¡Y me mando con todo!", dice. Y dice, además, otras cosas: amor, pareja, sexo, éxito, fracaso, hijos, códigos, y "mi gusto por vivir en el riesgo, sin planes, y con las valijas hechas". Persona y personaje, vale la pena conocerla." /> «Por culpa del feminismo, a los hombres les toca vivir lo peor de la vida» – GENTE Online
 

"Por culpa del feminismo, a los hombres les toca vivir lo peor de la vida"

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"Por miles de años, y sin muchas variantes, los hombres fueron proveedore
s,

cuidadores, protectores de las mujeres. Pero de pronto, allá por la mitad del
siglo veinte, por un concepto errado (creo) del feminismo, les arrancaron de
cuajo esos roles. Hoy les cuesta cada vez más ganar su sustento, y las mujeres
les reclaman cada vez más algo que ni siquiera saben qué es. Resultado: les toca
vivir lo peor de la vida. Se nos impide, a ambos sexos, pensar que si no
caminamos juntos, todo es imposible. Entonces, todos somos desdichados."

Promete, la mujer que nació en Entre Ríos, filmar una película sobre este tema.
Guión propio, dirección propia. Título: El buen destino. Entonces le pregunto si
con alguno de sus hombres (un primer y remoto marido, luego Gerardo Romano,
luego José Sacristán) logró ese equilibrio. Dice, rotundamente, que no. Y
también le pregunto si hoy, ahora, esta misma noche, está sola. Dice,
rotundamente, que sí. Insisto:

-¿Qué pretende de un hombre, Benedetto?

-Que me agarre de la mano, me diga: "Dale, caminá, volá, y si te rompés el alma,
volvé, y yo te agarro de la mano otra vez, y te digo lo mismo que antes".

-¿No sucede nunca?
-No. Por lo general, cuando volvés, te dicen: "¿Viste? ¡Yo te avisé! Ahora, jodéte".

-¿Usted es un puro producto televisivo? Porque me acuerdo de Rosa de lejos, de
Rolando Rivas y su Matilde, aquella cuñada sensual, en viso negro, que chupaba
mate todo el día…
-Soy un producto televisivo, sí. Pero me pasé cuatro años en Canal (á) haciendo
programas de los llamados culturales (Querida Leonor y Juego de opuestos), y…
¡ganando nada! Bueno, nada no: ganando mucho en desarrollo personal. Aunque le
parezca una frase (problema suyo…), me gusta empujar los límites del cielo y del
horizonte. Más alto, más lejos…

-Hable de Amanda, su personaje en Padre Coraje.
-Amanda tiene toda la seducción femenina (no discrimina: seduce a todos los
hombres), toda la ternura de una madre, quiere todo el poder masculino, y exhibe
desvergonzadamente lo que es: una tipa claramente inescrupulosa.

-¿Le cuesta hacerlo?
-No. Soy actriz (bastante buena actriz), ¡y me mando con todo!

-¿Y cómo prepara las fuertes escenas eróticas?
-Muy fuertes, sí. Normales en el cine, pero algo fuera de límite para la
televisión. Las preparo hablando muy, muy seriamente con mis compañeros y con el
director. ¿Por qué? Porque sin ese acuerdo previo, el sexo se ve sucio, o -peor
todavía- se cae en una ridícula estilización de lo sexual: cuerpos divinos pero
esfumados, horribles jadeos falsos, etcétera. El sexo real no es eso. Es
bastante menos estético y bastante más violento…

-¿Por eso creció el personaje de Amanda?
-Quizá porque soy una francotiradora. Pero nunca se sabe por qué crece un
personaje. Es un misterio. Ni siquiera el talento es una garantía. La gente
elige, también por razones misteriosas, y está bien: después de todo, la última
palabra es de ellos.

Le pregunto, a la mujer, por qué se fue a España allá por el 85, cuando las
cosas le rodaban bien. Me dice: "Porque estaba dejando de ser honesta conmigo y
con mi carrera. Estaba haciendo horrorosas películas comerciales como Las lobas,
por ejemplo. No tengo nada contra lo comercial, pero sí cuando el producto está
generado sólo para que gane guita el productor".

-¿Cuándo sintió el clic, cuándo le cayó la ficha?
-En la oscuridad del cine, viendo Las lobas, sentí que estaba rompiendo el pacto
de honradez con mis ancestros. Con mi abuela Luisa, con mi abuelo Lorenzo, con
Honoria, mi madre (que murió hace unos pocos meses).

-La infancia. A la larga, todos caemos en la infancia, Benedetto. ¿Puede
contarme la suya en pocas palabras?
-Pan fresco, manteca, café con leche. En la casa de mi abuelo dormía entre
sábanas de hilo tan, tan zurcidas, que eran más zurcidos que sábanas. No había
más que para pan con manteca. No para torta ni para queso. Pero me dormía con el
porrón de barro lleno de agua caliente en los pies, y no necesitaba -¡ni
quería!- nada más. Y después, los códigos. Mi abuela, al morir, hubiera ido
caminando hasta el cementerio… para no molestar.

