«Quería el premio, pero ganarlo me dio mucho pudor» – GENTE Online
 

"Quería el premio, pero ganarlo me dio mucho pudor"

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Estaba en una tarima de ocho centímetros, y con unos tacos de diez, para emparejarme un poco con Marley y entrar en el plano. Apenas nombraban las ternas, empezaba a temblar… Y cuando Pablo y Nancy dijeron mi nombre… ¡no pude creerlo! Siempre, por todos los programas que hice, estuve nominada, pero siempre perdí, porque competía con Susana o con Mirtha, nada menos”, dice, todavía como flotando en una nube…

Pero pasó la emoción, se aplacó el nivel de adrenalina, y el viernes, en Clásica y Moderna, el casi mítico bar-librería donde Mariana se refugia cuando quiere un buen libro y un buen café (fórmula de salud mental infalible: queda aquí aconsejada), nos encontramos. Ella y GENTE. Ansiosa, ¡llegó un cuarto de hora antes! Es decir, rompió una tradición acaso milenaria. Primero se hundió en un mar de libros. Y atrapó una novela oriental. Después, café. Dos, claro. Y hablamos.

–Leés literatura japonesa, ves cine oriental, te gusta la comida asiática… ¿Te estás entrenando para ser una geisha?
–¡Nooo! Tengo cero complejo de geisha. Sólo trato de ocupar mi tiempo libre en cosas que no tengan nada que ver con las que hago en mi otro tiempo, el ocupado, el re-ocupado. Y te juro que eso me mantiene fresca la cabeza.

–¿Qué más hacés en tu tiempo libre?
–Nada espectacular. Soy muy casera, muy tranquila, y vivo rodeada por la misma gente. En la semana no tengo ni medio rato libre, pero los sábados y domingos me tomo la gran revancha: ¡no hago nada de nada de nada! Ocio puro, y sin culpa. Es algo que aprendí no hace mucho, pero me lo grabé a fuego.

–¿Cuántas horas le dedicás a tu programa?
–Empiezo al mediodía. Capítulo uno: leo diarios y revistas. Capítulo dos: veo tele a muerte, para llegar a las nueve de la noche bien informada sobre todo lo que pasó en los medios. Capítulo tres: llego a la productora a las cuatro de la tarde y veo las notas que tenemos. Capítulo cuatro: una hora y media de maquillaje, peinado y prueba de vestuario. Ultimo capítulo: una hora y media de programa. En equipo, y sin que ninguno quiera lucirse más que su compañero: equipo en serio. RSM es como un equipo de fútbol: no importa quién mete más goles.

–¿Y después?
–Eso es lo peor. Sigo enchufada. Me cuesta mucho bajar las revoluciones. Por eso decreté Las Mañanas Fabbiani, ¿sabés?

–¿Qué son? ¿Cómo son?
–La nada. El blanco. El vacío. El Nirvana. Me acuesto muy, muy tarde, y cuando duermo recupero toda mi energía. Como un motor a pila…

–¿Sos como esos conductores de la tele que cuando se apaga la lucecita roja cambian de humor? ¿Un camaleón de la tele?
–Nooo… ¡Dios me libre! Jamás hago ni haré un personaje delante de las cámaras. Aunque quiera… Porque no puedo desdoblarme. Te juro que soy muy transparente, hipersensible, y ante las cámaras mantengo el mismo espíritu que en mi casa.

–Bueno, pero nadie es un cascabel todo el día y toda la vida. ¿Cuándo deja de sonar la campanita?
–Hummm… tenés razón. A veces soy muy dramática. En realidad, creo que mi vocación frustrada es ser la desgarrada heroína de una tremenda telenovela.

–¿Te gustaría volver a actuar?
–Sí, me encantaría. Pero me enamoré de la conducción y de la comunicación con la gente. Cuando empecé a estudiar teatro quería llorar, hacer drama, romperme en pedazos. Pero un profesor me dijo que sólo servía para la comedia… ¡y me mató! Volví a mi casa llorando…

–Tu programa es un resumen de la tele y vos sos adicta al zapping… ¿Cómo ves hoy la pantalla?
–No me pidas juicios. No soy una jueza de la televisión. Pero eso sí: miro todo, todo, todo. El control remoto es el aparato más gastado de mi casa. Me gusta Mujeres asesinas, y no tanto Gran Hermano. Pero te juro que más de una vez me quedé mirándolo como hipnotizada. Me encantaría ver un Gran Hermano con personas muy, muy interesantes.

