“Quiero jugarme por un amor como me jugué por el ballet” – GENTE Online
 

“Quiero jugarme por un amor como me jugué por el ballet”

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Habrá algo que no se haya dicho de Julio Bocca? Muchísimo. Más allá de ese chico que estudió en el Colón colándose en un tren que lo traía desde Munro, que ganó la Medalla al Mejor Bailarín en Moscú en 1985, que llena los altares de la danza de las capitales del mundo y la avenida 9 de Julio con un millón de personas, que encabeza uno de los mejores cuerpos de baile del mundo, el American Ballet elegido especialmente por Mikhail Baryshnikov, que recorre el planeta dos veces al año con la danza, hay un hombre tímido que tiene objetivos claros: que el ballet sea popular, que cada bailarín tenga un nivel cultural más allá de su don para la danza, entregar su cuerpo al descanso cuando cumpla los 40 (el 6 de marzo de 2007) y eludir confesiones. Por eso siempre habrá algo más por conocer de Julio. Esta es nuestra cuota de hoy.

–¿Qué sentís cuando abrís tu sitio juliobocca.com y ves el almanaque con la cuenta regresiva para dejar de bailar?
–Me resulta cómico. Estoy ansioso. Quisiera que ya haya pasado.

–¿Y por qué cómico?
–Me da gracia ver cómo cada día queda uno menos. Me recuerda que a mitad del año empiezo a contar la cantidad de clases que me faltan para las vacaciones. Voy tachando como los presos. Eso me da fuerzas. Esto de ir descontando los días que faltan fue una idea de Lino (Patalano).

–¿Quisieras que el final sea ya?
–Cuando estoy arriba del escenario sigo disfrutando. Pero el otro día, que estuve en Rosario y después de la función salí y me divertí mucho… todo muy lindo, pero a la mañana siguiente estaba molido. Ya tengo ganas de vivir un poco también. Ayer fui a un spa a hacerme una limpieza de cutis, lo disfruté mucho.

–Apareció la vida.
–Sí, a principio de año levanté la persiana y me decidí: quiero conocer a alguien, empezar a disfrutar de la vida. Ver espectáculos, ir a boliches, salir con mis amigos sin mirar el reloj... ¡Y comer!

–¿Pensás en las cosas de la vida que dejaste por tu carrera?
–(Piensa) Antes salía dos veces al año y de golpe quiero aprovechar la vida. Voy a una disco y son todos pendejos que me saludan... Todo bien, pero me siento raro, como de otra época. Tendría que haber hecho esto mucho antes.

–¿Qué hacías vos a la edad de esos chicos?
–Estaba encerrado. A los 18 había ganado el concurso. Era un profesional. A los 23 fundé el Ballet Argentino y tomé una responsabilidad enorme: bailarines y técnicos a mi cargo. Nadie me obligó. Yo quería y me gustó, pero afuera pasaba la vida. En ese momento no le prestaba atención, estaba en lo mío. Desde hace unos años me siento más seguro de mí mismo. Veo todo lo que no pude hacer y trato de disfrutar más.

–¿Al asumir responsabilidades a los 23 años perdiste muchas cosas por el camino?
–Perdí amores por cuestiones personales y porque no veía otra cosa que la danza y la danza. Los amigos me bancaron muchas cosas. Como no estar, desaparecer, reencontrarnos.... Sigo manteniendo los amigos del barrio, de cuando era chico, allá en Munro. Cuando estoy viajando cruzamos algunos mails o un telefonazo y nos vemos en Navidad, cuando yo voy a lo de mi abuela Teresa. No reclaman ni presionan, por eso sigue la amistad.

–¿Ganaste mucha plata?
–Gané, no puedo negarlo. Vivo muy bien, me doy los gustos. En el ballet se gana plata, pero no como los deportistas de elite, que les entra plata por todos lados. Yo no me quejo: vivo en Puerto Madero, tengo mi auto, estoy bien desde que admití que el dinero sólo te sirve si podés disfrutarlo.

–Y tendrás una buena reserva para el futuro...
–No creas... Me hubiese gustado tener mucho más. Lo mío se acaba pronto. Tendría más si me hubiese dedicado a bailar solo, ya sea como invitado a la Opera de París, o al Bolshoi, ir y venir. Ahí sí hubiese ganado mucha plata. Te llaman, negociás tu contrato y lo que cobrás es para vos. Pero como siempre quiero hacer algo nuevo, creé el Ballet Argentino. Son 21 personas a las que hay que pagarles un sueldo cada mes aunque no bailen, técnicos, las producciones de cada año, las contrataciones de los coreógrafos, vestuario, luces, publicidad. Miles de cosas. Después están la fundación y la escuela.

