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¿Quién es Mangeri?

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En su casa le decían “el Inglés”, porque mientras todos los Mangeri se sentaban en el patio a tomar mate, Jorge prefería saborear un té bien caliente con galletitas dulces. “Siempre fue medio contrera. En casa, todos los hermanos jugaban al fútbol y él, al tenis. Somos fanáticos de Boca y él se hizo de River. Cuando se puso de moda la ropa de color o flúo, sus hermanos se vestían con tonos llamativos para salir y él les decía: ‘Ahí se van los payasos’. Era serio para vestir, bien clásico. De chico, cuando sus amigos desarmaban los autos de juguete para jugar a los mecánicos, él los cuidaba como oro y los guardaba en una caja”. Quien habla es Norma, la mamá de Jorge Néstor Mangeri. Tiene los ojos bien celestes, las manos arrugadas por 67 años de trabajo incesante, y la mirada triste. Su tono es pausado y le cuesta pronunciar algunas palabras. Dice que cuando vio que a su hijo se lo llevaban detenido, señalado como el principal sospechoso de uno de los crímenes más horrendos en muchos años, se desvaneció, perdió la memoria, tuvo un shock, y asegura que todavía tiene algo así como una laguna en su cabeza. No entiende qué pasó. Cómo es posible que a ese bebé –que tuvo en sus brazos y que “lo podía dejar horas enteras sentado en una silla sin que se moviera ni llorara”– hoy muchos lo catalogan como un monstruo. “¡Mi hijo es inocente! ¡El no pudo haber cometido algo tan tremendo!”, repite la mamá en la cocina del departamento de dos ambientes en el octavo piso de la calle Ravignani 2360 donde el encargado vivía con Diana Saettone, su nuera, quien tampoco encuentra consuelo.

SU VIDA. Norma nació y se crió en Ituzaingó mientras que Antonio, su esposo, lo hizo en Villa Gobernador Gálvez, al sur de la provincia de Santa Fe. Se conocieron el día que El Tano –así llamaban a su marido–, fue a la casa de Norma para hacer unos arreglos de albañilería. Ella tenía 17 años y él, 28. A pesar de la diferencia de edad, fue amor a primera vista. Se pusieron de novios y al poco tiempo se casaron. Con la ayuda de sus padres compraron un terreno en Moreno y con trabajo y esfuerzo levantaron un hogar. “Cortamos ladrillos para levantar las paredes. Trabajamos de sol a sol, con mucho amor y felicidad”, cuenta Norma. Al poco tiempo nació Daniel (49), después vino Estela (47), y el 1º de enero de 1968 llegó Jorge (45). Un año después tuvieron a Gabriel (44), su último hijo. Según su mamá, “Jorge siempre fue tranquilo, hasta cuando estaba en la panza. No lo sentía; me tenía que acostar y moverme para ver si pateaba. A los cuatro años inauguró el Jardín Santa Teresita, el primero que hubo en el barrio Muñiz. La primaria la cursó en la Escuela Número 33. Era muy buen alumno. Nunca tuvimos un problema. Fue abanderado casi toda la primaria, y aunque estuviese enfermo no faltaba a clase ni a catequesis”, confiesa su madre. Arrancó el colegio secundario en la Escuela Nacional de Educación Técnica Número 1 Japón, pero como repitió primer año, no consiguió colegio y abandonó para siempre los libros.

Desde muy chico le gustaba trabajar. Ayudó a sus papás a construir su casa, y a los 13 años ingresó como ayudante en una panadería del barrio. Dos años después se ganó un puesto como tornero en una fábrica metalúrgica. Dicen que era tan responsable que cuando cumplió la mayoría de edad lo nombraron encargado de sección. Al poco tiempo su jefe renunció, cambió de trabajo y se lo llevó con él. Hoy ese hombre es quien le está pagando los honorarios al estudio del doctor Miguel Angel Pierri, su abogado defensor. Según cuenta su mamá, a Jorge no sólo lo defiende su familia. “Todo el barrio donde se crió sabe que él es incapaz de cometer semejante atrocidad. Acá tengo una carta que me escribió una vecina y que se la quiero llevar. En una parte dice: ‘Todos los vecinos que conocemos a la familia sabemos que Jorge es un chico bueno, honesto, trabajador y con valores. No podemos creer lo que pasa, nos sentimos totalmente desprotegidos...’. Esto sienten los vecinos que durante 30 años convivieron con él”.

EL FUTURO, LAS REJAS. Primero fue “el Inglés” y luego, por su amor a la música y al canto –aunque era algo desafinado– lo llamaban “Quincho Barrilete”, en alusión a un tema de los 70’. Norma está infinitamente triste mientras recuerda: “Se la pasaba cantando esa canción (fue escrita por el nicaragüense Eduardo González; en 1977 ganó el premio OTI y en nuestro país la interpretó el grupo Industria Nacional), y como nos tenía cansados a todos, le pusimos así. Hablaba de un chico humilde, muy trabajador y responsable por la edad que tenía. Y en algún punto, así era Jorge. Todavía lo recuerdo, de la mano de sus hermanos, caminando los domingos al cine Sargento Cabral con una bolsa llena de pan criollo para comer durante la función. Si alguien me viene a decir que este chico al que criamos con amor es un asesino, no le voy a creer nunca. Todavía no lo visité en la cárcel, porque él no quiere que pase por todas las revisiones que te hacen. Pero igual voy a ir...”.

–Norma, ¿le va a preguntar qué pasó ese día?
–No hace falta. Lo quiero mirar a los ojos, abrazarlo y nada más. Cuando vos conocés mucho a una persona, las palabras no hacen falta. Necesitaban a quien echarle la culpa y lo más fácil fue culpar al encargado. Pero todos sabemos que Jorge no fue: es completamente inocente.

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Mientras la Justicia investiga, Mangeri pasa sus días entre rejas, sospechado de haber cometido un delito aberrante. En prisión también elige beber té, como cuando tenía toda la vida por delante y le decían “el Inglés”.

Dos imágenes tiernas de Jorge Néstor Mangeri. A los tres meses de edad y cuando tenía 10 años, tocando el bombo. Amante de la música desde chico, se ganó también el apodo de “Quincho Barrilete”, en alusión a un tema de la década del ’70.

Dos imágenes tiernas de Jorge Néstor Mangeri. A los tres meses de edad y cuando tenía 10 años, tocando el bombo. Amante de la música desde chico, se ganó también el apodo de “Quincho Barrilete”, en alusión a un tema de la década del ’70.

Disfrazado, imitando a los Village People para un festival de séptimo grado.

Disfrazado, imitando a los Village People para un festival de séptimo grado.

Junto a Diana, la mujer que lo enamoró para siempre, el día de su compromiso (7 de octubre de 2000). El casamiento en el Registro Civil de Tigre, el 7 de febrero de 2001. Como no hubo luna de miel, juntaron plata y al año siguiente se fueron de vacaciones a Santa Teresita.

Junto a Diana, la mujer que lo enamoró para siempre, el día de su compromiso (7 de octubre de 2000). El casamiento en el Registro Civil de Tigre, el 7 de febrero de 2001. Como no hubo luna de miel, juntaron plata y al año siguiente se fueron de vacaciones a Santa Teresita.

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