“Para los 15 mamá me regaló un piano, pero yo quería las lolas… y la convencí” – GENTE Online
 

“Para los 15 mamá me regaló un piano, pero yo quería las lolas... y la convencí”

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Ella se crió en un castillo. Se malcrió, dice. La llenaron de juguetes caros porque era la nena mimada, la única entre dos hermanos, demorado chiche que Marta tuvo a los 40 años. Y al compás de sus caprichos, adornados del encanto que siempre supo poseer, Jesica moldeó su carácter. Mamá la inscribió en la Escuela Nacional de Danzas. La llevó a clases de teatro. Y gastó un par de sueldos (los que esforzadamente ganaba en la Municipalidad) para que su hija tuviera un piano y tocara a Chopin o a Mozart, berretín que duró un par de acordes y un berrinche. Muchas veces las cosas terminaban así en los suntuosos salones del castillo de Jesica... Los Cirio no eran pudientes, para nada: apenas una familia de clase media de Lanús. Papá Horacio, policía retirado, luego dueño de una agencia de autos. Y mamá, quedó dicho, una entusiasta ama de casa que además trabajaba, con la firme intención de vivir su sueño a través de su princesa. Para eso la entronizaron. Y le construyeron el castillo de cristal, de naipes, de sueños...

–¿Cuánto hace que estás en el medio artístico?
–Y... Empecé de muy chica, a los 11 años, con Las Trillizas de Oro. Me acuerdo que fui a un casting de unos mil chicos y quedamos tres mujeres y tres varones. Ahí bailábamos, hacíamos una novelita. Me gustaba.

–¿Y vos qué querías ser en ese tiempo?
–Profesora de danzas. Ese era mi sueño; amaba el baile. Y cuando conocí la televisión, me encantó el ambiente. Además, por aparecer en el programa y por alguna propaganda que hice en ese tiempo (recuerdo una de jugos Tang), me convertí en la mimada del colegio.

–Y eso te gustaba.
–¡Sí!

–Querías llamar la atención.
–No sé si tan así... Pero siempre me destaqué. Y buscaba eso. En cada Navidad, por ejemplo, hacía un número: baile flamenco, árabe, zapateo americano, algo que hubiera aprendido durante el año. Todos sabían que se venía el show de Jesica en algún momento.

–Mamá te llevaba a aprender danzas, me contabas.
–De chiquita. Ella se preocupó siempre de que mi día estuviera ocupado cien por ciento. Por eso nunca hice amigos en el barrio: directamente no estaba. Salía de la escuela, ella me iba a buscar y arrancábamos juntas. Danza, teatro, clases de dibujo, cursos, castings... Por momentos estaba saturada. Y todo lo que se me antojaba, ella lo cumplía.

–¿Por qué tan mimada?
–Por ahí por ser la única nena. Porque me tuvo de grande. No me pusieron reglas, casi.

–¿Te daban todos los gustos?
–Todos. Me trataban como a una princesa. Mi vieja, Marta, vivía para mí. Yo llevaba un ritmo de vida de una chica con plata, sin serlo. Me pagaba cursos carísimos, sacrificaba su sueldo entero, y todo lo de ella era para mí. “A mí me hubiese gustado hacer lo que hiciste vos”, siempre me dijo. A los 15 me regaló un piano gigante; lo toqué una vez sola y lo dejé... Yo quería las lolas, no un piano. Ya trabajaba de modelo, tenía linda cola, pero era chata. Me llevó dos meses convencerla de que me tenía que operar.

–Y vos, como madre, ¿vas a ser igual?
–Sí... En realidad, le voy a pegar un par de chirlos más a mis hijos, je.

–¿El exceso de mimos te hizo bien o mal?
–Mal. Me hizo caprichosa. A los 19 me rebelé, me peleé con mis viejos y me fui de casa. Me equivoqué. Y cuando me di cuenta, se los dije. Me porté mal.

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Cirio está por cumplir 25 años. Y, asegura, vivió por muchos más. Modelo, vedette, conductora (ahora, en Impacto 9, un rol completamente distinto), dueña de un centro de estética, próxima a lanzarse como cantante (está grabando un disco de rock) y con proyectos aquí y allá. “También voy a hacer un programa en Fox Sports: gimnasia, pero con baile, para que las señoras bajen de peso en forma divertida. Me encanta”, se entusiasma. Cuenta que la descubrió Leandro Rud en un desfile, cuando apenas era una adolescente. A partir de ahí no paró. Trabajó en Polémica en el bar con Gerardo Sofovich; se convirtió en modelo exclusiva de Cocot; a los 17 años hizo temporada teatral con el gran Jorge Guinzburg; y explotó definitivamente en el primer Bailando por un sueño, donde pudo desarrollar su talento para el baile frente a una gran audiencia. Durante el verano integró la exitosa obra Carnaval de estrellas en Villa Carlos Paz. ¿Qué más pedir, Jesica? Parar un poco, quizá.

–En plena vorágine de éxito y siendo tan joven, ¿no tuviste miedo de agarrar para cualquier lado?
–Estuve a punto de chocar...

–¿Y...?
–Frené justo. No es fácil este medio. Te empezás a rodear de gente que se acerca por interés, más toda la vorágine, las salidas, la joda, la noche... Y todo te envuelve en una rosca que no sabés dónde puede terminar. Si no tenés los pies sobre la tierra, te arrastra. En un momento me dije: “Esto no es lo que quiero para mí; yo no soy así”. Me había olvidado de mi esencia. Por un par de años fui otra: estaba encerrada en una burbuja de boludez total. Gente nueva, fama, posición económica... Me mareé.

–¿Y a vos te gustaba toda esa rosca?
–Sí. Me encantó la joda durante mucho tiempo. Pero ya pasé esa etapa. Y cuando me cansé de todo, cuando ya no aguantaba más a nadie, justo llegó Dai. Es el destino.

–Dahian es tu novio.
–Sí, desde hace un año y medio. Se está por recibir de licenciado en Recursos Humanos.

–¿Y por qué estás con él?
–Porque estoy enamorada. Es mi primera relación... sana.

–¿Las otras no lo fueron?
–Enfermizas... Muchas veces estuve con una persona no por sentirme enamorada, sino para que me aconsejara, porque siempre me junté con gente más grande. Y ahora, con Dai, que tiene 23 años, hablo de las mismas cosas, me divierto, nada que ver... En otras relaciones siempre fui muy egoísta: era yo y yo. No le rendía cuentas a nadie, me iba y venía cuando quería. Ahora cambié muchísimo. Digamos que empecé a vivir mi edad nuevamente. Que volví a ser yo, la verdadera Jesica Cirio. Jesica, en la plenitud de sus inminentes 25 años, “más madura que nunca”, afirma. Está de novia y enamorada. El afortunado es Dahian,  de 23 años.

Jesica, en la plenitud de sus inminentes 25 años, “más madura que nunca”, afirma. Está de novia y enamorada. El afortunado es Dahian, de 23 años.

“El exceso de mimos me hizo caprichosa... A los 19 me rebelé, me peleé con mis viejos y me fui de casa. Me equivoqué. Cuando me di cuenta, se los dije”

“El exceso de mimos me hizo caprichosa... A los 19 me rebelé, me peleé con mis viejos y me fui de casa. Me equivoqué. Cuando me di cuenta, se los dije”

“Esta relación que tengo con Dahian es la primera realmente sana. Las otras eran enfermizas. Con él recuperé mi esencia y volví a ser la de antes”

“Esta relación que tengo con Dahian es la primera realmente sana. Las otras eran enfermizas. Con él recuperé mi esencia y volví a ser la de antes”

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