“Pasé por todas, pero encontré mi camino” – GENTE Online
 

“Pasé por todas, pero encontré mi camino”

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Y bien. Aquí estoy. Frente a mí misma, como si estuviera frente a un espejo. Es hora de interrogarme. De saber más de mí. De saber quién soy, qué quiero, a dónde voy. ¡Qué difícil es este juego que me propusieron! Arranco.

Me pregunto, me contesto. Y no voy a omitir nada. Es el momento de la verdad.

–¿Qué cualidades me interesa desarrollar más?
–La honestidad y el respeto. La honestidad, porque me garantiza lealtad, responsabilidad, integridad. Y si estoy íntegra me siento auténtica.

–¿Qué sentimiento negativo me irrita?
–La soberbia. El creerse mejor que el otro. La detesto, porque es la llave que abre muchas otras faltas. Además, es tramposa: se oculta tras el disfraz de la sabiduría, la justicia, la generosidad...

–¿Cómo juzgo la vanidad?
–Como corruptora. En exceso, corrompe.

–Mi carrera fue muy cambiante, camaleónica. ¿Soy contradictoria?
–Tengo puntos contradictorios, sí. Pero me obligan a predicar con el ejemplo, por mis hijos. Fui madre a los dieciocho años. A esa edad se cometen muchos errores…

–¿Llegar a ser actriz fue suerte, casualidad, dura lucha?
–Supe aprovechar mis oportunidades y capitalizar mis experiencias. Mi carácter me llevó (y me lleva) a buscar nuevos caminos y nuevos horizontes. Más que contradicción, eso es versatilidad: nunca me resistí al cambio.

–¿Cuál es el mensaje clave para mis hijos?
–Transmitirles coherencia entre lo que digo y lo que hago. Quiero que Federico –que ya tiene 16– y Victoria –de sólo 4 añitos– vayan por la vida con confianza en sus fuerzas y que se arriesguen por sus ideales.

–¿Cómo y por qué me reinventé?
–Gráficamente… ¡pegué un volantazo! Pero en “el afuera” se ve como algo muy elaborado. Y no fue así. Ganó mi intuición, y cambió mi actitud ante la vida y el trabajo.

–¿Tuve miedo de equivocarme?
–No, porque siempre fui muy libre, y la libertad exige elegir con inteligencia. Fui práctica, responsable, y nunca creí en el fracaso. Me dije: “Si lo que hago es genuino, vale”. Y valió la pena.

–¿Soy histriónica?
–Histriónica… ¿o histérica? Ja ja ja... Desde chica tengo mucho dramatismo, un despliegue exagerado de emociones. Necesito que se fijen en mí, y que me aprueben. Sí: soy histriónica.

–¿Le reprocho cosas a mi pareja?
–¿Reproche tipo “me prometiste vino y poesía, y me das cerveza y televisión”? ¡No! Jamás. Con los años aprendí a pedir y a dar con sensatez. En parte, gracias a la terapia…

–¿Soy feminista?
–No. Pero es imposible darles la espalda a los grandes cambios. Hoy, el modelo social exige mujeres exitosas, y los hombres tuvieron que aprender a convivir con eso. Creo que el gran logro Hombre-Mujer es asociarnos.

–¿Qué pongo en juego en esta profesión?
–Necesitás ser original, creativa, libre de prejuicios y muy lúcida. No dejarte arrastrar por nada que te atrofie la capacidad de emprender algo nuevo. Y amar lo que hacés.

–¿Hay una fórmula para gustarle al público?
–No. Se es o no se es. Se tiene o no se tiene lo que hay que tener. Es un gran misterio.

–¿Qué lugar ocupa en mi vida el humor?
–Es mi forma de comunicarme, de relacionarme relajada y distendida. Soy de naturaleza disparatada. El humor de mi padre era ácido, cínico, pero convertía las cosas graves en livianas y llevaderas. En cuanto a mi relación con Diego (Olivera), el humor fue protagónico: salvó grandes diferencias entre nosotros, y fue una poderosa arma de mutua seducción.

