“Quiero parir como mi abuela: fuera de una clínica y sin anestesia” – GENTE Online
 

“Quiero parir como mi abuela: fuera de una clínica y sin anestesia”

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Ficha tan urgente como imprescindible: Carla Conte (31), medidas 95-62-94, fue, en el siglo pasado, promotora, babysitter y telefonista en una casa de cambio. Pero, harta de promover productos, oír llantos de bebés ajenos y atender a desesperados por comprar o vender dólares, pegó el salto.

Bailarina de Celebration, una banda de covers donde danzaba al son de El baile del pimpollo. Ganadora (2006) de Bailando por un sueño. Actriz de cine en Dos amigos y un ladrón. Conductora de El objeto del deseo para Cosmopolitan, de Este es el show y de El casting de la tele (Canal 13). Pero jura y rejura que “soy una piba de barrio”. Tanto, que ella y su pareja, Guillermo Brutto, viven en una casa en La Paternal. Otras declaraciones: “Soy antidiva. Cero cirugías: todo natural”. Algo salvaje: “Antes que un hotel cinco estrellas, una playa solitaria”. Y bien. Sucede que un día, no hace mucho, cuando andaba por el quinto Evatest negativo, caviló: “Ya tengo treinta y no quedo embarazada… ¿Qué voy a hacer? Quería tener cuatro... ¡y todavía no arranqué! ¿Tendré que conformarme con uno? ¿Y si no llega?”. Así carburaba, a cien por hora, su cabeza. En los reportajes insistía: “Quiero ser madre”. Más de uno pensó que era un pase de factura para Guillermo… Hasta que lo encaró, clarísima y de puntín: “Si no querés tener más hijos, no pierdo un segundo más de mi vida con vos, porque ya tengo treinta años”, le dijo al músico, que ya era padre de Casandra, de 7 años.

–Eso sí que es ir al frente… ¿No fue demasiado?
–¡No! Se lo planteé así, al toque, sin vueltas. Madre o nada.

–¿Contestó pronto?
–No tardó mucho. Un día me dijo que sí, que quería tener hijos conmigo.

–Pero la semilla no germinó enseguida…
–No, por cierto. Tardó mucho, muchísimo. Se convirtió en una obsesión, en una tortura…

–Dicen que la solución es pensar en otra cosa...
–En mi caso, sí. Un día sonó el teléfono. Era Guillermo Francella, que me proponía entrar al elenco de La cena de los tontos, en Mar del Plata. Acepté al toque, casi sin pensar.Es un papel chiquito, pero trabajo con dos muy grossos: Francella y Suar.

–¡Y sucedió!
–Fue como un milagro. A las dos semanas, mientras estudiaba mi papel y pensaba en la obra, el Evatest marcó las dos rayitas: ¡¡¡Estaba embarazada!!!

–¿Habías perdido las esperanzas?
–No, pero me costó, y sufrí mucho. Tanto, que empecé a ir al médico para que me hiciera estudios, y según el resultado, empezar algún tratamiento. Contaba los días, me hacía el Evatest a cada rato. ¡Estaba tan obsesionada...!

–Ustedes pasaron por una crisis. ¿Cuándo llegaron la paz y el embarazo?
–Crisis tuvimos muchas, pero la más brava coincidió con el cambio de departamento. Había que tomar una decisión. Yo estaba en Bailando, con alta exposición, y exploté: “¡Me separo!”, dije. Se armó una bola tan grande, que lo primero que hicimos fue refugiarnos en nosotros…

–Recuerdo que entonces dijiste: “Nos queremos, pero no podemos vivir juntos”. ¿Creés en una pareja de casas separadas?
–¡Ni pensarlo! Esa cosa medio modernosa no va conmigo. La convivencia es lo mejor que tenemos. Con Guillermo nos llevamos muy bien, y ahora que viene un hijo, mucho mejor.

