“Parecemos Adán y Eva, ¡comiéndonos un cajón de manzanas!” – GENTE Online
 

“Parecemos Adán y Eva, ¡comiéndonos un cajón de manzanas!”

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El alba se cuela, lenta y sutil, por los ventanales de una de las suites más glam del hotel Riu Palace Cabo San Lucas, en la costa mexicana del Pacífico; que, azul y cristalino, es lo primero que ve la pareja. Una hora de remoloneo, media en el jacuzzi de la terraza contemplando el arco del Cabo San Lucas, y a las ocho, desayuno: una fuente de frutas tropicales, mientras hablan con GENTE.

¿Un paraíso?
–Uno no: “el” Paraíso –dice ella.

¿Cómo es la rutina en el Paraíso?
–Cambia todos los días, y cada uno es mejor que el anterior –dice él.

¿También cambia la vida?
Florencia: Cambió antes, en el atardecer del 1º de noviembre, mientras me sacaban fotos en el Alvear Palace…

¿Qué pasó?
–Miré por la ventana y sentí que una Florencia moría… y otra nacía.

¿Cuál moría?
–La ingenua, la peleadora, la adolescente que tanto había sufrido para encontrar la felicidad.

–¿Y cuál nacía?
–Una más sabia, que quiere enfrentar la vida de otro modo, intensamente y rodeada por la gente que quiero… y que me quiere. Nada más…

Mientras ella habla y él sigue tentándola con nuevas frutas de colores casi imposibles, los ojos se pierden hacia el jardín del hotel: más de 32 mil metros cuadrados acaso urdidos, desde el más allá, por el paisajista que trazó los del Palacio de Versalles.

–¿Por qué tenía que morir aquella Florencia?
–Porque el camino de sacrificios y prejuicios que soporté fue demasiado largo y demasiado injusto. Necesité más de diez años en el mundo del espectáculo para probar quién soy.

–¿Y ahora, hoy?
–En este momento, el gran toque final: estás haciéndome la primera nota como la mujer del señor Goycochea.

–¿Fueron años tan arduos, Pablo?
–Muy difíciles, sí. Pero siempre la acompañé, la apoyé, creí en ella, y estoy orgulloso de ella.

–¿Cómo fue la noche de bodas, Flor?
–Nos fuimos del Tattersall, de la fiesta, unos minutos antes de las siete de la mañana, y llegamos a la misma suite Royale del Alvear donde había pasado toda la tarde preparándome. Y una vez allí, todo fue perfecto. Me sentí una princesa… Pensá que esa suite está destinada a reyes y presidentes… Se respira romanticismo.

–¿Qué honores le rindieron al romanticismo?
–Habíamos bailado toda la noche, pero lejos de estar agotados, las energías estaban intactas… ¡y aumentaron!

–Caramba…
–Pablo me entró a la suite en brazos, y después…

–Suspenso…
–Lo sorprendí con un conjuntito de novia de Victoria’s Secre, y (larga pausa)... Bueno, después del después, dormimos hasta el mediodía, almorzamos, y a la tarde nos fuimos del hotel, porque el lunes teníamos que preparar las valijas para viajar el martes.

–¿Cómo fue esa vuelta a casa?
–Recién pude relajarme…

–¿Por qué tanta tensión?
–Pensá: fijar la fecha de la boda, combinar días y horarios, porque nunca paré de trabajar (soy adicta al trabajo, bien lo sabés…). Por suerte, Marcelo Tinelli me entendió y me dio licencia en Patinando por un sueño… ¡Hacía años que no me tomaba quince días de vacaciones!

–Pero la playa fue una buena revancha…
–Más o menos. Dos semanas en la playa sin hacer nada, para mí es fatal. Por eso compensamos esa calma con un shock: nos vamos a Las Vegas a ver shows. Del gran silencio al gran ruido, del sol al millón de luces artificiales. Además, tenía que huir de Patinando…

–¿Por qué?
–Porque hay un virus de embarazo… ¡Imagináte si me atacaba ese virus! (se ríe, corta una papayuela y una guayaba, y un mozo le sirve más jugo de otras exóticas frutas).

–¿Cómo fue la entrada a la suite de Los Cabos?
–¡Todo es tan perfecto y original…! Abrís la puerta del dormitorio, y en la cama te esperan dos cisnes hechos con toallas, como esculturas. Te sentís una megastar.

