Pura garra y corazón – GENTE Online
 

Pura garra y corazón

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Hay triunfos que son lecciones, y éste fue uno de ellos. Porque este triunfo, el triunfo de ellas, demostró que para poder sólo hace falta intentarlo, que para intentarlo sólo hace falta sentir y que para sentir sólo hace falta creer. Y Las Leonas creyeron. Creyeron que con esfuerzo (monedas contadas para el pasaje en ómnibus, mañanas heladas corriendo a la intemperie, o el ejemplo de las rosarinas Aymar y Stepnik que se levantaban a las dos de la mañana en su ciudad para llegar a las ocho al CENARD porteño…), con entrenamiento (más de una corrió maratones como preparación) y con sencillez (se cocinaban y compartían la comida para no pasarse del presupuesto), creyeron que bien podían soñar. Hasta que se dieron cuenta de que en realidad ningún pellizco las despertaba y el sueño se había convertido en trofeo de oro. Claro, los archivos recordarán en unos años que el domingo 8 de diciembre de 2002, cuando la Argentina transitaba sus horas de sueño, ellas la despertaban obteniendo la 10ª Copa del Mundo de Hoc
key Femenino sobre césped, disputada en Perth, Australia, y que el mero hecho deportivo se había convertido en lección para una Argentina donde hace falta intentarlo, sentir y creer.


CAMINO A LA GLORIA
. Dicen que para saber gozar hay que saber sufrir. La final nada se pareció a los partidos de la etapa clasificatoria (1-0 versus Nueva Zelanda, 5-1 vs. Ucrania, 1-0 vs. Alemania, 2-0 vs. China, 5-0 vs. Escocia, 2-1 vs. Corea, 1-0 vs. Rusia). Sí se asemejó la semi contra el temible team local, donde nuestro seleccionado avanzó con la mínima diferencia, 1-0. Conclusión: hora de enfrentar al cuco, Holanda. A los 5 minutos de iniciada la partida (asemejaba a un juego de ajedrez, por las disposiciones tácticas de ambos equipos), Las Leonas arañaban la gloria con el gol de Inés Arrondo tras una magnífica asistencia de Luciana la maga Aymar. Cosas del destino o la religión: como en el Mundial de Fútbol Argentina 78, Holanda empataba sobre el final amenazando con robarse la gloria. Sólo quedaban un minuto 54 segundos cuando Ageeth Boomgard, al igual que el recordado cabezazo de Nanninga, enmudeció el estadio de la Universidad Tecnológica de Curtin, en Bentley, y empató. Hubo que esperar el tie
mpo suplementario para la definición. La lotería de los penales serían el último monte calvario para estas luchadoras.


LA MANO DE DIOS.
"No sería acorde con el estilo argentino si no hubiésemos sufrido en la final. En nuestro país siempre estamos acostumbrados a pelearla. Por eso no nos quebramos en ningún momento". Las palabras de Mercedes Margalot reflejan el temple que mantuvo este equipo a lo largo del torneo y en especial a la hora de los penales. Si Las Leonas querían tocar el cielo con las manos, debían hacerlo a través de las de Mariela Antoniska. La arquera se recibió de heroína, atajando cuatro penales. "Acá ganó todo el equipo. Que me haya tocado a mí ser protagonista es una circunstancia del juego. Personalmente fue mi gran día porque terminé atajando el penal que nos dio el título, pero sentí que mis manos eran también las manos de mis compañeras". Así fue. Antoniska voló hacia su derecha y detuvo el penal de Fátima Moreira de Melo. "Ella era la única que me lo había metido en los primeros cinco penales. Cuando se acercó para tirar, me concentré en la bocha. Por suerte se dio", agregó h
umilde. Tras 70 minutos de partido, 15 de alargue y penales, la Argentina superaba 4-3 a Holanda y se consagraba por primera vez campeona mundial.


REINAS Y ALGO MAS
. Las Leonas lograron frente a Holanda lo que ni la princesa Máxima pudo hasta ahora: ser unas verdaderas reinas. Además del premio mayor, el seleccionado se quedó con varios galardones. Como consecuencia de su buena conducta, el equipo nacional recibió el premio
Fair play, por el juego limpio. En palabras de del DT Sergio Cacho Vigil: "Que nos hayan reconocido por esto nos llena de orgullo. Las chicas demostraron que se puede jugar bien y limpio. Si hay algo que quiero destacar es la honestidad del plantel".

El trabajo en equipo repercutió hacia el individual. Luciana Aymar fue elegida como la mejor del torneo. "Estoy feliz por este reconocimiento. Pero lo más importantes es que trajimos la copa a casa y que sirvió el esfuerzo que hicimos", declaró la rosarina, que ya había sido distinguida en marzo último por la Federación Internacional de Hockey como la mejor jugadora del 2001. Los otros dos pergaminos conseguidos en la semana fueron los de mejor jugadora sub-23 (Soledad García, la goleadora argentina, que ya tiene ofertas de España y Alemania) y ¡mejor jugadora del mundo!, Cecilia Rognoni, quien remató: "El premio es muy lindo, pero sigo manteniendo que lo hubiera cambiado por ganar el Mundial. Por suerte se dieron las dos cosas. Pero uno no juega sola, no lo habría ganado si no hubiera sido por el grupo".


EL EQUIPO DE TODOS.
Aunque estas chicas no cobran un peso, patacón o lo que sea de sus clubes y apenas si cuentan con el apoyo de la Secretaria de Turismo y Deporte (becas que van de los 200 a los 800 pesos, mientras que, por ejemplo, si Holanda se llevaba la final, cada integrante recibiría cinco mil dólares), ellas prefieren apuntar la dedicatoria a otro lado y evitar "llorar sobre la leche derramada", como dicen. Aparte del hito deportivo, Las Leonas se preocuparon por dejar un mensaje que trascienda su actividad. No quieren que este campeonato sea usado como una distracción a lo que sucede en el país. "Se lo dedicamos a nuestro país que está sufriendo tanto. Queríamos darle una pequeña alegría. Y también se lo dedicamos a la clase política, para demostrarle que trabajando con honestidad se puede ser los mejores del mundo. Por estas razones, les queremos dedicar el título directamente a todos los argentinos. Esta copa es de algunos argentinos para todos los argentinos", enfatizó Inés Arr
ondo, colmada de emoción al pisar Ezeiza y ver tanto apoyo popular.

Hay triunfos que son lecciones, y éste fue uno de ellos.

Las Leonas sonríen junto al técnico Cacho Vigil y el preparador físico Luis Barrionuevo, con la medalla de oro que se les había negado en Sydney 2000.

Las Leonas sonríen junto al técnico Cacho Vigil y el preparador físico Luis Barrionuevo, con la medalla de oro que se les había negado en Sydney 2000.

Inés Arrondo festeja con Luciana Aymar, quien la asistió para que marcara el tanto en la fina

Inés Arrondo festeja con Luciana Aymar, quien la asistió para que marcara el tanto en la fina

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