«Por suerte, siempre fui un inconciente que me dejé llevar por mis mujeres» – GENTE Online
 

"Por suerte, siempre fui un inconciente que me dejé llevar por mis mujeres"

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Casi con veneración, la gente se acerca a saludarlo y felicitarlo. Y no menos el plantel profesional del Hospital Garrahan. La frase es invariable: “¡Gracias, maestro!”. Y hay razones. Pérez Celis (67) donó su obra Luz interior, que será rematada en marzo de 2007, para que la impriman en remeras y gorras de la marca Prototype. La recaudación se destinará a la compra del instrumental quirúrgico de la futura Unidad de Trasplante Cardíaco para Niños de ese hospital. De paso por Buenos Aires, PC, que vive en Miami con su tercera mujer, la rumana Tamara Toma, habló con GENTE en su atelier de la calle California, pleno barrio de Barracas.

–¿Sabe por qué me hago llamar Pérez Celis?

–No. Revele el secreto…
–Porque mi verdadero nombre es Celis Pérez, y en el colegio, cuando pasaban lista, decían, como era costumbre, primero el apellido y después el nombre. Celis es un nombre romano no muy habitual, que quiere decir cielo. Hay una ciudad en España, Medinaceli, que significa Ciudad Cielo. Al final, la escuela primaria me dio dos apellidos, ¡y ningún nombre!

–¿Qué es de su vida? ¿Por qué tiene un perfil tan bajo?
–Porque estoy en una etapa más contemplativa. Me llevo muy bien con mi tercera mujer, Tamara Toma. Es rumana, pero se adaptó a mi estilo de vida, y en Miami somos muy felices.

–¿Por qué este viaje relámpago a la Argentina?
–Para el Garrahan hice algunas colaboraciones: toallas, tarjetas, otras cosas. Rafael Romano, uno de los gerentes-dueños de Prototype, me convocó para que hiciera Luz interior, obra de la que esa empresa fabricará reproducciones y remeras. El dinero que se recaude por su venta irá para el Departamento de Cardiología del Hospital. En realidad, siempre tengo ganas de pintar para ayudar a entidades de ese tipo.

–Dicen que los artistas pertenecen a la humanidad, no a un país. Usted peregrinó por Latinoamérica, los Estados Unidos, Europa y Asia. ¿Tiene algún lugar de pertenencia?
–Buenos Aires, siempre. Aquí conservo mi estudio. Siento que es mi lugar en el mundo. Pero es cierto: llevé la vida de un rolling stone...

–¿Qué lugares lo marcaron?
–Viajé, viví y trabajé en Bolivia y Perú, donde tomé la simbología latinoamericana. Después, París, y más tarde, Nueva York, desde 1983 a 1995. Siempre me adapté bien a cada lugar. Pero aquella primera etapa andina fue clave en mi obra.

–¿Cómo desarrolló ese poder de adaptación?
–Aprendiendo a no ser un nostálgico. Entiendo que en cada lugar hay algo para disfrutar. No busqué filosofías ni técnicas extrañas, a pesar de que soy un admirador de Krishnamurti. Además, lo que siempre me marcó el camino fue tener una buena mujer a mi lado. Pero no todo resultó felicidad, vino y rosas, ¿eh?

–¿Cuáles fueron las espinas? ¿El desarraigo, por ejemplo?
–No. En cada punto encuentro mi lugar. Pero sufrí la pérdida de dos de mis mujeres. La anterior, Iris, no se sentía bien, nos fuimos a Miami, y por desgracia murió al poco tiempo. Más tarde conocí a la actual, Tamara, y llevamos una vida muy feliz.

–¿Y su primera mujer?
–Se llamaba Sara… Me casé a los dieciocho años y viví con ella otros dieciocho, hasta que quedé viudo a raíz de un accidente de auto. Todas fueron mujeres extraordinarias. Tengo dos hijos maravillosos: María José Gabin (ex integrante del grupo Gambas al ajillo) y Sergio Pérez Fernández, que es diseñador gráfico y trabajó con Fito Páez.

–¿En qué está trabajando ahora?
–Aquí, además de pintar, estoy haciendo una escultura de 18 metros de alto por 22 de diámetro, que irá a Merlo, San Luis, y para fin de año tendré listo un reloj solar, El ojo del tiempo.

–¿Y en los Estados Unidos?
–Estoy muy orgulloso de una escultura de aluminio policromado que representa a las tres Américas, y está en el Museo de Arte de Los Angeles.

–¿Qué les aconseja a los artistas principiantes?
–Ante todo, que no se presionen con autoexigencias sin sentido, que dejen fluir su creatividad. Pero sin abandonar jamás la autodisciplina.

–Todo lo contrario al mundo de excesos que suele adjudicarse a los artistas...
–Se ha confundido mucho el arte con el vino, con la droga, con la bohemia. Conocí bohemios muy lindos… ¡que eran muy malos artistas! Lo importante es hacer… lo que hay que hacer. Después, los demás dirán si es arte sublime, arte apenas bueno, o arte malo.

–¿Cómo hace usted “lo que hay que hacer”?
–Me levanto temprano. Soy matinal. Me gusta empezar a pintar muy fresco y al comenzar el día. Cuando voy al estudio, no siento que voy a trabajar, sino a hacer lo que me gusta.

–¿Volverá a la Argentina?
–Sí. Ya estoy haciendo planes para el regreso. El país padece problemas que no podemos desconocer, como la terrible inseguridad diaria y las persistentes desigualdades sociales que nos avergüenzan. Es cierto. Pero la tierra de uno es la tierra de uno, y en este caso, además, una cuna inagotable de artistas y creadores. Si me permite, voy a hacerle una última confesión…

–La espero ansioso…
–El hombre termina siempre yendo al lugar al que lo llevan sus mujeres... Toda mi vida fui un inconsciente que me dejé llevar por las mujeres. Y como la suerte es mujer, tan mal no me ha ido en la vida. ¿No le parece?

Cuadros enormes (su especialidad), pinceles, óleos, acrílicos. La inmensa pintura: su autorretrato. La escena: en su taller porteño de la calle California. Un lugar mágico.

Cuadros enormes (su especialidad), pinceles, óleos, acrílicos. La inmensa pintura: su autorretrato. La escena: en su taller porteño de la calle California. Un lugar mágico.

Además de triunfar en la Argentina, París, Tokio y Nueva York, Pérez Celis es muy requerido en Florida, donde vive actualmente. El edificio de arriba y el espectacular Angel de las Américas son dos de las muchas obras que le encargaron. Con su tercera mujer, la rumana Tamara Toma, en Miami.

Además de triunfar en la Argentina, París, Tokio y Nueva York, Pérez Celis es muy requerido en Florida, donde vive actualmente. El edificio de arriba y el espectacular Angel de las Américas son dos de las muchas obras que le encargaron. Con su tercera mujer, la rumana Tamara Toma, en Miami.

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