Ahora leyendo
Por qué quiero que mi hijo vaya al colegio: el desesperado pedido de la madre de un niño con TGD

Por qué quiero que mi hijo vaya al colegio: el desesperado pedido de la madre de un niño con TGD

Avatar

A siete meses del decreto que suspendió por 15 días las clases en todos los niveles educativos, el debate sobre la vuelta al aula sigue siendo un tema pendiente. Y los padres se manifiestan al respecto.

La medida fue bien recibida en marzo, cuando luego de una jornada intensa de trabajo coordinado entre diversos ministerios, el presidente Alberto Fernández anunció la suspensión de clases en todos los niveles a fin de evitar la propagación del coronavirus.

Desde el Gobierno se plantearon estrategias para garantizar la continuidad pedagógica y la asistencia social en aquellos casos en que la escuela cumpliera también ese rol.

Sin embargo, siete meses más tarde sigue sin haber respuesta concreta al pedido de que los chicos puedan volver a las clases presenciales. Sólo unos pocos distritos están llevando adelante medidas que permitan recuperar la presencialidad.

Abrir las escuelas es una expresión que divide aguas. De un lado están quienes sostienen que es fundamental el encuentro para el desarrollo humano, más allá de la transmisión de conocimientos. En el otro frente se encuentran quienes afirman que sólo serviría para propiciar la transmisión del virus.

El reclamo de los padres se hace oír cada vez más fuerte. Desde Padres Organizados, y con una mirada multidisciplinaria, proponen estrategias que permitan abrir las escuelas, devolver a los alumnos de diferentes niveles la oportunidad de tener clases presenciales y garantizar medidas de cuidado y prevención acordes a los requerimientos epidemiológicos.

Aun sin agruparse, cada vez son más los que reclaman que sus hijos puedan volver al colegio. “Nadie me pidió opinión, pero hoy vengo charleta”, dice Verónica Frágola en un tweet que citaron otras madres y padres que atraviesan situaciones similares. “¿Saben por qué quiero que mis hijos vuelvan al colegio? En el caso de Félix, 11 años, TGD, integrado. Hoy en día tiene sólo 2 clases por semana de 35 minutos cada una. Nada más. Menos integrado que eso no hay, expresa.

Si bien suele hablar de belleza –es su especialidad como comunicadora– sus seguidores saben de su día a día como madre de un niño diagnosticado con trastorno general del desarrollo. Los malabares para que pueda asistir a sus terapias, los rechazos escolares y los aciertos en la elección de acompañantes terapéuticos o colegio. “Sus compañeros lo ayudaban en el colegio, se sentía uno más, dice en el siguiente tweet.

Allí habla también de Violeta, la menor, que tiene 10 años y cursa 5° grado. “No caza una. Su madre (yo) no puede explicarle algunas cosas de Matemática o Francés. Ella se desespera, se pone nerviosa porque no entiende y se encierra en sí misma”, detalla.

Finalmente habla de Rafael, mellizo de Félix: “Es el más estudioso de los tres. Es curioso y eso le ayuda. Siempre en su mundo. Se aisló de todo. No quiere salir. Extraña a sus amigos, pero nada más. Me asusta su aislamiento“, cuenta.

Después de siete meses de estar full time con sus hijos, asegura: “Sé que voy a extrañar tenerlos acá y voy a putear por tener que ser la remisera de mis hijos de acá para allá. Pero sé que en el colegio se van a encontrar con sus amigos, las maestras van a poder explicarles ciertos temas mejor que yo y no van a sentirse encerrados. Qué sé yo. Que sea lo que Dios quiera“, remata.

Por último añade: “Y sí, también pienso en las minorías, en los nenes que usan al colegio como salvoconducto de una familia violenta, que van a comer o merendar. Pero es mi visión, acotada, claramente. Perdón por no tener la cabeza más abierta”.

Verónica puso en evidencia lo que piensan muchos padres. Muchas de las respuestas hicieron referencia a la crítica que algunos hacen a quienes luchan por la vuelta de la escuela presencial: “Creen que queremos que vuelvan las clases xq no aguantamos a nuestros hijos“, apuntó una de sus seguidoras.

Podría decir que los padres no tenemos el conocimiento pedagógico para acompañar a los chicos. Nos falta esa pata, que a su edad es importante. Muchas veces no sé cómo explicarles algo porque quizás me manejo con un lenguaje más abstracto y no me entienden”, dice Frágola en privado, preocupada por el desarrollo integral de sus hijos.

Se detiene especialmente en Félix, diagnosticado con TGD. “La psicopedagoga me recomendó no hacer la tarea con él, porque yo me pongo nerviosa porque no entiende (no lo hace de malo, sino que no puede entender), y ese nerviosismo nos lleva a quebrar nuestra relación, hacernos mal, maltratarnos”, afirma y reconoce la impotencia de no poder hacer más por ellos.

Entre las respuestas se escucharon las voces de otras madres, igualmente preocupadas por lo que los chicos están perdiendo en este año sin clases presenciales. “Para todos los chicos del mundo la escuela es mil veces más que simplemente completar los contenidos curriculares del año”, escribió @anitaSkywalker, señalando la importancia de este tema.

Ella sumó un ingrediente más al debate: “Y vos, amigo, qué pensás que los que pedimos que abran las escuelas ya no aguantamos a nuestros hijos en casa, te cuento. Yo tengo asma leve y MUCHO miedo de contagiarme COVID. Pero más miedo tengo de que mis hijas terminen con depresión. O medicadas por ansiedad. Si vos creés que la paternidad es elegir lo que nos queda más cómodo a los padres, no tenés ni la menor idea de lo que significa ver sufrir a un hijo y dar hasta lo que no tenés para mejorar su situación, aunque sea un poquito”, concluyó.

Ir Arriba