–¿Vos participarías?
–No… ¡jamás! Soy una gran fóbica. ¿Cómo me voy a pasar días y días encerrada, sabiendo que me mira todo el país? Ni loca… Lo que menos me gusta es el perfil alto. Y tan poco me gusta, que todavía no entiendo por qué insondable misterio trabajo en la tele. Tal vez porque cuando hago RSM me instalo en un lugar ingenuo y creo que nadie me mira…

–Alguna vez estudiaste danza. ¿Te animarías a competir en Bailando por un sueño?
–No, no y no. Nunca. Jamás en un reality. No tengo carácter para exponerme ni para competir.

–Sin embargo, fuiste modelo…
–Sí. Por un día. Fui la imagen de la peluquería de Javier Luna, porque él me acompañó en los diez años de mi carrera. Antes no me hubiera permitido esa frivolidad, pero hoy sí. Mi rating de culpas bajó bastante…

–¿Cómo reaccionaste cuando te llamaron para conducir los Martín Fierro?
–Me encantó la propuesta. Con Marley tratamos de ser sobrios, porque los protagonistas de la noche eran los ganadores, no nosotros. Pero sufrí bastante. Fueron cinco horas. Mientras todos estaban cenando, yo no había comido ni una miga. Bajaba un kilo por hora, me moría de hambre… Después… ¡¡¡me comí todo!!!

–¿Tus premios, tus dos estatuillas, cambian algo? ¿Te sentís una number one?
–No, para nada. En el país hay muy buenas conductoras. Quería ganar, claro, pero cuando gané… ¡me dio mucho pudor! Al otro día, en la calle, me decían que las únicas grandes conductoras éramos Susana, Mirtha… y yo. ¡Imagináte! No es justo. A ellas las admiro. Son dos maestras…

–¿Qué admirás de ellas?
–Susana tiene mucho carisma, espontaneidad, sencillez, y llega a la gente como nadie. Es una reina. Aunque no te conozca, o te conozca poco, te saluda de un modo honesto, sincero. Y le pone un amor envidiable a su carrera. ¿Mirtha? Es un ícono. Emblemática, glamorosa, con cuarenta años de éxitos a sus espaldas, y con una manera de preguntar única...

–¿Cómo es una tal Mariana Fabbiani?
–Una hormiguita que fue creciendo poco a poco. Bastante natural. Un bicho raro de la tele, porque tiene los pies en la tierra. Y porque es incapaz de herir a alguien.

–¿Trabajar tanto te hace descuidar tu vida personal?
–No, para nada. Estoy pasando un muy buen momento, y quizá por eso me va muy bien en mi trabajo.

–Estás muy feliz en pareja con el productor Mariano Chiade. ¿Viene un hijo pronto?
–Después de que cumplí los treinta, todo el mundo me pregunta lo mismo. Mis amigas están rodeadas de mamaderas y me hablan de sus hijos. Pero no me dejo apurar. Estoy muy bien así.

–¿Dejarías tu carrera por un hijo?
–No. Le dedicaría menos tiempo a mi profesión, porque sería una madre obsesiva. Es decir: una buena madre. Es posible amar a un hijo y a un trabajo. ¿Por qué renunciar a alguna de las dos cosas?

Natural, con los pies bien en la tierra, sin buscar el perfil alto (“No me gusta mucho exponerme todo el tiempo”), y de sonrisa eterna, Mariana cumple su destino de ganadora.

Natural, con los pies bien en la tierra, sin buscar el perfil alto (“No me gusta mucho exponerme todo el tiempo”), y de sonrisa eterna, Mariana cumple su destino de ganadora.

“No hago un personaje. No puedo desdoblarme. Soy muy transparente, hipersensible, y delante de las cámaras mantengo el mismo espíritu que en mi casa”.

“No hago un personaje. No puedo desdoblarme. Soy muy transparente, hipersensible, y delante de las cámaras mantengo el mismo espíritu que en mi casa”.

Para conducir la ceremonia, lució un vestido de Carolina Herrera, Colección Alta Costura. Se llevó dos estatuillas, y además estuvo impecable en su tarea. “<i>Me puse diez centímetros de taco para emparejarme con Marley arriba del escenario</i>”, dijo.

Para conducir la ceremonia, lució un vestido de Carolina Herrera, Colección Alta Costura. Se llevó dos estatuillas, y además estuvo impecable en su tarea. “Me puse diez centímetros de taco para emparejarme con Marley arriba del escenario”, dijo.

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