“Quiero que Cau sea el último hombre de mi vida” – GENTE Online
 

“Quiero que Cau sea el último hombre de mi vida”

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Tomar la decisión de casarnos es algo que realmente pensamos mucho. Pero bueno, a veces cualquier otra razón queda de lado cuando estás muy enamorado. Y nosotros lo estamos”, dijo Valeria Lynch (56) el sábado 26, mirando a los ojos de Cau –52, viudo, de Porto Alegre, Brasil–, como ella llama a Osmar Bornez, su flamante marido, empresario, cantautor, profesor de capoeira y natación. Y añadió, tomándose esos tres segundos que le permitieron recordar, como en una película, sus dos años juntos desde que los presentó Laura, la mujer de Raúl Lavié, tras una función de Víctor Victoria: “... así que éste era el mejor sello que le podíamos dar a la relación”, remató.

AMAME EN CAMARA LENTA. Aunque estaba programado para las 20.30 en la iglesia de Santa Teresita del Niño Jesús, Agronomía, y comenzó después de las 21.15, los preparativos arrancaron bastante temprano. Por lo pronto, quince días antes el novio decidió someterse a una cirugía estética con el doctor Cristián Pérez Latorre, que le corrigió el tabique nasal. Así, luciendo nuevo perfil, partió rumbo al altar, en compañía del diseñador Daniel Casalnuovo. Claro que en el camino se perdieron, si bien llegaron a tiempo. Lo que no hizo la novia. O lo hizo a medias: la pantalla gigante colocada en la calle para que los vecinos siguieran la boda complicó las cosas, igual que ciertos grupos de la parroquia, que prohibían el acceso. Debido a ello, Valeria ingresó más tarde en su vestido de Leo Noseda. “Ella quería parecer una diva de Hollywood y creo que lo logramos –le comentó el modisto a GENTE, refiriéndose al vestido corte sirena en gasa de seda natural, con encaje sobre tul de algodón bordado en hilos de oro y cristales, más un tapado de shantung en seda color champagne con un importante broche de strass Swarovski. La tiara y los aros –también en strass–, fueron confeccionados por Marcelo Péndola, y los zapatos –de shantung de seda natural–, por Artesanal.

Respecto a aquellos cuatro elementos típicos de un enlace (lucir algo azul, algo nuevo, algo prestado y algo usado) quedaron bajo la responsabilidad de Susana Presta, amiga de la cantante, pero no trascendieron, por pedido de ésta, supersticiosa en tales cuestiones. Una Valeria que entró de la mano de su hermano, Roberto, con el Ave María en español (luego también se cantaría en portugués). ¿Encargado de los anillos? Tais, la hija del novio, que además cubrió de pétalos blancos la alfombra roja y generó un llanto de emoción en su padre en el altar. A la salida, Valeria declaró: “Elegí esta iglesia porque acá me bautizaron, tomé la comunión y recibí la confirmación. Significó como volver a las fuentes, a reencontrarme con todos mis vecinos. ¿El gran deseo? Quiero que Cau sea el último hombre de mi vida”.

TOCANDO NUESTRA CANCION. La fiesta, con hora 23 de inicio, se realizó en Madero Tango, el restaurante de Puerto Madero donde la dama de la noche se luce presentando el show Bien argentino, junto a Raúl Lavié y Laura Fidalgo. Allí llegaron los 400 invitados, cien desde Brasil. Ausentes sin aviso: Cacho Castaña, Nacha Guevara y Marcelo Tinelli. A las 00.00 empezó la ceremonia civil en el primer piso. Testigos por parte de Valeria: sus hijos Federico y Santiago Cavallero (los que tuvo y crió con Héctor Cavallero, su primer marido). Testigos por parte de Cau: dos amigos. Tras la ceremonia, los invitados bajaron al salón y se ubicaron en las mesas. El menú, de Martiniano Molina, incluyó ensalada verde, pollo relleno con flan de verdura y flan de coco con dulce de leche (una receta aportada por la pareja, que pretendía fusionar el arte culinario brasileño con el argentino). La torta: tres pisos, a tono con el traje de la novia, y flores doradas en lugar de las acostumbradas cintitas.

No hubo vals, pero sí tres impactantes shows: el principal del lugar, que encontró al Negro Lavié como protagonista central; el de música de los 70’, con Johnny Tedesco y, por último, el de ritmos brasileños, que cautivó a Laura Fidalgo –y compañía– hasta convertirla en la diosa de la pista. Poco antes del final, Valeria tiró el ramo por los aires. Tras una zigzagueante trayectoria, cayó en manos del productor discográfico Oscar Mediavilla, quien delante de todos volvió a proponerle casamiento a Patricia Sosa, aunque de un modo bastante simpático:“Si conseguimos todo por canje, como hizo Valeria, ¿te querés volver a casar conmigo?”.
A las 6.20 de la mañana el flamante matrimonio partió hacia el Faena Hotel + Universe, para descansar unas horas antes de partir a Buzios: apenas un aperitivo de la verdadera luna de miel, dentro de un mes y medio, en París.

Luego del intercambio de alianzas y de jurarse amor eterno, los novios se besaron en el altar de la iglesia Santa Teresa del Niño Jesús.

Luego del intercambio de alianzas y de jurarse amor eterno, los novios se besaron en el altar de la iglesia Santa Teresa del Niño Jesús.

Ella lució un vestido corte sirena en gasa de seda natural, con encaje sobre tul de algodón bordado en hilos de oro, diseñado por Leo Noseda. El, un traje de Daniel Casalnuovo.

Ella lució un vestido corte sirena en gasa de seda natural, con encaje sobre tul de algodón bordado en hilos de oro, diseñado por Leo Noseda. El, un traje de Daniel Casalnuovo.

Antes de partir rumbo al Faena, Valeria y Cau se dieron el último beso público. También hubo brindis. Tais, la hija del brasileño, se mudará con su papá a la casa que la cantante tiene en San Isidro.

Antes de partir rumbo al Faena, Valeria y Cau se dieron el último beso público. También hubo brindis. Tais, la hija del brasileño, se mudará con su papá a la casa que la cantante tiene en San Isidro.

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