«Prefiero el desorden a una represión con muertos y heridos» – GENTE Online
 

"Prefiero el desorden a una represión con muertos y heridos"

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-El 20 de junio de 1820 -paradójicamente, el mismo día en que Belgrano murió
pobre y en soledad-, Buenos Aires tuvo tres gobernadores: Soler, Ramos Mejía y
el Cabildo. Lo aprendimos en el colegio secundario. El capítulo se llamaba La
anarquía
, y -casi niños- nos parecía algo horroroso…

-Me imagino adónde va su pregunta.

-Imagina bien, Luna: 180 años después, ¡tuvimos cinco presidentes en menos que
canta un gallo! La Argentina, en lugar de estar condenada al éxito, como dice
Duhalde, ¿no estará condenada al desorden?
-Le contesto con otra pregunta: ¿el desorden no será un "privilegio" (sí, entre
comillas) de ciertos países? Porque, salvo en algunos países anglosajones, el
desorden es parte de la vida. En Latinoamérica, ni hablar. Y en Europa, a veces,
alcanzó proporciones catastróficas: acuérdese de la Guerra Civil Española, por
ejemplo. El desorden está en la naturaleza humana.

-¿Definiría a la sociedad argentina como enemiga de la ley?
-No tanto. Pero sin duda hay una falta de respeto por la ley: ¡basta ver el
tránsito! Quizá es una cuestión menor, pero hace a la vida cotidiana.

-La pregunta es por qué, cuál es la simiente de ese carácter.
-Retroceda hasta la inmigración. Venimos de vertientes que consideraban a la ley
como un enemigo. Muchos españoles llegaron huyendo del servicio militar, y para
muchos italianos del sur, el padrone, el patrón, y el Estado, eran poco menos
que la encarnación del mal. ¿Sabe cuál era el disfraz que preferían los
extranjeros en los carnavales de la primera década del siglo pasado?

-No. Perdone mi ignorancia, como decía Borges.
-El de Juan Moreira. Un gaucho malo, retobado, "vago y malentretenido", como
decía su prontuario, y fugitivo de la ley.

-Pero ese gusto por el caos parece más antiguo aún: Rosas decía "prefiero una
injusticia a un desorden"
.
-No sé si lo decía, pero ese juicio estaba en la línea de su pensamiento.

-¿Y Perón? Una de sus principales metas era lo que él llamaba "la comunidad
organizada"
, y sin embargo su partido parece signado por lo contrario: internas
feroces, grupos irreconciliables, los enfrentamientos armados de los años 70… Se
diría que Perón fracasó en una de las cosas que más quiso. ¿Por qué?
-Porque el peronismo también representa lo peor de los argentinos.

-Esta definición va a ofender a muchos.
-No es una ofensa, porque también representa lo bueno. Cuando digo "lo peor", me
refiero a la hostilidad hacia la ley y la intolerancia ante el disenso. Sucede
que Perón, por su mentalidad militar, creía que la comunidad organizada iba a
devenir en un país perfecto, pero ese país se le fue de las manos.

-¿También su partido?
-También. Tuvo desde formaciones especiales hasta neoliberalismo…

-Dicen que la historia se repite. ¿En el pasado hubo algo similar al fenómeno
piquetero?
-Sí. La comparación es algo forzada, pero válida. Entre mil ochocientos treinta
y pico y 1853, año de su caída, Rosas sobornaba a los indios para que se
mantuvieran tranquilos y no asolaran las poblaciones. Les mandaba yeguas,
bebida, tabaco, azúcar, a cambio de que no molestaran.

-¿Era una buena política?
-Según se mire… Porque al fin de cuentas, y a cambio de esa tranquilidad, la
provincia de Buenos Aires era rehén de los indios porque les pagaba tributo. De
algún modo los tributos de ayer a los indios son el equivalente de los subsidios
de hoy a los piqueteros.

-Vaya hacia delante, Luna. ¿En qué puede desembocar el fenómeno piquetero?
-No sé. Pero por lo pronto, me parece sabio no reprimir.

-¿Pese a todo? ¿Pese a la opinión de la mayoría de la sociedad?
-Sí. Porque entre esas molestias -aunque la palabra molestia sea demasiado
suave- y que haya muertos y heridos, es preferible la molestia: el mal menor.
Sin embargo, no creo que los piqueteros duros estén cada vez más aislados, como
dice el gobierno.

-Si mejoran las condiciones económicas, ¿ese fenómeno puede diluirse?
-No soy tan optimista. Los piqueteros están acostumbrados a recibir subsidios:
¡no los veo caminando rumbo a una fábrica a las siete de la mañana! ¿Para qué,
si les pagan la gimnasia revolucionaria? ¿Para qué, si les subvencionan la
militancia?

