“Quiero que mis hijas sientan el estilo y el calor familiar de los argentinos” – GENTE Online
 

“Quiero que mis hijas sientan el estilo y el calor familiar de los argentinos”

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Quiero que mis hijas, que son holandesas, también aprendan y sientan el estilo de vida y el calor familiar de los argentinos. Para mi marido y para mí, la prioridad es cuidarlas y educarlas de la mejor manera”, dijo más de una ocasión Máxima Zorreguieta (37). Y cumple.

Tanto, que por primera vez desde que viene con sus hijas (Catalina Amalia, Alexia y Arianne), las llevó todos los días a las ocho de la mañana a un jardín de infantes de Barrio Norte mientras ella estuvo junto a su padre, Jorge, que fue sometido a una compleja operación de rodilla en la Clínica del Diagnóstico.

Hace menos de un mes, Máxima estuvo cuatro días en Buenos Aires, sola, cumpliendo una agenda de trabajo: impulsar los microcréditos para ayudar a pequeños emprendedores. Pero esta vez llegó con su marido, el príncipe Guillermo Alejandro (41), y sus nenas, en plan netamente familiar. Los miembros de la Casa de Orange se alojaron en un coqueto departamento del edificio contiguo a la residencia del embajador de Bélgica, en la calle Rufino de Elizalde, Palermo Chico.

El jueves, antes de visitar a su padre en la clínica, Máxima sorprendió a su doble custodia (holandesa y criolla) al bajarse del auto, entrar a una sucursal del Banco Santander Río y sacar dinero de un cajero automático (hizo cola y esperó afuera a que una señora terminara con su trámite, como cualquier plebeyo).

Al día siguiente, Jorge Zorreguieta fue llevado en ambulancia desde la clínica hasta su departamento de Barrio Norte. Esa misma noche, alrededor de las ocho y media, en los balcones del edificio donde viven los padres de Máxima y en todos los del barrio estalló un ensordecedor concierto de cacerolas en apoyo al campo. Los custodios holandeses, que comían una pizza en la esquina mientras veían por televisión la repetición del triunfo de la selección de Holanda por 4 a 1 sobre la de Francia en la Eurocopa, corrieron hasta el edificio, alarmados. “Es la forma de protestar de algunos argentinos cuando no están de acuerdo con el gobierno”, les explicaron. Sin embargo, los ocho guardias reales tomaron precauciones: se apostaron frente al edificio de los Zorreguieta, en la calle Uriburu, alertas y listos para enfrentar cualquier contingencia.

Mientras, adentro, las tres princesitas jugaron y fueron mimadas por su abuelo, su abuela, María del Carmen Cerruti Carricart, y la hermana de ésta –que es madrina de Máxima–, Marcela Cerruti. Las tres niñas ya dominan algunas palabras en español (“abu” es la más frecuente), y su especialidad es dejar agotada a la perra Melody, corriéndola por el jardín. Ya de noche, en la víspera del Día del Padre, toda la familia se reunió para comer pastas y empezar los festejos, mientras el príncipe Guillermo Alejandro partió rumbo a Holanda por exigencias oficiales. Máxima, en cambio, se quedó hasta el lunes a la tarde: unas horas más en familia…
El primero en llegar a la comida fue Martín, el hermano de Máxima, que está a punto de inaugurar su segundo restaurante Tinto Bistró, esta vez, en Bariloche (el primero está en Villa La Angostura). La última fue la hermana menor de Máxima, Inés (de 22 años y madrina de Arianne), que entró al edificio casi corriendo.
Quien dio un gesto claro de que “lo primero es la familia” fue el príncipe, quien dejó de lado su deporte favorito, la equitación en el Club Alemán, para acompañar a su suegro, convaleciente de la operación. Jorge Zorreguieta, aunque dolorido, estuvo de buen ánimo y sonrisa constante: la visita de su hija, su yerno y sus tres nietas fue más eficaz que el más fuerte de los calmantes. Eso, sumado al mayor de los bálsamos: Máxima y su optimismo. Porque como ella repite siempre, “sin optimismo nada se soluciona”.

Palabra de princesa. Palabra de futura reina.

Catalina Amalia (4), Alexia (cumple 3 años el 26 de junio) y Arianne (1), fascinadas con la mascota que tiene en sus brazos una amiga de la familia –de apellido Méndez Casariego–. Su abuela (“abu”) María del Carmen Cerruti Carricart y su tía abuela, Marcela Cerruti, disfrutan de la tarde junto a las nenas, que ya dicen varias palabras en castellano.

Catalina Amalia (4), Alexia (cumple 3 años el 26 de junio) y Arianne (1), fascinadas con la mascota que tiene en sus brazos una amiga de la familia –de apellido Méndez Casariego–. Su abuela (“abu”) María del Carmen Cerruti Carricart y su tía abuela, Marcela Cerruti, disfrutan de la tarde junto a las nenas, que ya dicen varias palabras en castellano.

Viernes 13, once de la noche. Máxima, con look net acerado, sale de la casa de sus padres con la mayor de sus hijas, la princesa Catalina Amalia. El sábado, la abuela María del Carmen jugó con Alexia y Arianne (que ya está dando sus primeros pasos), mientras charlaba con su hermana Marcela.

Viernes 13, once de la noche. Máxima, con look net acerado, sale de la casa de sus padres con la mayor de sus hijas, la princesa Catalina Amalia. El sábado, la abuela María del Carmen jugó con Alexia y Arianne (que ya está dando sus primeros pasos), mientras charlaba con su hermana Marcela.

Lunes 16, doce del mediodía. De jean y con Arianne en brazos, Máxima llega a la casa de sus padres, para almorzar y despedirse antes de partir a Holanda. La nana holandesa fue quien se encargó de llevar a las princesitas todos los días a un jardín de infantes, mientras Máxima visitaba a su padre en la clínica.

Lunes 16, doce del mediodía. De jean y con Arianne en brazos, Máxima llega a la casa de sus padres, para almorzar y despedirse antes de partir a Holanda. La nana holandesa fue quien se encargó de llevar a las princesitas todos los días a un jardín de infantes, mientras Máxima visitaba a su padre en la clínica.

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