–¿Qué hiciste con el primer dinero que llegó a tus manos?
–Era chico. Viajaba mucho entre Munro y la Capital. Estaba cansado. Muchas veces me quedaba a dormir en casas de las familias de mis compañeros del Teatro Colón. Siempre agradecí, y lo sigo haciendo, la solidaridad de la gente que me abrió sus puertas. Pero no podía seguir así, y decidí alquilar un departamento. Tenía 17 años y mi familia fue la garantía, aunque mi vieja y mi padrastro no querían que saliera de Munro ni que viviera solo. El departamento estaba en Belgrano y Jujuy, el lugar más barato de Buenos Aires. Era lindo, grande y con mucha luz. No tenía nada, salvo un sillón que me había regalado mi abuela y que yo amaba, y una cama. Cuando empecé a pagar mes a mes me di cuenta que estaba tirando plata y ya trabajaba mucho para ganarla. Empecé a ahorrar y me compré mi primer departamento a los 18, en Viamonte y Junín. Un dos ambientes diminuto, contrafrente, dos pisos por escalera y lo sigo teniendo. No puedo vender el primer departamento que me compré. Cuando viene gente contratada a bailar con la compañía, se lo doy para que vivan ahí. Tal vez tarde tres o cuatro años en tener lo que quiero, pero en el medio, para ahorrar, no me compro nada, ni ropa.

–Sabés bien cuál es el valor del dinero.
–Sí. Soy tacaño de parte de mi abuela (se ríe). También sé dar. Cuando Herman Cornejo fue al concurso le pagamos el pasaje. Ahora un bailarín del Argentino se quiso ir a Nueva York y, aunque nos hubiese gustado que se quedara a la temporada del Opera, le pagamos todo para que cumpla su sueño.

–Nunca un despilfarro.
–No. Jamás. Hay millones de personas con hambre y de golpe te enterás de que David Beckham y su mujer le dan 300 mil dólares a alguien para que les ceda el horario para bautizar a un chico. ¿Por qué esa falta de pudor? Sería bueno poner un límite a los sueldos de los jugadores de fútbol, por ejemplo. ¿Para qué les sirve un dinero que ni siquiera tendrán tiempo de gastar? Los clubes, que ganan mucho con el fútbol y la publicidad, podrían pagar sueldos lógicos, y con el resto armar escuelas y hospitales. Si hubiera más igualdad en el mundo mejorarían los negocios de todos, y parecen no darse cuenta.

–¿Contás con alguna ayuda para sostener la escuela, la fundación y el ballet?
–No, ni del Gobierno ni privada. La Ley de Mecenazgo no sale y la que hay permite una distribución muy arbitraria. En cualquier parte del mundo un empresario que quiere colaborar elige a quién le da su dinero. Aquí no: te obligan a que le des a tal o cual. Y claro, es siempre para los “amigos”. Si hubiese tenido ayuda hubiera ido más lejos. Me hubiese gustado tener una escuela que educara a los chicos con una base artística más sólida. Aquí hay artistas maravillosos, como Marianela Núñez, que se llevó la noche en la gala de los 80 años del Ballet del Colón. Esa chica tiene limpieza, clase y calidad de bailarina. En el mundo entero hay bailarines argentinos. ¿Por qué no hacer una escuela para educarlos mejor, más allá del baile?

–¿Te duele preparar gente y que luego se vayan?
–Sobre todo cuando lo hacen sin cumplir el contrato. Falta mucha disciplina y respeto por lo que hacen. Hay mucha gente que todavía ve al Ballet Argentino como algo poco importante. Muchos chicos hacen la audición y sus padres presionan para que se vayan al Colón. Van al Colón a no hacer nada, porque ya no es lo que era. Para crecer hay que hacer funciones, aprender un repertorio, viajar, ver. No tengo problemas en que se vayan, pero que antes cumplan. Soy bastante exigente. Este no es un trabajo que pasa: es una carrera completa. Lo importante es el escenario.

–Decís que hubieses ganado más bailando solo, pero tener el ballet es un enorme capital.
–Sí. No me arrepiento. Por eso hacemos tantas funciones, para mantener la compañía. Yo no tengo la suerte del Cuerpo de Baile de Brasil, que tiene Petrobras y antes tenía Shell, que les dan un millón de dólares por año. Pueden invertir sabiendo que no perderán.

