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...porque su hijo es Guillermo Cañas

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El lunes 2 a las cinco de la tarde, La Selva del Melocotón, el pelotero que el matrimonio (Mirtha y Luis) tiene en el barrio de Tapiales, partido de La Matanza, está lleno de chicos que se juntaron para festejar el cumpleaños de Pablito, vecinito que cumple cinco años. Mirtha llega puntual, con una caja bordó repleta de fotos de su hijo. Luis, en cambio, está en el salón de fiestas desde hace rato. “Me adelanté para preparar todo, porque hay que acomodar los bancos, las mesas, dejarlo lindo para los invitados”, dice. Apenas nos sentamos, la primera foto que sale de la caja es de Guillermo, con apenas unos meses. Enseguida, primera anécdota contada por Luis, su papá: “De ésta no voy a olvidarme nunca, porque la sacamos el día en que Argentina salió campeón en el Mundial del 78. Yo lo tenía a Guillermo a upa, y cuando Kempes metió el tercer gol, pegué un salto y le di un golpe en la cabecita. Lloró como una hora sin parar. No sabíamos qué hacer para calmarlo… Entonces se nos ocurrió sacarle esta foto”.

Después, ante cada imagen, surgirá una nueva anécdota de Willy: los primeros pasos, la jornada inicial de clase en la escuela Santo Domingo Savio, de Aldo Bonzi, y el día en que empuñó la raqueta inaugural. “Mi marido siempre dijo que quería que Guillermo fuera deportista”, recuerda Mirtha, quien luego pide permiso y se va a su casa para terminar la torta de cumpleaños de Pablito… Luis toma la posta del relato: “Es verdad… Como yo fui deportista –jugué en la Primera de Platense en 1965, más o menos–, quería que mi hijo se criara en ese ambiente, y como soy fanático del tenis, lo bautizamos Guillermo, por Vilas, obviamente… A los seis años lo mandé a entrenarse con un profesor que tenía una cancha por el Camino Negro. En ese entonces teníamos un mercadito en el barrio, y toda la plata que ahorrábamos era para el futuro de Guillermo. Es más: se me presentó la posibilidad de comprar este terreno, donde ahora está el pelotero, y construí dos canchas de tenis para que él tuviera un lugar donde practicar”.

Mirtha vuelve con la torta en las manos, y agrega: “Luis siempre fue un fanático, y a veces era muy exigente con Guillermo. Me acuerdo que lo llevaba a entrenarse aunque lloviera, y que cuando volvíamos de los partidos en la camioneta, lo criticaba tanto que Willy se largaba a llorar como un condenado. Dejé de acompañarlos, porque me hacía muy mal…”.

Pero tanto esfuerzo valió la pena. El futuro de Guillermo empezó a vislumbrarse en el 95, a los 18 años, cuando llegó a los cuartos de final de Juniors en Wimbledon. Siguiente paso: el profesionalismo. Y cuando terminaba el 96, ganó en Santiago de Chile su primer torneo challenger.

Un día antes de que viajara para empezar su gira por Europa, le dijimos: ‘Acá, en esta cajita, están todos nuestros ahorros. Son para que viajes y te conviertas en un gran profesional’. Al final de la gira, ¡Willy había triplicado esa plata!”, recuerda Luis.

En el 98, apenas dos años después de su triunfo en Chile, empezó a hacer ruido en el circuito. Primero, al entrar en el Top 100 del ranking de la ATP, y un año más tarde al alcanzar su primera final en Orlando. Pero llegó el 2000: el año oscuro. Una lesión en la muñeca derecha lo arrumbó en el puesto 230, y estuvo a punto de abandonar.

