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Patinando por un sueño

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Primero fue El caño, luego el Stripdance, otra vez El caño –en su versión recargada–, y cuando parecía imposible que la pantalla hiciera subir aún más la temperatura del prime time, aparecieron ellas –21 cuasi gladiadoras modernas– para aceptar el nuevo desafío: Patinando por un sueño. En la helada pista de 300 metros cuadrados montada en los estudios de Ideas del Sur, jueves y viernes, y acompañadas por sus soñadores, las chicas saldrán a demostrar las habilidades adquiridas en los últimos meses a fuerza de porrazos y moretones. No olvidemos que esta Guerra del Hielo ya tuvo su primera baja antes de comenzar: Cecilia Oviedo, flamante ex de Nito Artaza, verá el show por televisión, mientras se repone de fracturas múltiples de tibia y peroné.

Alea jacta est” (“la suerte está echada”) dicen que dijo Julio César hace unos dos mil años antes de cruzar el río Rubicón para dirigirse hacia la capital imperial y enfrentar al Senado romano. “Alea jacta est”, podrían exclamar –si dominaran el latín– estas 21 chicas antes de salir a dibujar la congelada arena de ShowMatch. Ya están divididas en dos bandos bien diferenciados, claro que sin la ingenuidad de las teens de Patito Feo: Las Divinas –rubias– son Jésica Cirio, Eliana Guercio, Claudia Albertario, Gladis Florimonti, Fernanda Vives, Wanda Nara, Natalia Fava, Evangelina Anderson, Jésica Cusnier y Belén Francese. Y en este rincón… Las Populares –morochas ellas–, con Luli Fernández, Ximena Capristo, Marixa Balli, Marina Calabró, Mariana de Melo, Anita Martínez, Victoria Vanucci, Evangelia Carrozzo y Valeria Archimaut. En el centro, y luciendo su roja cabellera, Analía Franchín, por ahora al margen de ambos “ejércitos”.

EL CAMPO DE BATALLA. La planta enfriadora que mantiene la pista helada es impulsada por doce motores que alimentan más de siete kilómetros de cañería. Allí, después de cada presentación en pareja, un tractor alisa la superficie –operación indispensable a fin de evitar caídas– para la siguiente performance. Y emulando al circo romano, al costado se ubicarán los encargados de subir o bajar el pulgar después de cada actuación. El implacable jurado estará integrado por Reina Reech, Florencia de la V, Laura Ubfal y Marcelo Polino.

Los ensayos comenzaron a principios de año, y en total fueron 14 los coachs que se sumaron al desafío en patines, todos ellos coordinados por Martín Virasoro. “Mi consejo para los que se animan es que tengan paciencia, continuidad y mucha tolerancia con la pareja. Como todo deporte, hay que estar preparados física y mentalmente. Las prácticas no duran más de dos horas, por la exigencia que implican. Todos piensan que es fácil, pero la realidad es lo contrario”, cuenta Luli Fernández desde su experiencia lograda con innumerables aterrizajes forzosos sobre el hielo.
El patinaje tiene sus códigos ineludibles: mirar hacia adelante, flexionar las rodillas, comenzar caminando, evitar el uso de los dientes de la cuchilla y –lo más importante– no pensar en los futuros golpes. “Me costaron mucho los mojos– explica Mariana de Melo–. Consisten en ir hacia atrás haciendo figuras. Me caí un millón de veces, pero me levanté un millón y una”.

Siempre es bueno contar con una mano que te sostenga. Al menos ésa es la conclusión a la que llegó Analía Franchín. “Me resultaron fáciles los trucos con Diego, mi pareja –cuenta la colorada–. Tal vez me cuesta más el momento en que debo patinar sola”.

Son varias las chicas que encararon el desafío bien en serio. “Durante todo este tiempo tomé clases de mil cosas: ballet, elongación, gimnasia… –enumera Victoria Vanucci–. Pienso ganar. Con esa mentalidad, todo se te hace más fácil en la vida”. Consejo para las rivales: no se crucen en el camino de esta patinadora… Ni en el de Marixa Balli –que ya sumó dos costillas fisuradas a modo de heridas de guerra–, una morocha dispuesta a todo: “Cuando me caigo, sólo pienso en salir adelante y con la frente bien alta”.

Faltan apenas horas para el inicio de la batalla. ¿La vencedora? Recién se conocerá a fin de año. Pero lo que sí es seguro es que ninguna saldrá ilesa. Ya sea por ser víctima de los filosos patines… o de las filosas lenguas. Porque en la guerra y en el amor todo vale.

La suerte está echada. Curvas (algunas naturales, otras no tanto), garras, celos y altísima competencia sobre hielo. Luego de ocho meses de entrenamiento, ellas están listas para mostrar junto a un soñador sus destrezas sobre los patines. Algunas, como Cecilia Oviedo –con fractura de tibia y peroné y ¡ocho clavos!–, se quedaron congeladas antes de empezar.

La suerte está echada. Curvas (algunas naturales, otras no tanto), garras, celos y altísima competencia sobre hielo. Luego de ocho meses de entrenamiento, ellas están listas para mostrar junto a un soñador sus destrezas sobre los patines. Algunas, como Cecilia Oviedo –con fractura de tibia y peroné y ¡ocho clavos!–, se quedaron congeladas antes de empezar.

“El patinaje tiene sus códigos ineludibles: mirar hacia adelante, flexionar las rodillas, evitar el uso de los dientes de la cuchilla y –lo más importante– no pensar en los futuros golpes”

“El patinaje tiene sus códigos ineludibles: mirar hacia adelante, flexionar las rodillas, evitar el uso de los dientes de la cuchilla y –lo más importante– no pensar en los futuros golpes”

Doce motores alimentan los siete kilómetros de cañería que hielan la pista de 300 metros cuadrados. Marcelo –junto al productor ejecutivo, Federico Hoppe–, no dejó un solo detalle congelado al azar.

Doce motores alimentan los siete kilómetros de cañería que hielan la pista de 300 metros cuadrados. Marcelo –junto al productor ejecutivo, Federico Hoppe–, no dejó un solo detalle congelado al azar.

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