–¿Vos también ganás un sueldo en el ballet?
–Si todo va bien, cobro, y si no, nada. Soy el que paga. Encima, ahora hay elecciones y los políticos ni en eso ayudan: ponen sus afiches encima de los nuestros, con lo caros que son.

–¿Qué pasó con el Colón?
–El otro día fui a la función y me trataron muy bien. Pasaron un video antiguo y fabuloso en el que cuatro bailarinas, en El lago de los cisnes, elevaban perfectas y al mismo tiempo las cuatro piernas. Eso ya no existe. Hay talentos increíbles, pero sin funciones y sin un repertorio interesante es imposible que la gente vaya. En esa gala se olvidaron de bailarines como Daniel Escobar.

–¿Te emocionó volver?
–La verdad que no. Estoy en otra etapa de mi carrera. Me emocionó bailar, como me ocurre en el Opera o en Rosario. Se dijo que yo había vuelto a mi casa, y quiero aclarar que mi casa es el American Ballet. Para mí el Colón es un teatro más.

–¿Y no te duele?
–Antes me dolía. Ahora sólo me da tristeza. Un teatro maravilloso con una estructura espectacular, una acústica maravillosa, un escenario divino y no funciona. El otro día fui al Solís de Montevideo, que tenía los mismos problemas. Ahora es todo privado y funciona que es una maravilla. Está limpio, todo el mundo trabaja hasta fuera de horario. Hay una atmósfera de crecimiento y creatividad.

–¿El Colón no te dio el lugar que te merecías?
–Desde el comienzo fue duro. Hacen cosas sin saber lo mucho que hieren a un alumno. Yo seguí igual, aunque fui acumulando cosas. Intenté sacar de gira al Teatro Colón antes de fundar el Ballet Argentino y nunca pude. Lamentablemente hay que hacer una limpieza, llamar a concurso, hacer contratos anuales. No puede ser que estén cobrando en negro con el dinero de nuestros impuestos y ellos necesitan jubilarse con el verdadero sueldo.

–Si te propusieran dirigir el Colón, ¿lo harías?
–Aceptaría dirigir el ballet si se puede hacer lo que yo quiero. Cumplir horarios, 80 funciones al año, revisión de contratos al final de cada temporada, traer gente nueva.

–¿Quién te va a heredar?
–Espero que nadie. El próximo tendrá su propia personalidad y hará sus propias cosas. Lo único que no quiero es que se pierda todo el trabajo que hice para volver popular la danza.

–¿Qué es lo último que vas a bailar?
–No lo sé. Ni siquiera sé lo que voy a bailar el año que viene. Le había pedido a Eladia Blázquez que hiciera un tema de agradecimiento a la gente y no pudo. Empezó con su enfermedad y luego murió. Ahora les pedí a Diego Torres y a Sandra Mihanovich, a quienes quiero y respeto mucho, que hicieran una canción, que dijeran con palabras todo lo que siento y agradezco por mi carrera y yo lo transmitiré con mi cuerpo. Ese sería un cierre mágico para mí.

–¿Cuál es tu plan para el día siguiente?
–Comprarme un barco y vivir ahí.

Julio ya aprendió a disfrutar de la vida después de estar eternamente dedicado al ballet. Lleva al escenario lo mejor de su experiencia. Lo esperan, como todos los años, noches gloriosas en el Opera.

Julio ya aprendió a disfrutar de la vida después de estar eternamente dedicado al ballet. Lleva al escenario lo mejor de su experiencia. Lo esperan, como todos los años, noches gloriosas en el Opera.

“<i>A principios de año levanté la persiana y me decidí: quiero conocer a alguien, empezar a disfrutar de la vida. Ver espectáculos, ir a un boliche, salir con mis amigos sin mirar el reloj... ¡Y comer!</i>”

A principios de año levanté la persiana y me decidí: quiero conocer a alguien, empezar a disfrutar de la vida. Ver espectáculos, ir a un boliche, salir con mis amigos sin mirar el reloj... ¡Y comer!

“<i>Perdí amores por cuestiones personales y porque no veía otra cosa que la danza y la danza... Los amigos me bancaron muchas cosas. Como no estar, desaparecer, reencontrarnos...</i>”

Perdí amores por cuestiones personales y porque no veía otra cosa que la danza y la danza... Los amigos me bancaron muchas cosas. Como no estar, desaparecer, reencontrarnos...

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