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Rubias vs. Morochas

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El año pasado quedó planteada la cuestión en una tapa de GENTE: ¿Cómo las prefieren los argentinos? ¿Rubias o morochas? ¿Y las mujeres de nuestro país cómo desean ser? ¿Rubias o morochas? La cuestión, como se ve, no es solo para los hombres. El look para seducir lo imponen ellas: sabemos que Shakira quiso ser rubia y (tintura mediante) mató; y que Angelina Jolie quiso tener el pelo bien negro y (más tintura mediante) reforzó su estilo de bomba sexy.

Pero volvamos a la Argentina. Desde esa tapa del 2001 saltaron a la fama las diosas Sofía Zamolo y Karina Jelinek (ambas hoy modelos top). Ahora, en este 2002, se vienen la nueva rubia y la morocha del año. Empiece a suspirar (ellos), a copiar (ellas), a delirar (ellos, claro), a elegir (ellas, claro). Y, si tiene ganas, métase en esta polémica de colores y curvas peligrosas.

Unas por angelicales y las otras por sensuales, cada grupo tiene su hinchada. Lo cierto es que los bandos están bien definidos. Hay quienes deliran por una rubiecita ingenua que susurre sutil y los que pierden la razón por una morocha muy sexy.

Las dos nuevas representantes están aquí. Presentamos a la morocha primero nada más que por azar. Rubias, no enojarse.

Rocío Guirao Díaz tiene 18 años. Nació el 27 de junio de 1984 en San Isidro. Es hija única de una maestra jardinera y un vendedor de autos. Confirma ella misma que mimada suena a poco. Es mimadísima. Hace tres años que trabaja como modelo, estudia Hotelería y Turismo y eso es lo que más le importa. Cuando se reciba, piensa poner un hotel en el Caribe porque quiere vivir en una playa. Mientras tanto es modelo de la agencia de Pancho Dotto y (¡atención!) espera encontrar un novio muy pronto.

La rubia, Liz Solari, es colombiana. Nació en Barranquilla, el 18 de junio de 1983. Por entonces, su padre, el director técnico Eduardo Solari, dirigía el Club Junior de esa ciudad. Llegó a la Argentina a los 3 años y todavía sigue siendo ciudadana colombiana. No se decide por nacionalizarse argentina, aunque cuando viaja a España para visitar a su hermano Santiago (el Indiecito), jugador del Real Madrid, tiene que pedir visa. Hace un año que es modelo, también de Pancho Dotto. Hizo campañas en la Argentina, Chile, España y México y no piensa parar hasta ganar el mercado europeo. Está en segundo año del profesorado de Inglés y hace tres que su novio es Santiago Guerci (19), un rosarino que estudia Ingeniería Industrial.

Aunque ellas se hagan las distraídas, de ahora en más serán la morocha y la rubia que dividirán la opinión de los argentinos. Es tiempo de conocerlas un poco más. ¿Nos acompaña?

-¿Cuál es el beneficio de ser rubia o morocha?
Rocío:
-No voy a caer en el lugar común de decir que cuenta solo lo de adentro… Se puede ser una rubia divina o una morocha lindísima.
Liz: -Es una cuestión de gustos, nada más que eso. Hay trabajo para todas.

-¿Y con los hombres?
-…Ji ji, ja ja… (Negativa de ambas con risita nerviosa).

-¿Cómo es sentirse deseada?
-(A coro). ¡Ayy, no… no queremos hablar de eso!
Rocío: -Somos chicas normales y corrientes que tenemos atributos físicos, como a otras se les marcan mucho sus atributos intelectuales. No pasa por el deseo.

-Convengamos que a los hombres les llama la atención primero lo físico que lo intelectual. Obviamente, las curvas se ven más que las neuronas.
Liz:
-De eso se trata este trabajo: la estética cuenta antes que nada. Entiendo que a la gente le gusto y eso me sirve. Pero no por eso soy una tonta que no estudia, que no quiere terminar su carrera y que no tiene otras inquietudes. Para mí el mito de la rubia tonta es una cosa del pasado… y algo muy muy machista.

