Después empezó a tomar hormonas y a retocarse las cejas con la pinza de depilar. Al final se tiñó de rubio, y hace dos años se colocó los implantes mamarios. “De ahora en adelante voy a llamarme Sabrina. Sabrina Palazzo”, dijo.

“Hay que dejar de estereotipar: ser trans no implica necesariamente ser prostituta o peluquera”.

Es jueves 13 de julio y el reloj marca las 10 am. Sabrina (42) llega a la Dirección General de Cuerpo de Agentes de Control de Tránsito y Transporte, ubicada en la intersección de Chacabuco y la autopista 25 de Mayo. En la calle es un peatón más. Sin embargo, entre los dos mil agentes de la Dirección es la única mujer trans.

Arrancó a los 31 en la Guardia Urbana y fue escalando puestos. Desde hace un año es la coordinadora de Automotores y tiene a su cargo a 25 choferes. Su teléfono no para de sonar. Con su metro noventa va y viene, dando indicaciones de último momento. El motivo: dentro de unas horas estará sentada en un avión que la llevará a Cuba, el destino que eligió para sus vacaciones. “En la valija me llevo dos trajes de baño, mis tacos y algunos vestidos. Por las dudas incluí un par de prendas unisex, para pasar más inadvertida. Igual, con este pelo va a ser un poco complicado, ¿no?”, dice entre risas.

–Tenés a tu cargo a 25 hombres. ¿Te cuesta hacerte respetar?

–Para nada. Tengo un carácter fuerte. Discutí con algunos y siempre les dije lo mismo: “Los que no se adaptan a mi forma de conducir tienen la opción de cambiar de turno o irse a otra base”.

–¿En qué cambió tu vida a partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género?

–Aunque nunca me involucré con el tema, soy consciente de que gracias a esa norma hubo un gran cambio a nivel social: estamos más aceptadas. Antes éramos travestis, hoy somos trans. Si no fuera por la cantidad de trámites burocráticos que hay que hacer, ya habría hecho mi nuevo de documento.

Cuando nació, el 19 de octubre de 1974, Alcira Pereyra y Daniel Moisés Palazzo, sus padres, lo llamaron Ariel Leonardo. Durante su infancia jamás tuvo simpatía por el fútbol. “Me gustaba saltar elelástico”, recuerda. Y sigue: “Con mi mejor amiga jugábamos a hacer muñecas de papel con cartulina. Les diseñábamos ropa y se la pegábamos. Así nos divertíamos cada vez que iba a su casa. Era chica, pero inteligente: sabía que ese tipo de juegos tenía que hacerlos a escondidas de mi papá”.

Mientras cursaba el preescolar, sus padres se separaron y decidieron llevarlo al psicólogo. “Además del divorcio, a mi mamá le preocupaban mis tendencias homosexuales. ‘Este chico necesita estar más en contacto con su padre’, le dijo el terapeuta”.

La solución: su papá –descendiente de italianos, chofer de camiones y ex boxeador– se mudó a dos cuadras de su casa y lo anotó para que tomara clases de taekwondo: “Aguanté hasta los doce. Después dejé y empecé a estudiar teatro con Ana María Campoy”.

A los 24 años, mientras cursaba el profesorado de fitness y daba clases en un gimnasio de Capital, empezó con los ataques de pánico. “Yo estaba saliendo con un chico. Cuando se lo conté a mi mamá, ¡se me pasó todo!”, recuerda.

En 2006 y, por consejo de su padre, se postuló para trabajar en la Guardia Urbana. “Ingresé como chofer y por la puerta grande: tenía registro profesional y el secundario completo”, se jacta. Sus días transcurrían entre el trabajo y el gimnasio.

Sin embargo, su vida no era todo lo saludable que aparentaba. “Llevaba un par de años automedicándome. Quería ser mujer a toda costa... –admite–. Arranqué con pastillas y después empecé a inyectarme Perlutal, un anticonceptivo. Eso fue lo peor que pude haber hecho”.

Un día, Sabrina llegó al trabajo y sintió que la cabeza le iba a explotar. “Una compañera me vio tan mal que llamó al SAME. Tenía 18/12 de presión. Me llevaron al hospital Ramos Mejía y me obligaron a suspender la medicación por dos años. Fue durísimo. Sentía que mi imagen se venía abajo”.

Un par de años después, la vida le daría otro cimbronazo. “Fui a visitar a mi viejo y me encaró: ‘¿Vos te estás travistiendo?’”. Sabrina, que aún no se había colocado los implantes, se lo negó a muerte. “Hasta que un día me lo volvió a preguntar y le dije: ‘Sí. ¿Cuál es el problema?’”.

Su padre se quedó callado unos segundos. Después habló: le preocupaba qué dirían los vecinos. “Creo que de sus hijos, fui yo el que le causó más dolores de cabeza. Le dolió, porque es un tipo mujeriego y machista. Al final lo aceptó y me acompañó en todo”.

–¿Ahora te vas de viaje y presentás tu DNI como Ariel?

–Sí. Hasta el momento no tuve problemas. Hace dos años me fui a Cuba. En el aeropuerto de Panamá una mujer no me sacaba los ojos de encima. Como yo estaba tomando mate, pensé que me miraba por eso. Al rato se acercó y me dijo: “Qué hermoso pelo. ¿Lo puedo tocar?”.

–Lizy Tagliani dijo: “Las chicas trans de la nueva generación tienen más aceptación”. ¿Coincidís?

–Yo me siento muy identificada con Lizy: nos pasaron casi las mismas cosas. Claro que coincido con ella. A las mujeres trans que somos más grandes nos miran como con distancia. Con las más jóvenes eso no pasa. Nadie trata de evitarlas. Eso de “no quiero que me vean mucho con vos, porque por ahí piensan que tenemos algo”. Las nuevas generaciones son más descontracturadas y están más abiertas. Hay que tomar su ejemplo y dejar de estereotipar: ser trans no implica ser prostituta o peluquera (sin desmerecer esas profesiones). Las chicas trans pueden ser lo que quieran. 

Por Flor Illbele

Fotos: Julio César Ruiz.

Fotos: Julio César Ruiz.

Fotos: Julio César Ruiz.

Fotos: Julio César Ruiz.

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