“Quiero tener un hijo y formar una familia” – GENTE Online
 

“Quiero tener un hijo y formar una familia”

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Alejandro Lerner conoce la rutina. “Empecemos por las fotos; sólo quedan algunos minutos de luz…”, propone. Ahora monta un viejo alazán y ensaya un breve galope. “¿No me parezco a Wyatt Earp?”, bromea. Se detiene frente a la cámara y espera paciente que el fotógrafo dispare su gatillo. El caballo recibe el primer flash y amenaza con pararse en dos patas. “¡Suficiente!”, dice el improvisado jinete. “¿No preferís una foto en la tranquera?”, insiste. Su novia, Marcela García Ibáñez, prefiere no participar en la producción. “No vine preparada…”, se disculpa. Media hora después, comienza la entrevista. Alejandro pita un cigarrillo rubio y propone: “Preguntá lo que quieras”. No tiene historias oscuras para esconder. Jamás fantaseó con volar desde un noveno piso ni alardeó de sus maratones sexuales. Es, tan sólo, uno de los compositores más geniales de la Argentina, una máquina de vender discos y producir hits que pronto se convierten en himnos en toda Latinoamérica. Para romper el hielo, confiesa sus 48 años.

–¿Recuerda cuándo se sintió famoso por primera vez?
–Después de hacer mi primer Obras, en el ’82. Yo no entendía nada de regalías, pero junté plata para comprarme un Citröen cero kilómetro, color ladrillo… ¡Al mismo tiempo me di cuenta que mi manager tenía dos BMW! Yo sentí que empezaba a hacerme famoso, pero mi manager ya se había hecho rico.

–¿Cuál fue su éxito menos pensado?
–(Canta) “No hace falta decir/ que me quiero morir/ a tu lado…”. ¿La conocés?

–No hace falta que lo digas. Un temazo.
–Yo nunca pensé que podía resultar un temazo. Fue la primera canción de amor que escribí, y apenas la terminé se la ofrecí al director de la película Pasajeros del jardín. Pero el tipo sólo aceptó Cuatro estrofas… Después de ese primer rechazo, la canción se convirtió en un éxito. Y fue fundamental para mí, porque me acercó a Armando Manzanero.

–¿Cómo consiguió la amistad y el respeto de músicos que parecen tan antagónicos, como Pappo y Manzanero?
–Porque respeto a las personas sin limitaciones. Pappo estuvo tocando conmigo muy poquito antes de su accidente. El me decía: “A mí me gusta tocar con vos, porque no tenés disfraz”. Y me hizo sentir honrado. ¿Acaso no tengo derecho a que me guste un bolero o una canción de amor?

–¿En qué momento se descubre con exigencias de star?
–Jamás. Mis exigencias tienen que ver con la rigurosidad profesional. Sólo pretendo que todo esté por encima de la “línea de flotación”. No tengo gustos exquisitos ni soy despótico. Mi pedido más extravagante –y no negociable– es que el catering incluya pollo. Recién cuando llega mi pollo a camarines digo: “Este show se hace”.

–¿Cómo llegó a girar junto a Santana?
–Yo vivo la mitad del año en los Estados Unidos. A través de un amigo, me pidieron que componga una canción para mostrarle a Santana. Sin compromiso de grabación. Escribí Hoy es adiós, una canción que habla de un padre que despide a su hijo que viaja al extranjero para buscar trabajo. La grabé, se la mandé a la compañía y me senté a esperar. Un día descubrí que Santana grabó su guitarra encima de la misma cinta y la editó en su disco.

–¿Cuándo le propuso sumarse a su banda?
–Durante una entrega de los premios Grammy. Santana se me acercó y me dijo: “¿Cuando te venís a tocar conmigo?”. “Cuando usted quiera, maestro. Toque la trompeta que yo voy a estar ahí”, le respondí. Y así empezó todo. Después me pidió que cante otro tema… No sé, me pasan estas cosas que son muy high level. Ahí te sentís en las ligas mayores.

–Frente a semejantes celebridades, ¿se permite algún arranque de cholulez?
–Sin molestar. En el momento me hago el educado, pero después me desmayo. ¡Cuando estuve al lado de George Martin (mítico productor de Los Beatles) se me cayeron las medias!

–¿Por qué, con semejante éxito en el exterior, siempre regresa a la Argentina?
–Tengo necesidad de volver. Yo salgo a buscar sueños y los traigo para acá. Lo más lindo de mi carrera es volver a casa, pegarle un abrazo a mi vieja y decirle: “¡No sabés lo que me pasó! ¡No te imaginás con quién toqué!”.

–¿Su madre reconoce los nombres? Santana, Martin…
–No importa: mamá se pone feliz al verme feliz. Creo que quienes alcanzamos logros afuera necesitamos sentir que nuestra gente está orgullosa por nuestras conquistas. Cuando estás lejos, viajando, te agarra el argentinazo.