-Pero, en lo personal, ¿qué les pasa al sentirse deseadas?
Rocío:
-Nos sube el ego, claro. Pero no nos pasa esto por ser modelos: le pasa a todas las mujeres. ¿Quién no se siente espléndida cuando se sabe admirada? Cuando vas por la calle está bueno que te digan cosas, nos encanta a todas … A las gordas, a las flacas, a las intelectuales, a las lindas y a las feas…

-¿Les gusta cuando les dicen cosas subidas de tono?
Rocío:
-No nos gusta cuando dicen barbaridades. Pero si nos gritan algo ingenioso, aunque sea subido de tono, toda mujer se siente halagada.
Liz: -A mí me gusta que sean respetuosos y delicados. Al ser modelos estamos más expuestas, nos miran y nos juzgan más. Por eso, si son muy zafados, me molestan.

-¿Cómo seducen?
Liz:
-Desde que empecé me dijeron que no perdiera la espontaneidad. Que jamás me saliera de mi personalidad. Lo mío es ser natural.
Rocío: -Yo juego con mi simpatía. Me considero muy alegre, y eso llama mucho la atención. Eso es mejor que tener una cara perfecta y un cuerpo escultural pero mostrarse callada y tímida. Lo ideal es ser espontánea, fresca, tener vocabulario y cultura.

-En otra época las exitosas con los hombres eran las que miraban como panteras…
Liz:
-Todavía las hay y muchos hombres siguen prefiriendo esas mujeres. Pero son más los que buscan una chica divertida y un poco más intelectual.

-Las morochas parecen más sexuales, y muchos creen que con ellas tienen garantizado el placer. ¿Mito o realidad?
Rocío:
-(La morocha ríe y contesta). ¡Mentiras! No creo que sea así. Les puede pasar con una rubia también. El placer no tiene que ver con el color de la piel o el pelo. Pasa por la onda que tenés con la otra persona. Pero es obvio que existe el mito de la morocha sensual y la rubia…
Liz: -(Interrumpe y, casi enojada, arremete). ¿¡El mito de las rubias cual es!?

-Que son más angelicales.
Liz:
-Hay rubias que son muy angelicales, pero también mujeres fatales. Fijate en Madonna.

-¿Y vos sos una femme fatale?
Liz:
-No. Yo soy una rubia tranqui.
Rocío: -Permitime defender a las morochas. Porque también podemos nombrar a Angelina Jolie o la Cucinotta. Más sexy que ellas, nadie.

-¿Vos sos una morocha que hace delirar por lo sexy igual que esas mujeres que me nombraste?
Rocío:
-¡Soy todo lo contrario! Soy una morocha angelical. La gente me ve lejos de lo sexy.

-¿Los argentinos están acobardados frente a las mujeres?
Rocío:
-Antes iba a bailar con mis amigas y los chicos venían lanzados. Ahora se quedan lejos y miran. Sólo miran. De avanzar, nada. Hubo una regresión.
Liz: -Hay mucho histeriqueo, miran y miran. Aunque ese jueguito siempre existió, ahora se da todo el tiempo. Es como que no se animan.
Rocío: -Es cierto, antes terminaba en algo, aunque sea en una conversación. Yo me pregunto siempre: "¿Para qué me mirará si no llega a nada?".
Liz: -Pero igual es lindo el juego de la seducción.

-¿El juego de no llegar nunca a nada?
Liz:
-Y… sería bueno que de vez en cuando llegaran a algo…

-¿Por qué creen que los hombres están tan espantados?
Liz:
-Las mujeres ahora son más lanzadas. Antes era el hombre el que tenía que ir y hacer todo el trabajo de seducción, ahora las chicas van y los encaran…
Rocío: -Hasta las nenas chiquititas son capaces de tomar su lugar y hacer lo que tienen ganas.
Liz: -La mujer tiene más iniciativa y abarca terrenos que antes eran del hombre exclusivamente. En otra época una mujer jamás le hubiese dicho a un chico: "Me gustás". Y ahora ocurre. No es mi caso, claro.
Rocío: -Yo sigo estructurada, quiero que me vengan a buscar. Me gusta la seducción a la antigua.
Liz: -A mí también. No me sale abordar porque soy muy tímida. Pero las mujeres en general están superatrevidas.
Rocío: -Dejaron de ser tan tradicionales. No decimos que eso está mal: es lo que está pasando. Creo que esta nueva mujer debe asustar un poco al hombre que todavía no se dio cuenta de que hubo un cambio.

-¿Y al hombre le molesta la mujer que lo encare o le alimenta el ego?
Liz:
-A veces le es mucho más cómodo. Ellas ahora hacen el trabajo de avanzar ¿Te parece poco? Se salvan de rebotar, que es lo peor que le puede pasar a un tipo…
Rocío: -Ellos histeriquean y ellas vienen a hablarles. Es lo mejor que les puede pasar.