-¿Todo tiempo pasado fue mejor?
-No. No barro cosas de ayer para que entren cosas de hoy. Tengo computadora (y
lo celebro), pero también escribo con lápiz en un cuaderno de dos pesos. Soy…
¿cómo decirlo? Como esas muñecas rusas: una niña, una adolescente, una adulta, y
espero la vejez con curiosidad. No con urgencia, pero con curiosidad.

-Tres hijos tiene, Benedetto. ¿Me los presenta?
-María Antonieta, 33 años. Nicolás, 30. Marcos, mi hijo adoptivo, 21. María
Antonieta -bailarina- es bella, inteligente y sensible. Nicolás es director de
cine -estudió en Londres- y ya filmó su primer largo. Y Marcos trabaja en
producción de tevé.

-¿La quieren?
-¡Me adoran! ¡Nos adoramos! Mis hijos son mi mayor éxito.

-¿Y usted tiene conflictos con el éxito? Me parece que sí…
-El éxito -sobre todo ese éxito grosero que da la televisión- es un dedo de
Dios. Te toca, pero al mismo tiempo te pregunta: "¿Te la vas a creer?"

-¿Por qué adoptó un hijo?
-El me adoptó a mí... Fue en los días de ese éxito que me daba vergüenza (Las
lobas, etcétera…). Tal vez como catarsis, fui a trabajar como voluntaria a la
Casa Cuna, apareció Marcos, que tenía dos años y medio, y un día me dijo:
"Llevame con vos". Fue como si un hombre me dijera "Casate conmigo": una
propuesta que al menos debe ser considerada… Me pregunté si había alguna razón
para negarme, y no la encontré.

-¿Lo consultó con sus otros hijos?
-No. Simplemente pensé que un día iban a agradecérmelo, y que los cuatro, con el
tiempo, seríamos mejores personas.

-De paso… ¿cómo crió a esos niños?

-Con libertad y hacia la libertad. Cuando Nicolás tenía 20 años y decidió irse a
Londres a estudiar cine, lo acompañé al aeropuerto de Barajas, empezó a llorar,
y me dijo: "Tengo miedo". Y yo, también llorando, le dije: "Sí, pero tenés que
irte".


-¿Por qué volvió de España? ¿Por la ruptura con Sacristán?
-No. Estudié cine con Pilar Miró, tuve ofertas para trabajar como guionista,
pero sentí, de un modo casi irracional, que debía volver.

-¿Nostalgia porteña?

-No. Yo no soy de demasiado tango, demasiado dulce de leche y demasiado
obelisco. Volví, filmé Un lugar en el mundo, que fue un éxito, y me fui
quedando. Y hace dos años, cuando las cosas se pusieron tan feas, podría haberme
ido, pero…

-¿Masoquismo, Benedetto?
-No. Me gusta estar en lugares difíciles. ¡En Suecia me moriría!

-¿La atropelló el corralito?
-Me cansé de oír el mismo libreto de la mayoría: "Yo no voy a ser el único bol…
que pone dinero en un banco argentino"
. Y decidí ser la primera bol… que lo
puso.

-¿Y después de Amanda, qué?
-No sé.

-Mire que veinte puntos de rating no se dan todos los días...
-Sí, pero alguna vez es necesario -y muy sano- no tenerlos. ¿Para qué? Para
volver a ordenar las células. Para volver a poner los verdaderos valores en su
lugar.

Ahora que terminó de leer, si tiene tiempo, ganas y tentación, arme su propia
Benedetto. Eso sí: el redactor no se hace responsable de posibles fantasías
sexuales. Si lo acosan, pásele la cuenta a Leonor y al fotógrafo. El redactor ya
pidió un taxi, y se fue.

Seducción a toda vela… y con fuerte viento a favor. ¿Qué quiero de un hombre? Que me diga: dale, caminá, volá, y que si me caigo, vuelva a tomarme de la mano."">

Seducción a toda vela… y con fuerte viento a favor. "¿Qué quiero de un hombre? Que me diga: dale, caminá, volá, y que si me caigo, vuelva a tomarme de la mano."

El marco: uno de los salones del <i>Four Seasons</i>. El cuadro: Benedetto con la valija lista. No hago planes. Me gusta el riesgo. Por eso volví al país. ¡En Estocolmo me moriría!"">

El marco: uno de los salones del Four Seasons. El cuadro: Benedetto con la valija lista. "No hago planes. Me gusta el riesgo. Por eso volví al país. ¡En Estocolmo me moriría!"

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