–Imagino que viaja con un mate bajo el brazo…
–Todo el tiempo. Aunque ya cambié varios equipos… En mi primera gira con Santana, pelé el mate en el micro de los músicos y todos empezaron a mirarme de reojo: “¿Qué trajo este tipo?”, se preguntaban. Hasta que el baterista se animó a probar… ¡Le quemaba la bombilla en la boca! Dos días después me encaró y me dijo por lo bajo: “¿No tenés algo de aquello? Porque el otro día, después de tomar, subí al escenario y sentí una energía especial”. Impresionante. Le regalé el equipo de mate completo, por supuesto.

–¿Cómo definiría su relación con Diego Maradona?
–Es una amistad incondicional. En las buenas y en las malas. Lo conocí durante una de mis primeras giras por España, en el año ’84. Cenamos juntos y nos mantuvimos en contacto por un tiempo. Pero hace poco tuvimos un reencuentro muy pasional. Lo descubrí de casualidad en el baño del aeropuerto de Amsterdam y desde atrás de la puerta le empecé a cantar: “No hace falta decir/ que me quiero morir…”. Diego se puso loco y empezó a gritar: “¿Quién es?”. “Alguien que imita a Lerner en los baños de los aeropuertos”, le dije. Ahí salió y se mató de risa. Ahora, cada vez que él quiere cantar, lo acompaño en el piano.

–A propósito… ¿Diego canta bien?
–Espectacular. Dios le regaló muchos talentos para que Diego los saque a pasear. ¡Tiene que grabar un disco ya!

–¿Reconoce cuentas pendientes, Alejandro?
–Sí: formar una familia. Quiero tener un hijo. Y lo quiero ya, hoy a la noche. Encontré a mi pareja y siento que es el momento de pensar en la familia. Mirá para allá (señala). ¿Ves aquella morocha que se hace la distraída? Bueno, ésa es mi señora.

Un amigo se despide. Alejandro Lerner pide disculpas: “Sólo un minuto”, dice. Es poco tiempo para repasar la carrera de un músico que giró por Centroamérica junto a Santana, realizó un concierto “a cuatro manos” con Armando Manzanero, acompañó con su piano a Alberto Cortez en el Teatro Colón, tocó con Mercedes Sosa en Israel, cantó en los Estados Unidos junto a Carol King, y escribió himnos que fueron versionados en todo el planeta.

Acaso por ejemplo, la versión portuguesa de Cambiar el mundo vendió un millón de discos en Brasil. Y, hace días, un grupo de Helsinki solicitó autorización para traducir Volver a empezar al finlandés. Alejandro lleva treinta años sobre los escenarios. Tiene 16 discos editados y vendió tres millones de copias en toda Latinoamérica. Ahora celebra el estreno de Little Chicken, la más reciente creación de Disney. Ya de regreso, define: “Trabajar con Disney es el sueño de mi vida”.

–Suena exagerado para alguien que se dio el lujo de tocar junto a los más grandes de la música…
–¿Exagerado? Disney es un estado de ánimo que te hace viajar a tu infancia. Yo me pasé muchos domingos frente al televisor viendo El país de la aventura. Me siento muy identificado con Walt Disney, que con su trazo generó un mundo de buena onda. Todo mi trabajo tiene que ver con esa búsqueda de crear una onda positiva. Y, por alguna razón, el Universo me lo devuelve. La verdad es que no me puedo quejar de cómo me ha ido, de los amigos que tengo, de los afectos… Me parece que conmigo hay algo que está bien. Alejandro vive la mitad del año en Los Angeles. En su quinta de Pilar confiesa: “<I>No sé cuánto tiempo más voy a querer estar lejos cuando mi compañera me espere en casa con nuestro bebé</i>”, dice.

Alejandro vive la mitad del año en Los Angeles. En su quinta de Pilar confiesa: “No sé cuánto tiempo más voy a querer estar lejos cuando mi compañera me espere en casa con nuestro bebé”, dice.

“<i>Yo salgo a buscar sueños para traerlos a la Argentina. Lo más lindo de mi carrera es volver a casa, pegarle un abrazo a mi vieja y decirle</i>: ‘¡No sabés lo que me pasó! ¡No te imaginás con quién toqué!’”

Yo salgo a buscar sueños para traerlos a la Argentina. Lo más lindo de mi carrera es volver a casa, pegarle un abrazo a mi vieja y decirle: ‘¡No sabés lo que me pasó! ¡No te imaginás con quién toqué!’”

Alejandro Lerner se reconoce en el mejor momento de su vida. “<i>No me puedo quejar de cómo me ha ido, de los amigos que tengo, de los afectos… Me parece que conmigo hay algo que está bien</i>”, arriesga tímidamente.

Alejandro Lerner se reconoce en el mejor momento de su vida. “No me puedo quejar de cómo me ha ido, de los amigos que tengo, de los afectos… Me parece que conmigo hay algo que está bien”, arriesga tímidamente.

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