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"Para tratar a Diego hay que sacarle el traje de Dios"

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-¿Tienen éxito en la Argentina las terapias para adictos?
-Si me permite, antes
le diré qué pasa en el mundo.

-Adelante.
-Hay un retraso en políticas públicas con respecto a la adicción. No hay
suficientes camas para internar adictos y hay pocos centros ambulatorios. Y esto
arranca desde la enseñanza: las adicciones son un tema que se estudia
superficialmente. Me acerco a su pregunta: la Facultad de Medicina de la UBA
enseña sobre alcohol y drogas, algo que para nosotros viene en un solo paquete,
28 minutos en seis años. Lo que uno aprende en 28 minutos no sirve para hacer un
tratamiento de experto.

-¿Entonces…?
-Acá, partiendo de experiencias en Italia, se formaron comunidades terapéuticas.
Para mí, el modelo más valioso. Y se desarrollaron gracias a un personaje como
Carlos Novelli. Novelli era un dealer de Martínez, tenía un bar adonde iban los
muchachos del rugby a conseguir cocaína. Un día tuvo una transformación en los
Estados Unidos, él decía "un encuentro con Dios"; vino, empezó con los programas
y llegó a tener 400 camas para tratar adictos. La mayor parte de los programas
que hoy funcionan en la Argentina están emparentados con el Programa Andrés que
fundó Novelli.

-¿Y qué resultados tienen esos programas?
-Mire, la tasa de recuperación de quienes terminan el tratamiento es buena:
arriba del 70 por ciento. Claro, hay una trampa en este dato, porque muchos
abandonan.

-¿Cuántos?
-No se sabe, no hay estadísticas. Nosotros damos 400 becas para tratamientos
ambulatorios, y los estamos evaluando, y viendo de qué forma hacemos los
tratamientos más retentivos. En los mejores programas, que están en Colombia,
como los del Padre Gabriel Mejía en Medellín, dan tasas del 75 por ciento de
recuperación para quienes terminan, con un diez por ciento de recaída después de
cinco años. Quiere decir que es sólido.

-¿Cómo son los tratamientos?
-Muy normativos. El paciente tiene tareas; por ahí tiene que pelar 500 papas, lo
que parece una tortura. Pero no lo es. Tienen que domesticar la voluntad, y
ponerla al servicio del tratamiento.

-¿Funcionaría algo así con una personalidad como la de Maradona?
-En manos de alguien con muchísima experiencia, sí. A mí me preocuparía que lo
enviaran a un programa donde estuvieran experimentando, aprendiendo. Para
manejar a Maradona, el programa debe tener tantos años de experiencia como
Maradona tiene con la droga. Pero es un tema muy especial. Como Charly García o
cualquier tipo que está en situación de astro, la persona se viste con un traje,
el del personaje, y sacárselo es muy complicado.

-Entonces, ¿qué hace la comunidad terapéutica?
-No se rige por la bondad de la norma, sino por un principio: la gente va para
transformarse, para modificarse en profundidad, para no ser como viene siendo.
Hay que sacarle los tics, las costumbres, los malos hábitos, todo lo que sea ser
un chico malcriado. El sentido de la comunidad es ese: desarmar su vieja
personalidad.

-Antes nombró a Charly García. El estuvo con Novelli, y terminó huyendo.
-No llegó a estar. Novelli lo vio en Punta del Este y Charly vino con él a
Buenos Aires. Pero se supo, y cuando bajaron del avión los esperaban 50
periodistas. Se armó tal alboroto que no daba para hacer un tratamiento. Estuvo,
tocó la guitarra con los otros pacientes, después la tiró a la pileta y se fue.
Para mí, no hizo tratamiento. Estar en tratamiento implica esfuerzo, tiempo…

-¿Qué pasa cuando el paciente no quiere?
-La comunidad terapéutica no es autoritaria, pero es firme. Un paciente no puede
modificarla. Todos pelan papas, por ejemplo, todos cepillan las mesas, todos
arman una biblioteca en la carpintería. Básicamente, para enseñar que el mundo
no se modifica cuando uno aprieta un botón sino con un compromiso personal
importante.

-¿Sirve si, como se habla con Maradona, el tratamiento es compulsivo?
-Mire: no se puede tener confianza en el sistema por obligación. Pero hay muchos
que entraron a tratarse por la norma jurídica, y después no hizo falta, porque
siguieron ese camino. El adicto sabe que se tiene que tratar, aunque sea en un
cachito de su persona. Sabe que corre riesgos, y que puede tener un desenlace
complicado. No deja de ser consciente de su adicción, pero no puede dominarla.

-Ahora, cuando a su alrededor dicen que tomó frío, o que comió algo que le cayó
mal, ¿qué se puede hacer?
-Ahí, en su entorno, no hay firmeza. La hipótesis de tratamiento es otra:
dejemos que el paciente haga lo que quiera que se va a cansar y después va a
estar manejable. Y eso se hizo en la quinta.