–¿Seguís firme en el modelo de familia que querías? ¿Cuatro hijos?
–Bueno, los modelos fueron desapareciendo. Los Conte, somos tres hermanos (Nota: ella, Miguel, de 35, y José, de 28). Es glorioso. Yo mamé eso. Tuve una infancia que no se paga con nada. Primero nos agarramos de los pelos, pero al final nos hicimos compinches. Quiero tener dos o tres hijos, para que vivan lo que yo viví…

–¿Cómo te llevás con Casandra, la hija de Guillermo?
–La conocí cuando tenía tres añitos, y está por cumplir ocho. No tenía idea de cómo tratar a la hija de mi pareja, de modo que no intenté forzar nada. ¡Pero Casandra es un avión! Dejé que las cosas fluyeran, pasamos por todas las etapas, y…

–¿Es como tu hija?
–Es una relación muy particular, porque no es mi hija: yo soy la novia del padre, y también está su madre. Pero logramos una relación hermosa, y la llegada del hermanito nos unió más. Cuando lo supo nos gritó “¡Gracias!”, como si le regaláramos un bebé.

–¿Prefieren varón o mujer?
–Quiero un varón, y creo que lo será, porque lo soñé.

–¿Pensaron el nombre?
–Nada de absurdos presuntamente originales. Mi hijo no se va a llamar Indígena, Indianápolis, Morocho, Moctezuma, Atahualpa ni nada por el estilo. Tendrá un nombre de verdad. Y apellido, ni te digo: ¡Brutto!

–¿Tu bebé ya tiene contrato, como el de Wanda Nara y Maxi López?
–¡No! Primero, no soy botinera. Segundo, no tengo ese target. ¡Ni loca!

–¿Te preocupa recuperar rápido tu figura?
–Laburo con ella, pero los obsesiona más a mis productores que a mí. Sin embargo, me cuido. Hasta bajé unos kilos. No quiero parecer una bola, pero es mi primer embarazo: no sé qué pasará. Pienso darle teta todo lo que pueda. Ya sé que de figura no soy Dolores Barreiro ni Pampita, pero tengo lo mío.

–Pampita, precisamente, empezó en Bailando un mes después de parir.
–Yo no lo haría ni loca. Y se lo dije: “No sé cómo te bancás tanta presión”. Tampoco puedo tomarme un año sabático: necesito trabajar.

–¿Parto convencional?
–Diste en la tecla. ¡No! Nada de clínica, anestesia, medicación… Voy a parir en libertad. Y Guille está de acuerdo.

–Pero con un médico al lado…
–No sé. Mejor, al lado de una mujer que haya parido. Quiero hacerlo como mi abuela: fuera de una clínica, sin anestesia, sin tantos remedios ni tecnología. Tenemos que parir como hembras, como mamíferos: como lo que somos. Como Olivia, mi perra labradora, que tuvo diez cachorritos como si nada…

–¿Gimnasio, dieta y alguna vez, si es necesario, bisturí?
–Jamás. No voy al gimnasio, como sin culpa –aunque sin matarme– y la palabra “quirófano” me parece una palabrota. Mi lema es: “Si soy feliz, unos kilos de más no podrán contra mi felicidad”.

–De paso, ¿dónde se conocieron vos y el señor Brutto?
–Nada cinematográfico: en un barcito de San Telmo. Bien sencillito y porteño.

–Imaginá esta escena: entrás al supermercado. ¿Qué pasa?
–Nada, porque, te juro, nadie me reconocería. Cara lavada, jeans, zapatillas. A lo sumo dirían “¡Qué flor de te…!”. Y ahí terminó la historia. Carla se da algunos gustos a la hora de comer “pero soy medida, porque no voy a subir veinte kilos con el embarazo”.

Carla se da algunos gustos a la hora de comer “pero soy medida, porque no voy a subir veinte kilos con el embarazo”.

“Nada de hacernos los  originales… Mi hijo no se va a llamar Indígena, Indianápolis, Morocho, Moctezuma ni Atahualpa. Tendrá un nombre de verdad”.

“Nada de hacernos los originales… Mi hijo no se va a llamar Indígena, Indianápolis, Morocho, Moctezuma ni Atahualpa. Tendrá un nombre de verdad”.

Carla y el músico Guillermo Brutto, su pareja desde hace años, abrazados en la playa. “Estoy loca de amor por él”, dice la futura madre.

Carla y el músico Guillermo Brutto, su pareja desde hace años, abrazados en la playa. “Estoy loca de amor por él”, dice la futura madre.

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