Soñaba que mi hijo estaba en un pozo oscuro y estiraba una mano, pero yo no podía sacarlo”, cuenta Luis, lagrimeando. Pero al año siguiente, después de ser operado de la lesión, el crack volvió por sus fueros y terminó la temporada en el puesto 15 del mundo: ¡subió ciento quince escalones! Sin embargo, pasados dos años, la mala suerte volvió a tenderle otra trampa: nueva lesión, ahora en la muñeca izquierda, adiós al circuito, y retroceso hasta la posición 270… Pero Guillermo no es hombre de rendirse. Superó esa durísima prueba, y en 2005 trepó –fulminante– hasta el octavo lugar.

¿Final feliz? No del todo… A mitad de ese año, un dudoso análisis antidoping en Acapulco lo condenó a quince meses fuera de combate, una sanción que la ATP ahora está a punto de rectificar. “Fue terrible. Me acuerdo que me llamaba por teléfono llorando, y me decía: ‘Mamá, lo que están diciendo es mentira, no creas nada’. Por eso, el momento que está viviendo hoy vale doble. Nos sentimos orgullosos de ser los padres de Guillermo Cañas”, afirma Mirtha.

EL RETORNO DEL GUERRERO. A los 29 años, Willy volvió a empezar de cero: ni siquiera figuraba en el ranking cuando, el 12 de septiembre del año pasado, en el challenger de Belem, Brasil, volvió a jugar, y comenzó a avanzar como un tornado: ganó cinco challengers, el ATP de Costa Sauipe, y llegó a la final del Master Series de Miami batiendo en el camino a Roger Federer –¿el más grande de todos los tiempos?–, a quien también le había ganado diez días antes en Indian Wells. Tras derrotar a otros top ten como Tommy Robredo e Iván Ljubicic, perdió la final con el serbio Novak Djokovic en tres sets, dejando todo. Pero a esta altura, ese resultado es sólo anécdota, sólo estadística, derrota con olor a victoria, porque llegó hasta allí desde la clasificación y tras dos serias lesiones y una muy discutible sanción…

Estoy feliz, porque después de tantos meses fuera del circuito, le demostré al mundo que volví con todo –atiende el teléfono hoy lunes, desde Miami–. Que la misma fuerza con que enfrenté a los tribunales la trasladé a la cancha. Lo único que puedo prometerles a los argentinos que vayan a verme o que me sigan por televisión es que en cada pelota y en cada partido voy a dejar el alma”, jura.

–Willy, el sábado te sacaron una uña infectada, y en el partido sentiste un pinchazo en el aductor de la pierna izquierda. Parece que es la única manera de vencerte…
–No. Djokovic me ganó porque jugó mejor que yo. No tengo excusas. Cuando terminó el partido lo saludé y le dije que si seguía en ese nivel, pronto sería uno de los tres mejores del mundo.

–¿Esta fue realmente tu gran revancha?
–No. En la vida ya no tengo revanchas. Todo lo que hago es por placer. Me siento en un gran nivel, y eso tal vez me sirva para llegar a la meta que me propuse: terminar el año entre los veinte primeros del mundo.

–Ahora viene el partido ante Suecia por la Davis. ¿Estás para jugar?
–Quiero recuperarme lo antes posible. Jugar la Davis es lo más lindo que puede pasarle a un jugador. Si tengo que estar los tres días en la cancha, ¡voy a estar! Dios me dio la oportunidad de volver, y no voy a desperdiciarla. Me mataré por la camiseta. Como siempre.

Los orgullosos padres de Guillermo Cañas.

Los orgullosos padres de Guillermo Cañas.

Luchó como un león y logró lo imposible: ganarle a Federer.

Luchó como un león y logró lo imposible: ganarle a Federer.

El martes 27, por segunda vez en dos semanas, Cañas logró lo imposible: batir a Roger Federer, inamovible numero uno del ranking, que dijo: “<i>Es un competidor leal y un gran luchador</i>”.

El martes 27, por segunda vez en dos semanas, Cañas logró lo imposible: batir a Roger Federer, inamovible numero uno del ranking, que dijo: “Es un competidor leal y un gran luchador”.

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