-¿Cree que esos actos pueden disminuir?
-Más que disminuir, los veo crecer. Cada día es peor que el anterior, y algunos
actos, como la toma de comisarías y otros sitios, me recuerda a los muchachos
que asaltaban la guardia de Campo de Mayo y le arrebataban las armas. Lo de hoy
es más espontáneo, más oportunista, y la diferencia es que los piqueteros no se
mueven por una ideología. Pero de todos modos estoy muy preocupado.

-¿Puede aparecer un líder que les dé un marco ideológico?
-No es fácil. No hay un líder a la vista. Pero es posible, y muy peligroso.
Insisto: el gobierno, al no reprimir, actúa bien. Pero algo tiene que hacer,
porque la escalada no cesa.

-¿No debería actuar la justicia, como dice el gobierno?
-Mire, la justicia puede ocuparse de un modo formal. Procesar. Pero ese trámite,
con todos los pasos, puede durar años.

-Le sugiero otra analogía del ayer y el hoy. El país siembra y cosecha soja de
punta a punta. ¿Vuelve el mito "este país se salva con una buena cosecha"?
-No sé si vuelve el mito, pero le aseguro que esas cosechas son im-pre-sio-nan-tes
en Santa Fe, Córdoba, el oeste de Buenos Aires. Entra mucha plata, y los
productores, en lugar de correr a comprar un departamento en Punta del Este,
como hacían antes, corren a comprar maquinaria agrícola.

-¿Cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles del gobierno de Kirchner?

-El punto fuerte es el apoyo de la sociedad, sin duda. ¿Los puntos débiles? Uno
es el elenco gubernativo: no hay gente que tenga una visión larga; son todos
muy… lugareños, por así decir. Otro, la gran desesperación por lograr el apoyo
del Congreso.

-¿Cómo lo ve al Presidente?
-No se ha desgastado. Todavía tiene resto. Pero debería cambiar algunas cosas…

-¿Por ejemplo?
-La susceptibilidad que tiene ante cualquier declaración contra sus filas, sea
de orden local o de otros países. No puede pelearse a cada rato con un
funcionario norteamericano que dice: "La Argentina me preocupa". No puede
chumbarle todo el tiempo a Duhalde. Pelearse continuamente no es la tarea de un
gobernante, y la confrontación permanente es un peligro.

-¿Por qué?
-Porque esa política crispa a la gente, la exaspera. Y eso, más la presión de
los piqueteros, la inseguridad, etcétera, crea un clima absolutamente negativo.

-Cambio de tema. ¿Hubo en el pasado argentino algún fenómeno similar al que
produjo Blumberg?
-No. Es inédito.

-¿Sirve de algo?
-No logra demasiado porque es muy utópico. Además, generaliza demasiado. Eso de
que la justicia trabaja poco no es cierto: le aseguro que hay jueces que se
matan trabajando desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche, que se
han enfermado de tanto trabajar. En realidad, esos movimientos no perduran:
suelen agotarse en sí mismos. Pero algo dejan…

-¿Los cacerolazos dejaron algo?
-No creo, porque la consigna "Que se vayan todos" es una estupidez.

-¿La sociedad argentina actual es feliz?
-No.

-Usted, como ciudadano, ¿en qué época fue más feliz y sintió que el país
acompañaba sus aspiraciones, sus ambiciones?
-En la época de Frondizi, sin duda. Frondizi, además de su obra de gobierno y de
su austeridad -sus modestos veraneos en la casita de Ostende fueron muy
distintos de otros veraneos que conocimos…-, demostró una gran dignidad en el
ejercicio de su cargo. Sabía muy bien qué significaba ser Presidente de Nación.

-Usted está a punto de inaugurar las charlas de la editorial Planeta sobre temas
candentes. ¿De qué piensa hablar?
-De Historia, me imagino. De cómo interpretar sus lecciones, y de lo que no
debemos hacer.

-¿Qué cosa no debemos hacer?
-No recurrir a soluciones de fuerza en momentos de aparente desorden. Nunca más.

-¿Cree que es una lección bien aprendida?
-Sí. Y ya aprobó un examen.

-¿Cuándo?
-A fines de 2001 porque, a pesar de todo, nadie golpeó la puerta de un cuartel,
como tantas veces en el pasado, para pedir un gobierno militar. ¡Nadie!

Félix Luna en el casi centenario patio de su estudio. Un estudio donde lee, piensa, analiza, juzga y escribe la convulsionada y apasionante historia del país. Como lo hace desde hace más de cuatro décadas en su revista, Todo es historia.

Félix Luna en el casi centenario patio de su estudio. Un estudio donde lee, piensa, analiza, juzga y escribe la convulsionada y apasionante historia del país. Como lo hace desde hace más de cuatro décadas en su revista, Todo es historia.

Kirchner debe abandonar su estilo de confrontación permanente. No puede pelearse todo el tiempo, porque esa tensión se trasmite muy negativamente a la sociedad"">

"Kirchner debe abandonar su estilo de confrontación permanente. No puede pelearse todo el tiempo, porque esa tensión se trasmite muy negativamente a la sociedad"

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