“Quiero tener un cuerpo sano para ser mamá” – GENTE Online
 

“Quiero tener un cuerpo sano para ser mamá”

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¿En qué estado estás hoy, Jimena?
–¡Ja, ja, ja! Creo que encontré el equilibrio. Estoy mucho más serena, alegre. Nada quedó de aquella chica que conducía Versus y sufría de anorexia, entre otros excesos… Hoy, a los 31 años, puedo decir que estoy en paz: hace dos años me fui a vivir a México y allá conocí a un fotógrafo divino, mi gran cable a tierra. Se llama Lucas Kirby y tiene 35 años. Ya vivimos juntos… Es más: estamos con muchas ganas de buscar un hijo. Allá, para todos, soy “la señora de Kirby”. ¿No es genial…?

–Sí, claro. Me quedé pensando en lo de la anorexia…
–Por suerte, esa etapa quedó atrás. Fue un espanto: llegué a pesar 39 kilos y ¡no me daba cuenta, no lo veía! Hoy peso 46 kilos y estoy muy atenta a no bajar un solo gramo: desayuno como un león, almuerzo como un león y ceno como un león. Y voy al gimnasio todos los días.

–¿Y a qué te referís con lo de “excesos”?
–A excesos... Todos los que te puedas imaginar… Consumía de todo… Bueno, creo que fue un momento de mi vida muy zarpado: me divertía sin pensar demasiado, estaba enroscada en ésa y no lo podía controlar. Un día, me di cuenta de que estaba perdiendo trabajos, amigos, familia. Fue una etapa dura, durísima, un año entero. Porque cuando quise dejar todo no podía, me costaba. Entonces me fui al otro extremo: hubo un tiempo en que me apoyé en la religión, me agarré del misticismo, me convertí del judaísmo al catolicismo, estuve un año sin hacer el amor y hasta fantaseé con ser monja…

–Fuerte...
–Muy fuerte. Sí.

–¿Fue cuando te rapaste la cabeza?
–Sí, fue esa época. Lo que más me ayudó a encontrar el equilibrio fue la terapia. Hoy, sigo. Necesito despertarme todos los días sabiendo que me voy a mantener alerta, que no voy a volver a caer. Aunque suene místico, te puedo asegurar que la religión y Dios me hicieron muy bien. Hoy lo único que deseo es ser una persona sana. Lo que rescato de ese momento es que volví a tener fe; ya no me quiero juntar con alguna gente y ya no voy directo a chocarme con un tren que viene de frente. Antes me divertía el vértigo, atravesar los límites y ser rebelde. Hoy disfruto la vida desde otro lado. Es como estar renaciendo.

–¿Qué hacés en México?
–Allá se me presentaron varias propuestas laborales. Por ahora armé un piloto de deportes extremos con Televisa, un programa que quizás el año que viene salga en Buenos Aires… Pero estuve muy ociosa, y me vino bien: estudié inglés, teatro y viajé. Me conocí casi todas las playas de México. Puerto Escondido es mi favorita: un pueblito hippie, dedicado al surf, un encanto. Ahí pasé Navidad y Año Nuevo con Lucas.

–¿Y volviste para ver a la familia?
–Sí, porque nació Ramiro, el hijo de mi hermano. También para que mis amigos conozcan a Lucas. Y, además, aproveché para hacer una campaña de Vanesa López. Es un viaje relámpago: vine sólo por veinte días.

–Lucas, Lucas, Lucas… ¡Cuánto lo nombrás!
–Es que lo adoro. Lo más gracioso de nuestra relación es que él moría por hacerme fotos y al principio yo no me dejaba. Después, de a poco, me fui acostumbrando. Y hoy me hace fotos y me filma en todos lados, en cualquier lado, en todo momento…

–¿Eso quiere decir que hasta tenés tu propio video hot?
–Of course. Con mi novio tenemos un video hot, pero está bien guardado, y te puedo asegurar que es el mejor video que vi. Ja, ja, ja… Como verás, ya no pienso pasarme un año sin hacer el amor. Es más, con Lucas estamos llamando a la cigüeña, porque el año que viene queremos mostrar la pancita… Por eso me estoy cuidando: quiero tener un cuerpo sano para ser mamá.

–A todo esto, ¿Lucas cómo anda?
–Muy bien. Gracias. Ja, ja, ja. Está radicada en México, tranquila y lejos de los excesos. Cuenta que a la Argentina sólo vino de paso, para conocer a su sobrino y presentar a su novio.

Está radicada en México, tranquila y lejos de los excesos. Cuenta que a la Argentina sólo vino de paso, para conocer a su sobrino y presentar a su novio.

“<I>Estoy mucho más serena, alegre. Nada quedó de aquella chica que conducía Versus y sufría de anorexia, entre otros excesos… Hoy, a los 31 años, puedo decir que estoy en paz…</i>”.

Estoy mucho más serena, alegre. Nada quedó de aquella chica que conducía Versus y sufría de anorexia, entre otros excesos… Hoy, a los 31 años, puedo decir que estoy en paz…”.

“<i>Hubo un tiempo de excesos. Consumía todo. Me costó salir, me fui al otro extremo: estuve un año sin hacer el amor y hasta fantaseé con ser monja</i>”.

Hubo un tiempo de excesos. Consumía todo. Me costó salir, me fui al otro extremo: estuve un año sin hacer el amor y hasta fantaseé con ser monja”.

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