-¿Qué sería tener firmeza?
-Cuando le digo firmeza, le quiero decir, por ejemplo, que en la comunidad
terapéutica, a las diez y media, se apaga la luz. Es inconcebible que un tipo
esté a las dos de la mañana jugando al golf. Además con frío, y después de una
neumonía. La comunidad le diría que no está cumpliendo el tratamiento, que se
vaya. La firmeza es imprescindible para tratar a Maradona, si queremos que esto
tenga un viso de realidad. Si no, le están diciendo que es un ser excepcional,
que haga lo que quiera. El médico le debe fijar pautas, decirle "no se jode
más
"… Si tengo un paciente que toma cocaína, y va a las carreras y se gasta el
dinero de su empresa, no lo puedo seguir acompañando a las carreras, ¿se
entiende? Si no hay normas, no hay programa; si no hay programa, no hay
tratamiento.

-¿Cómo se maneja la abstinencia?
-La abstinencia revela lo que hay en el adicto sin la droga. Cuando está con
droga, está exaltado pero no desesperado. Cuando viene el bajón, la droga lo
traiciona. En la excitación tendrá algo que en inglés se llama craving, y es la
desesperación por volver a tener droga. Ahí, para mí lo mejor es la psicoterapia
grupal. Que viva esa situación con gente que ya pasó por eso. No sólo porque le
explican que ellos pasaron por eso, sino porque en las comunidades hay técnicas
de trabajos corporales, con música, no farmacológicas, que pueden reducir tanto
los picos como el bajón. Con eso, en un mes el síndrome de abstinencia se reduce
considerablemente.

-¿Tener al paciente sedado simplemente, es adecuado?
-Sólo para evitar que haga destrozos, pero no se avanza. En una época, en
psiquiatría se usaba la cura de sueño. Por ejemplo, un tipo se quería tirar de
un techo, y lo hacían dormir 20 horas por día. Durante un mes, la familia y el
médico estaban tranquilos. Cuando despertaba, preguntaba dónde había un techo.
Para mí, si a Diego se lo quiere tratar individualmente, es mucho más complicado
que si lo ponen con seis pacientes más. Porque el otro le dice: "Yo también
quería romperme la cabeza contra la pared"
.

-En el caso de Maradona, ¿quiénes serían los otros seis? Porque Diego genera una
idolatría demasiado grande…
-Bueno, por eso yo aconsejé que se tratara afuera, porque la mirada de los demás
es menos potente en el exterior. Acá nos volvemos locos. Le dicen que es Dios;
eso no lo ayuda. Para tratar a Diego hay que sacarle el traje de Dios. Lo
primero que hace el tratamiento es bajar el personaje a la persona. Le van a
decir que no están ahí para que les cuente cómo le hizo el gol a los ingleses,
sino para contar sus miserias personales. Hablar de lo privado.

-Antes dijo que lo de Novelli con Charly García fracasó por la presión
mediática. ¿Qué sucedería con Maradona, entonces?
-Ahí tiene que intervenir la justicia, y dictaminar que a 200 metros de él no
haya nadie. Maradona necesita aire.

-Al margen de la abstinencia, no sólo se le sacó la cocaína, sino la comida, los
amigos, el golf… ¿Cómo habría que manejar un cambio tan brusco?
-Y… es el aterrizaje. Y lo es para cualquier paciente. El tratamiento debe ser
firme. Porque una cosa es la comida, y otra es el atracón. ¿Usted sabe cuánto
comió antes de que lo volvieran a internar? El sólo, con un periodista que
estaba ahí, se comió dos pizzas, una docena de empanadas, y las bajó con una
botella de vino a la que agregó Rohypnol. Y cuando lo pararon, estaba manoteando
un perfume, porque le parecía que no tenía suficiente alcohol. Cocaína no le
agregó, porque no apareció en los exámenes. Eso fue un logro. ¿Y sabe por qué?

-Dígame.
-Porque la familia, en muy poco tiempo, comenzó a tomar un rol protagónico, a
ocupar el lugar que debía ocupar. Su hija de 14 años (Gianinna) echó gente, y
echó a la gente que el entorno sabía que había que echar. A uno, un custodio lo
tuvo que sacar a punta de pistola. Todo esto contó con una especie de consejo
central: su mamá, su papá, los hermanos, la ex mujer y las hijas. Claudia empezó
a buscar otros referentes, por ejemplo. Yo creo que a Diego nadie, nunca, lo
trató con firmeza, que nunca le dijeron "esto no". Quizás ahora, en su
beneficio, se lo empiecen a decir.

Me preocuparía que lo enviaran a un programa donde estuvieran experimentando, aprendiendo. Para manejar a Maradona, el programa debe tener tantos años de experiencia como Maradona tiene con la droga"">

"Me preocuparía que lo enviaran a un programa donde estuvieran experimentando, aprendiendo. Para manejar a Maradona, el programa debe tener tantos años de experiencia como Maradona tiene con la droga"

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