–¿Cuál es mi concepción sobre la estética?
–Es el buen envase. El espejo. Lo que nos hace sexys, o extravagantes, o sencillas, o frescas, o exóticas. Pero no puedo impactar estéticamente todo el día. En casa uso jeans, zapatillas, y ando a cara lavada.

–¿Me gusto?
–Nooo… Bueno: a veces sí y a veces no. Pero al juzgarme... ¡siempre me doy con un caño! Tenía complejo de nariz, pero se fue gracias al doctor Daniel Grilli, que es un genio. Me hizo un retoque en la punta y me siento mucho mejor.

–¿Tengo mucho ego?
–Lo tengo cortito. No soy de las que se miran al espejo hasta en las vidrieras…

–De verdad, ¿qué es la belleza para mí?
–La belleza varía según la época y la cultura. Es la primera atracción, pero no el valor eterno. Atrae más la personalidad, la originalidad, la actitud,
lo natural, lo genuino.

–Cuando llego a un lugar, ¿qué es lo primero que perciben de mí, qué transmito?
–Huelo rico… Amo los buenos perfumes. Diego, por pedido mío, saqueó todos los free shops.

–¿Siento dudas recurrentes?
–Cada año me digo: “Para mi cumpleaños, tiro la casa por la ventana”. Pero cuando falta una semana me retobo, me arrepiento y no hago nada, nada, ¡naaadaaa!

–¿Eso es ciclotimia?
–Sí, un poco.

–Estoy a punto de cumplir 35, el 19 de junio. ¿Son muchos, pocos, buenos, malos, regulares?
–Suficientes, y muy intensos.

–¿Un sueño recurrente?
–Las máquinas que demuelen edificios. Es raro…

–¿Cuánto hay de frivolidad en mi vida?
–No se puede ser profundo todo el tiempo, porque te cargás de modo absurdo. Un toque de liviandad me ayuda a ponerle el acento a lo que creo que lo merece.

–¿Cómo encaro el amor?
–Hay que aprender a amar. No es fácil ni cómodo, pero te hace mejor persona.

–¿Existe el amor eterno?
–Sí. El incondicional: el que sentimos por los hijos. El de pareja puede ser eterno, pero cada día hay que reciclarlo. Es como un juego de cartas: se mezcla y se vuelve a dar...

–¿De qué manera vivo el sexo?
–Podría dar una definición común, trillada. Pero es algo tan íntimo que quiero ser muy cuidadosa en la respuesta. El sexo se aprende. Su paleta de colores es infinita, y depende de nosotros matizarlo, combinarlo… o convertirlo en un mamarracho. En el sexo también juega el talento.

–¿Fantasías?
–Hace tiempo que no contesto esta pregunta en voz alta. Antes era muy bocona. Opinaba en crudo, sin tabúes, sin prejuicios. Pero con Diego aprendí a resguardar nuestra intimidad. En cuanto a las fantasías, la palabra lo dice: no son realidad, no son llevadas a la práctica.

–¿Qué recuerdo del tiempo en que estuve separada de Diego, él en México y yo acá?
–Que tuvimos el valor de afrontarlo, y permitimos que cada uno creciera sin que el otro le cortara las alas. La ausencia fue peor para Victoria, que tenía dos añitos… Jugamos una carta muy fuerte: el compromiso que teníamos, lo que armamos juntos, lo que nos unía, el proyecto familiar, el humor, las batallas ganadas o perdidas. Todo eso fue más fuerte que la distancia. Cada uno creció, y también creció nuestra pareja.

–Mi hijo Federico ya tiene dieciséis años y es más alto que yo... ¿Qué me sugiere ese dato?
–Un amor infinito por la vida. Fede es sensible, inteligente, y estoy orgullosa de él. Verlo hecho un hombre me amiga con el paso del tiempo.

