“Quiero ser el más visto, pero con herramientas dignas y respetando los valores” – GENTE Online
 

“Quiero ser el más visto, pero con herramientas dignas y respetando los valores”

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Con tanta exposición y voyeurismo, sorprende que en esta época te animes a ofrecer un producto diferente. ¿Sentís que peleás cada día contra viento y marea?
–Esa es la sensación con que trabajamos. En la calle, la gente nos agradece la simplicidad con que la entretenemos cada noche. La idea es poder emocionar y pasar un buen momento. Nunca vas a escuchar: “¡Cambiá de canal que el nene no puede ver esto!”.

–¿Cómo ves la actitud de ciertos canales de pasar escenas con contenido erótico o sexual en un horario apto para todo público?
–Eso es lo que hoy hace al rating. La manera más fácil de robar un punto o dos es jugando sucio. Si mañana armo un desfile de trastes, seguro que voy a ganar mayor audiencia. Pero a mí no me seduce como conductor. No hace a mi currículo. Yo busco y quiero crecer. Si vieras la cocina de Justo a tiempo, descubrirías un programa elaborado con ideas y desafíos.

–Sin embargo, está instalada la creencia de que aquello de lo que arrancamos hablando “es lo que la gente quiere ver”.
–Tal frase es un sinónimo de mediocridad. La gente ve lo que hay. Con ese criterio, como hay quienes roban y matan, podríamos hacerlo todos, y chau. El código se rompió por culpa de la ambición. Eso generó que perdiéramos calidad. A los que repiten la frase, les ofrezco poner una porno al aire a las 21: va a reventar la pantalla. Y sí, la gente consume lo que genera la televisión, le guste o no le guste lo que ve. Si les damos porquería, va a consumir porquería. El problema son los chicos, que no saben cómo procesar esa información que les llega.

–¿Cuál sería un buen programa de televisión para vos?
–Aquel que después de hacerlo, me genere orgullo. Yo lo siento como a un hijo. Cuando los presento arranco por sus virtudes, no los defectos. En Justo a tiempo nos sentimos orgullosos de lo que concebimos, porque valoramos a la gente, homenajeamos a quienes se lo merecen y mostramos lo mejor de los seres humanos.

–¿A quién consideras un digno contrincante en tu horario?
–Fácil: a nadie. No tengo competencia, porque ninguno hace un programa como el nuestro. Son contenidos diferentes. Todos los días pienso cómo cambiar, renovarme, modernizarme...


–Obvio que quiero ser el más visto, pero con herramientas dignas y respetando los valores de una sociedad. Agregaré premios, mejores juegos, buscaré una puesta artística diferente. No a Delfina (Gerez Bosco) teniendo sexo con Leandro (Penna). Tampoco “jugar a las escondidas desnudos”. Eso es ser simplista. Mi objetivo es conquistar a la familia con inteligencia, algo que a muchos no les sale bien.

–¿Y qué pensás de los ciclos basados en resúmenes de otros?
–Habría que prohibirlos, pero en su concepto artístico. Es como si yo sacara un capítulo de Julio Cortázar, otro de Jorge Luis Borges, uno de Ernesto Sabato y pusiera una tapa con la leyenda “Los mejores cuentos de Julián Weich”. ¡Un ladrón! No resulta constructivo. Debería regularse de alguna manera que le signifique un costo al canal que lo emite. En vez de gastar en comprar un material, tendrían que producir opciones propias.

–¿Por qué la tele se quedó estancada en el facilismo?
–Faltan artistas y sobran empresarios. Yo me considero un artista, porque nací para ser actor y logré el reconocimiento como conductor. Me gusta que mis programas estén bien hechos. Claro que también existen los que sólo buscan la plata. Si me das un millón de pesos y no me gusta el ciclo, no lo hago. Tampoco haría algo que avergüence a mis hijos.

–¿Cómo ves los realities que dan pasaporte directo a la fama?
–Si no tenés talento, desaparecés. No hay ningún ganador de reality que se haya mantenido en el ambiente artístico un tiempo mayor al año. No critico el programa, porque en Inglaterra, Susan Boyle es un éxito. Lo que digo es que si no hay preparación, todo queda en la nada. Sucede que existen cinco canales y la competencia es feroz. Si hubiera más ofertas, tal vez podrían existir más posibilidades.

–¿Las novelas también cambiaron?
–Sí... Por un lado tenés un excelente nivel técnico y actoral, pero después caemos en lo mismo. Cada dos palabras, alguno se pone en bolas. Otra vez, un riesgo para los chicos.

–Con El agujerito sin fin justamente apuntaste al público de esa edad. –Porque buscábamos estimularlos. Les di a conocer lo que era la ópera, la cumbia, el reggae. Fue una propuesta no invasiva. Lo que yo hago es para generar algo en el otro desde la conciencia. Por ejemplo, en Justo a tiempo, cuando pasó lo de la gripe A, inventamos el saludo del codo. La gente no iba a andar saludándose así, pero los chicos lo imitaban, y eso me dejaba dormir tranquilo.

–¿Cómo es el público de hoy?
–Pide lo que no le da la vida: justicia, ilusiones, prosperidad... Por eso hay que ser responsable. ¿Alguna vez escuchaste a alguien decir “apago la tele porque no hay nada”? ¡No! Algo siempre mirás. Te quedás en lo menos peor o con algo para criticar. Ahora es común ver a la gente en marchas televisivas o denunciando cosas en los canales porque no ve que funcione la Justicia. Todo está desvirtuado. Hace un año choqué y el otro conductor me dijo: “¿Julián...? ¡Uh! Seguro que no tenés registro ni papeles, porque sos famoso”. Me quedé sin palabras. La gente piensa que somos intocables. Por eso, te repito, hay que ser responsable.

–¿Lo decís por esos neo-personajes que hoy abundan en la pantalla chica?
–Y creen que viven en Hollywood. La mitad de los chicos de nuestro país son pobres. Tenemos un montón de carencias. No podés estar por la calle con una limousine y guardaespaldas. Me gustaría decirles: “¡Esto es Argentina, flaco!”.

“En la tele faltan artistas y sobran empresarios. Si me ofrecen un millón de pesos y no me gusta el ciclo para el que me buscan, no lo hago. Tampoco haría algo que avergüence a mis hijos”, afirma el conductor.

“En la tele faltan artistas y sobran empresarios. Si me ofrecen un millón de pesos y no me gusta el ciclo para el que me buscan, no lo hago. Tampoco haría algo que avergüence a mis hijos”, afirma el conductor.

Un ciclo que marcó y acompañó al sello Julián Weich: El agujerito sin fin (1991 y 1992). ¿Su objetivo? <i>“Conquistar a la familia con inteligencia, algo que a muchos no les sale bien”</i>.

Un ciclo que marcó y acompañó al sello Julián Weich: El agujerito sin fin (1991 y 1992). ¿Su objetivo? “Conquistar a la familia con inteligencia, algo que a muchos no les sale bien”.

“Me encanta, pero prefiero no saberlo en el momento. No uso cucaracha ni me ponen carteles de lo que vamos midiendo. Me interesa que suba el rating, pero no a cualquier precio”.

“Me encanta, pero prefiero no saberlo en el momento. No uso cucaracha ni me ponen carteles de lo que vamos midiendo. Me interesa que suba el rating, pero no a cualquier precio”.

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