Qué es la depresión de la abundancia y cómo se puede superar – GENTE Online
 

Qué es la depresión de la abundancia y cómo se puede superar

Hay un pensamiento común que lleva a muchas personas a pensar que si tuvieran determinada personalidad, cualidades físicas o bienes materiales su vida sería diferente. ¿Por qué es un error esta idea?
Lic. Alejandro Leiterfuter
Actualidad
Lic. Alejandro Leiterfuter
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Muchas personas dicen: "Si yo tuviera la casa de Juan, el dinero de Pedro, el trabajo de Sandra, o pudiera hacer los viajes de María... mi vida sería diferente: ¡¡¡Sería perfecta!!!". Desde mi pensamiento, esto es un error.

La abundancia de cualquier tipo no garantiza la salud emocional. Sólo distrae por momentos los pensamientos que tenemos acerca de nosotros mismos, de nuestro pasado, de nuestro presente,y de nuestro futuro. La valoración de la abundancia es como querer tapar el cielo con las manos.

Como no lo logramos, seguimos intentando. Y nos seguimos frustrando una y otra vez. Somos adictos a la abundancia: ansiamos disfrutar de lo que su beneficio nos aporta. Crecemos así desde un aspecto superficial. Crecemos a lo ancho. Necesitamos comprar espacios amplios para acomodar nuestra abundancia, pero pocas veces buscamos espacios de crecimiento personal y profundo.

Y cuanto más compramos, más espacio físico necesitamos. Asimismo, cuanto menos trabajamos sobre nosotros mismos, menos profundos somos y más empobrecimiento personal logramos.

Caemos en la depresión de la abundancia, aquella que se posee, pero que no alcanza. Aquella que nos obliga a obtener “cosas” compulsivamente, para buscar un placer que sólo dura unos pocos instantes.

Podríamos preguntarnos: ¿Está bien o mal desear la abundancia? Un cuestionamiento que carece de respuesta universal. Sólo puede responderse individualmente: hay personas que viven en la abundancia y además son profundas, generosas y se destacan por otras cualidades personales. Entonces, a fin de evitar caer en generalizaciones, conviene respetar las diferentes posturas que haya al respecto.

La hipótesis en cuestión es que la abundancia no es garantía de la felicidad, porque si lo fuera, los beneficiarios de la misma jamás estarían deprimidos; podrían dormir plácidamente; no habría afecciones somáticas de ningún tipo y el estrés sería inexistente.

A pesar de lo dicho, ¿alguien se atrevería a afirmar que elegiría evitar la abundancia? Tal vez algunos, contados con los dedos de las manos.

Muchas personas, para quienes la abundancia es un bien escaso, no tienen otra alternativa que comprender que ella no es sinónimo de poseer objetos comprados sino que tiene que ver con los valores y los vínculos.

La abundancia adquiere entonces un significado alternativo, atado a un tipo de moneda de intercambio que no cotiza en bolsa. El afecto, la empatía y la generosidad -igual que otros valores- no se compran ni se venden sino que se aprenden y comparten.

Y derivan en la obtención de vínculos profundos, duraderos, y desinteresados. Esas cualidades no conocen la discriminación ni la violencia. Para quienes cultivan esos valores, la abundancia se vincula a tener las necesidades básicas satisfechas; a tener un círculo de contención; a pertenecer a un grupo social en el que se hace alarde del afecto.

El status es un anhelo, pero no una obsesión; por este motivo, no frustra, ni deprime. En cambio para muchos,  el status es el motivo de su vida. Este grupo es más proclive de padecer la depresión de la abundancia.

Me gusta decir que “mostrar lo que se tiene, muchas veces, disfraza lo que duele”. Con esto me refiero que para muchos, la abundancia, es la escenografía que tapa aquello que se esconde en las “bambalinas del ser humano”. Es como ir al teatro y admirar el montaje escenográfico sin entender que tras esa obra de arte maravillosa, está todo atado entre sogas y alambres para lograr sorprender a los espectadores que desde sus butacas aplauden al actor que expone al personaje que busca su premio: el aplauso.

En resumen:

  1. La abundancia no garantiza la salud emocional.
  2. Es un error pensar que vivir la vida de otro garantiza la felicidad.
  3. La obsesión por la abundancia lleva a la depresión porque no logramos un placer que se pueda sostener en el tiempo.
  4. Buscamos tener mucho y nos preocupamos poco por comprender.
  5. El status como anhelo es sano.
  6. El status como obsesión nos deteriora individual y socialmente.
  7. La abundancia es una escenografía que no habla de nosotros, sino de lo que poseemos.

Lic. Alejandro Leiterfuter - MN 30962

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