–¿Y ver crecer a Victoria?
–Tiene cuatro años, y subraya mi lado femenino. Me conoció más madura como madre, y también exacerbó mi zona infantil. Nos emocionamos juntas viendo Cantando bajo la lluvia o Encantada. Ella es más concreta que yo a su edad.

–¿Me pesa el correr del tiempo?
–No… Lo llevo bien. Sé encontrar mi lugar en la manada. Pero como soy joven, no tengo perspectiva de lo que viene. De todos modos, la carrera contra el reloj es siniestra: ¡siempre nos gana! Por ahora no me anoto. Y cuando sea muy vieja, me gustaría decirle al espejo que aprendí, que no transé, que fui intensa, que fui feliz…

–¿Me siento parte de la farándula?
–Nací en este medio. Dormí en camarines desde que era una bebita. Soy del palo y pasé por todos los géneros: bailarina, cantante, vedette, actriz. Me manejo con los códigos que me enseñaron desde chica. Conozco el lado malo de este mundo, pero también su lado maravilloso. Los artistas necesitamos afecto, aprobación,
mimo al ego, y eso no debe ser confundido con careteada.

–¿Por qué hago terapia?
–Porque me conecta conmigo en mi estado más puro. No quiero persuadir ni engañar a mi terapeuta: frente a él, mi honestidad es brutal. Con los años entendí que no soy el ombligo del mundo. Sigo haciendo terapia porque una vida tan intensa deja secuelas, y quiero ser lo más cuerda posible. Mi locura es para el escenario.

–¿Qué me pregunta mi cerebro?
–Por qué no aproveché mi mote de sex symbol. Le contesto que jamás registré ni me hice cargo de eso. Creí que aquella rubia platinada que fui… era otra persona. Me disocié.

–¿Qué me pregunta mi cuerpo?
–También hizo terapia, para ubicarse bien en la vida. Hace siete años fue el gran disparador de mi evolución, y hoy me ayuda a reconocerme en un espejo más real. Me acerca a mi esencia.

–¿Balance?
–Pasé por muchos tiroteos… pero sigo ilesa. Estoy en el reposo del guerrero, pero con adrenalina y mucha pasión. Me mudé del Lejano Oeste… ¡a la Casita de la Pradera!

Agradecimientos: Verónica de la Canal,
Ricky Sarkany y a Lara Bernasconi.

Mónica, como un eco de la corte de los Luises. Para su auto-reportaje eligió parecer María Antonieta: un misterio, acaso dictado más por la belleza y la estética que por el trágico fin del personaje.

Mónica, como un eco de la corte de los Luises. Para su auto-reportaje eligió parecer María Antonieta: un misterio, acaso dictado más por la belleza y la estética que por el trágico fin del personaje.

“Trabajé como bailarina, cantante  y vedette. Fui camaleónica por dentro y por fuera, tuve el pelo de todos los colores hasta rubia platinada. Para llegar a ser actriz tuve que transitar un camino lleno de decisiones que defendieran  mi vocación. Fui firme y fuerte  para hacerme  un espacio, y creo haberlo logrado”

“Trabajé como bailarina, cantante y vedette. Fui camaleónica por dentro y por fuera, tuve el pelo de todos los colores hasta rubia platinada. Para llegar a ser actriz tuve que transitar un camino lleno de decisiones que defendieran mi vocación. Fui firme y fuerte para hacerme un espacio, y creo haberlo logrado”

“Cuando Diego  viajó a México, la distancia se nos hizo cuesta arriba. Fue difícil pasar esa etapa, pero fuimos inteligentes y nos permitimos crecer, no nos cortamos  las alas. El amor  a los hijos, y hasta nuestro sentido  del humor, ayudaron  mucho”

“Cuando Diego viajó a México, la distancia se nos hizo cuesta arriba. Fue difícil pasar esa etapa, pero fuimos inteligentes y nos permitimos crecer, no nos cortamos las alas. El amor a los hijos, y hasta nuestro sentido del humor, ayudaron mucho”

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