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“Quiero llegar a Hollywood”

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Se llama Hombres eran los de antes. Pero es una de maricas. Transcurre en noviembre de 1977, durante los años más sangrientos de la historia argentina: la última dictadura militar. Aunque se desarrolla en tono de comedia. Brevísima sinopsis, extraída de la gacetilla de prensa: “Telmo, un modisto gay de una ciudad del interior, vive en calma y armonía con su madre, enferma de Alzheimer. Una noche, un joven guerrillero llega hasta su puerta perseguido por una brigada, y sin pensarlo dos veces, Telmo lo salva, escondiéndolo en su casa”. En títulos, cuando la pantalla funde en negro, asoma primero el nombre de Dady Brieva (50). Aún antes que el resto del elenco. Es su debut como director, su primera experiencia detrás de la cámara.

Ahora, en el living de su departamento, cuenta que esta mañana estuvo con Fito Páez. “¿Viste ¿De quién es el portaligas?? Buenísima… No esperaba tanto… Fui con la idea de que me iba a encontrar con una copia barata de Almodóvar…”, dispara.

–Prejuicios, Dady, como muchos los tendrán con tu película…
–Seguro. Yo también fui un pel… en ese sentido. Y la verdad es que me comí la boca, porque la película de Fito está muy buena, bárbara. Las minas pelan de verdad…

–Vos lo tenés a Luis Ziembrowsky, que no se queda atrás.
–Luis es un fucking actor. Además están Julián Krakov y Mabel Manzotti, que la rompen.

–¿Cómo te enganchás con esta historia?
–Está inspirada en un cuento que se llama Putos eran los de antes, que escribí en el 99 y se publicó en el libro Con tal que sea sanito, de Grijalbo. Era un cuentito de dos páginas… Pero siempre supe que podía ser una película, porque yo escribo con imágenes, voy viendo la historia en mi cabeza. Han pasado historias como éstas en los pueblos.

–¿Creés que los gays se pueden ofender cuando se vean en pantalla?
–Para nada. Si esta historia la hubiese hecho algún trolo referente, sería Secreto en la montaña: merecería un diploma de la CHA y tendría un monumento al lado del Obelisco. La película no es una reivindicación de los putos, porque no hace falta que los reivindiquen. ¡Tampoco soy el santo de la espada de los putos! Hoy es fácil ser gay, pero los trolos de antes eran adelantados… Como el trolo ferroviario que teníamos en Villa María Selva, Santa Fe, que cada vez que cruzaba la vía me invitaba a tomar un copetín. También estaba el trolo Cachito, que agarraba los trajes de nuestros tíos y los adaptaba. También hacía los vestidos de novia… ¡Antes no ibas a Rapsodia o a Uma! El oficio de estos trolos era “coser ajeno” o “coser pa’ fuera”. Mi puto viene muy George Michael, divertido. Telmo es más denso.

–¿El marco de los años 70 refleja lo que viviste?
–Totalmente. En 1977 yo estaba en la Facultad de Abogacía… Fui militante desde los 16 años. Me metí en una Unidad Básica y estuve en la Juventud Universitaria Peronista. Hacíamos teatro en los barrios… Sé de qué hablo. Ojo, tampoco fui Vaca Narvaja. Hacía lo mismo que todo el mundo en esa época… ¡Ir a la Unidad Básica era como ir al Pepsi Music! Estaban todos, aun los perejiles que iban a levantarse minas.

–¿Cómo fue tu experiencia en la dirección?
–Dirigir es muy loco: es manejar un avión en la tormenta. “Pilotear el caos”, como decía Perón. Llegás al set y encontrás 70 personas que te preguntan: “¿Qué hacemos?”.

–¿Tuviste problemas de convivencia durante el rodaje?
–Hay algo de “sindicalistas versus imberbes estudiantes”. Y yo me encontraba en el balcón, tratando de armonizar todo. Pero pude mantener el buen ánimo.

–¿Aún pese a las manifestaciones que sufriste en San Luis?
–Sí. Las manifestaciones no fueron en contra mía: las hizo la oposición contra la Ley de Cine. Ahí caímos con Andrea del Boca… ¡y las cámaras de la televisión llegaron antes que los manifestantes! Pero soy un agradecido a San Luis y su gente, que me dieron la oportunidad de filmar. Allá, fuera del circuito comercial porteño, te podés mantener fiel a tu historia: nadie te obliga a meter las bolsas de Disco o que pase el camión de Frávega en cada toma.

–¿Del otro lado de la cámara descubriste que los actores son un gremio difícil?
–Yo siempre fui productor, así que tengo una visión más global del hecho artístico. Yo me asombro de los caterings que meten en publicidad, de dos cuadras, con frutitas y langostinos, para grabar una toma de cinco segundos adonde un tipo dice: “Cerveza, negra”. Me hago cargo de esta estupidez, pero nunca exigí un trailer o un peluquero para mis caniches. Así que, como director, no soy un déspota.

–¿Los actores se prendieron fácilmente con la convocatoria?
–Había que ver quién aceptaba ser dirigido por mí. ¡No los convocaba Sergio Renán! Algunos me dijeron que no, pero no fueron irrespetuosos. Cuando les contaba el cuento, a todos les interesaba.

–¿Qué expectativas tenés con la película?
–Voy por todo: quiero llegar a Hollywood. Yo no como con el cine, mi facturación viene por otro lado. Incluso uso mi facturación para financiar el lanzamiento de la película: no salimos con cinco copias en Tandil, salimos con 30 copias en el país… ¡Ahí tenés 60 lucas! A eso sumale la pegatina de afiches, que son 22 luquitas más… Todo eso sale de mi bolsillo, porque creo en lo que hago. Ojalá que la mire mucha gente, así le mete plata a la Ley de Cine y se pueden hacer más películas.

–¿Mucha gente? ¿Con cuántos espectadores te das por satisfecho?
–No sé… Trescientos mil sería bueno, ¿no? Después me gustaría ir a unos festivales, viajar por el mundo, estar al lado de esas minas con vestidos largos, hablar con los nabos de smoking, comer los mejores canapés…

–¿Vas a estar atento a las críticas?
–Yo creo que la película va a sorprender, porque se espera bastante poco de mí como director. Pero va a andar bien, no tengo dudas. Dady pretende alcanzar los 300 mil espectadores. Y no le teme a la crítica: “<i>La película va a sorprender, porque se espera bastante poco de mí como director</i>”, dice.

Dady pretende alcanzar los 300 mil espectadores. Y no le teme a la crítica: “La película va a sorprender, porque se espera bastante poco de mí como director”, dice.

En pantalla, Dady compone a Norberto: “<i>Un trolo muy George Michael</i>”, asegura. Y define a su elenco: “<i>Luis Ziembrowsky es un fucking actor. Julián Krakov y Mabel Manzotti la rompen</i>”.

En pantalla, Dady compone a Norberto: “Un trolo muy George Michael”, asegura. Y define a su elenco: “Luis Ziembrowsky es un fucking actor. Julián Krakov y Mabel Manzotti la rompen”.

“<i>Me metí en una Unidad Básica y estuve en la JUP… ¡Ir a la Unidad Básica era como ir al Pepsi Music! Estaban todos, aun los perejiles que iban a levantarse minas</i>”.

Me metí en una Unidad Básica y estuve en la JUP… ¡Ir a la Unidad Básica era como ir al Pepsi Music! Estaban todos, aun los perejiles que iban a levantarse minas”.

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