-Lo único que falta es mantenerlos, entonces…
Liz:
-Eso ya está pasando y mucho. El lugar de la mujer cambió. Yo jamás pensé que a los 19 años iba a ser independiente en lo económico. Que iba a mantener un montón de cosas. ¿Si mi novio se banca que sea modelo? Se pone un poco celoso, y es obvio. Ve a su novia en una foto en bombacha y corpiño y no es para ponerse a saltar en una pata.

-¿Y ustedes cómo los prefieren? ¿Morochos o rubios?
Rocío:
-Yo, cero preferencia. Me puede encantar un rubio de ojos celestes o un morocho de ojos negros, siempre y cuando tengan mucha personalidad.
Liz: -Lo que importa es la atracción. Si no hay química y pieles que se entiendan, no pasa nada.

-¿Cómo es la personalidad del hombre que las atrae?
Liz:
-Tiene que ser divertido, que me haga sentir cómoda y que me entienda.
Rocío: -Sí, eso es lo más importante: que te entienda. Que escuche. Muchas veces, cuando nosotras queremos hablar y contar nuestras cosas, ellos quieren que haya silencio.

-¿Qué hacen cuando conocen un hombre muy atractivo?
Liz:
-Soy natural a full.
Rocío: -Yo también. Nada de poses ni de cara sexy.

-A pesar de ser diosas, ¿tienen sueños de mujeres comunes: casarse, tener hijos, formar un hogar?
Liz:
-Me gustaría, en algún momento, tener una familia, marido, hijitos y todo eso. Pero ahora no.
Rocío: -A mí también me encantaría, y no porque sea un mandato. Tengo ganas, pero muy en el futuro.

-¿No les molesta el cartel de "lindas igual a tontas" que algunos les cuelgan a las modelos?
Rocío:
-Hay modelos tontas, abogadas tontas y tontas en todas las profesiones. Pero nosotras mostramos sólo nuestra parte de afuera y se quedan con eso. No podemos vivir pendientes de lo que digan o piensen las personas que no nos conocen, porque nos volveríamos locas.
Liz: -Lo nuestro acaba en eso, en mostrarnos. Si alguno piensa que una modelo es tonta, pero no se tomó el trabajo de conocerla, creo que el problema lo tiene él y no yo.

-¿Cómo quien les gustaría ser?
Liz:
-Como nadie, quiero tener mi propia imagen. Solo aspiro a que cuando me nombren, la gente sepa quien soy.
Rocío: -Yo quiero ser una nueva diva, pero sin imitar la imagen de nadie. Si me deliro puedo llegar lejos.

-¿Saben que cuando posan o desfilan el 90 por ciento de los hombres que las ven liberan todos sus ratones?
Rocío:
-Si me pongo a pensar en eso, ¡me muero! No soy consciente de los ratones que puedo generar.
Liz: -Mi trabajo no es ratonear. Y no pienso hacerme cargo de las fantasías de los hombres argentinos. Sería demasiado trabajo, ¿no te parece?

por Teresita Ferrari
fotos: Santiago Turienzo. Asistente: Diego García
producción: Inés Azumendi
peinó: Juan Manuel Cativa para Roberto Giordano.
Maquilló Costy Yabes con productos Bes
Agradecemos Class Life, Silvana, Think Pink y Ricky Sarkany

Rocío Guirao Díaz  (18 años, medidas ideales de 85-58-90) y Liz Solari (19 años, medidas perfectamente repartidas en su metro setenta y cuatro: 85-60-90). ¿Qué seduce más a los hombres: una morocha contundente o una rubia susurrante? La respuesta, obvio, la tienen las mujeres en su cabeza.

Rocío Guirao Díaz (18 años, medidas ideales de 85-58-90) y Liz Solari (19 años, medidas perfectamente repartidas en su metro setenta y cuatro: 85-60-90). ¿Qué seduce más a los hombres: una morocha contundente o una rubia susurrante? La respuesta, obvio, la tienen las mujeres en su cabeza.

Rocío tiene una fuerza increíble y comparte con Liz el deseo de conquistar el mercado europeo como modelo. Las dos aseguran:Ni las rubias son solo angelicales ni las morochas son más sensuales. Esos son mitos. Todo depende de la química de los cuerpos".">

Rocío tiene una fuerza increíble y comparte con Liz el deseo de conquistar el mercado europeo como modelo. Las dos aseguran:"Ni las rubias son solo angelicales ni las morochas son más sensuales. Esos son mitos. Todo depende de la química de los cuerpos".

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