–¿Qué hacen después del desayuno?
–Nos vamos a las chozas de la playa, donde hacen masajes. Nos tratan tan bien, que cuando volvamos vamos a parecer bebés sietemesinos…

–¿Segundo paso?
–Almuerzo: cangrejos, pescados, sushi… Y después de los postres planeamos las excursiones. Cada rincón es increíble. Nos sentimos Adán y Eva, pero no comiéndonos una manzana: ¡comiéndonos un cajón!

–¿Shopping?
–Sí, en Puerto Paraíso, que es el corazón del cabo San Lucas. Como soy una fanática de la cultura mexicana, compré algunos adornos para decorar nuestra casa: soles, aros, anillos de plata, piedras energéticas y unas mantas mexicanas para hacerme un vestido y ser como Frida Kahlo.

–¿Qué sorpresa le diste, Pablo?
–El jueves la esperé en el jacuzzi de la terraza de nuestra suite, con flores y champagne. Tenía que responderle con una sorpresa, porque ella me deslumbró con la ropa interior que había preparado para la luna de miel.

–¿Sólo un conjunto sexy, Flor, o…?
–¡No! Un conjunto distinto para cada noche. Me encanta la lencería… y encantarlo a Pablo con ella.

–¿Hubo un viernes muy especial?
–Más que especial: mágico.

–¿Cómo fue?
–Viajamos en moto de agua hasta el Arco del Fin de la Tierra, y al llegar me sentí radiante y tuve ganas de gritar a cuatro pulmones… Cuando vas en moto por la marea, la adrenalina te explota. Después, un paseo en barco, y desembarcamos en la Playa del Amor…

–Parece el nombre de una serie norteamericana de los años sesenta…
–No sabés… Te juro que ninguna pareja del mundo tendría que perderse ese atardecer. Nunca vi una puesta de sol igual. Además, el agua es cristalina, las playas son vírgenes, y el Golfo de California es el acuario más grande del mundo. ¡Los peces de colores nos rodeaban! Me sentí hipnotizada…

–Terminado este tour por el Paraíso, ¿qué sigue?
–Ojalá siga igual que este cuento romántico. Porque con Pablo formé la familia que siempre quise, y ahora soy otra persona…

–¿En qué sentido?
–En el mejor. Antes no podía relajarme, vivía atormentada, nada me hacía del todo feliz, y hasta me peleaba con Pablo por pavadas, pero desde la boda me siento realmente…

–¿No encontrás la palabra justa?
–Sí, sí: acabo de encontrarla. Me siento liberada. Esa es la palabra. Liberada, en paz, con un gran amor hacia Pablo. Nos comprendemos, y queremos estar juntos toda la vida.

–¿En qué se parecen la Florencia de ayer y la de hoy?
–En creer que nada es imposible. Y se me dio: encontré a Pablo, que es lo mejor que me pasó en la vida. Bueno, te dejo…

–¿Por qué?
–Porque acá anochece muy temprano, y quiero exprimir hasta la última gota lo que queda del día.

–¿Qué vas a ponerte esta noche?
–Misterio. Si te cuento, se rompe el hechizo.

En los siete días que vivieron en Los Cabos se animaron a todo. Aquí,en moto de agua hasta el Arco del Fin de la Tierra. “El agua es cristalina, se ve el fondo del mar y los peces de colores nos rodeaban”, cuenta Florencia.

En los siete días que vivieron en Los Cabos se animaron a todo. Aquí,en moto de agua hasta el Arco del Fin de la Tierra. “El agua es cristalina, se ve el fondo del mar y los peces de colores nos rodeaban”, cuenta Florencia.

Días bucólicos, sí. Pero según Florencia, “más de una semana haciendo vida de playa y en ocio absoluto me mata… Por eso después nos fuimos a Las Vegas a ver los shows”, dijo.

Días bucólicos, sí. Pero según Florencia, “más de una semana haciendo vida de playa y en ocio absoluto me mata… Por eso después nos fuimos a Las Vegas a ver los shows”, dijo.

Eso es lo que espera Florencia de este paso y esta pareja. “Hace diez años que estamos juntos. Nunca pensamos que duraría tanto, pero Pablo resultó lo que yo había esperado siempre. El 1º de noviembre me cambió para siempre”. Aquí, en la Playa de los Enamorados.

Eso es lo que espera Florencia de este paso y esta pareja. “Hace diez años que estamos juntos. Nunca pensamos que duraría tanto, pero Pablo resultó lo que yo había esperado siempre. El 1º de noviembre me cambió para siempre”. Aquí, en la Playa de los Enamorados.

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