«Paolo es el hombre de mis sueños» – GENTE Online
 

"Paolo es el hombre de mis sueños"

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Domingo 15, y segundo grito de Zulemita:

-¡Paooolo! ¡Vieni! ¡Está pronta la
tua insalata!

Falta poco para el mediodía. Ya sucedió la noche de bodas. Un rato
antes han bajado por la escalera del parque interno del Imperial Palace, que
termina en las bruñidas rocas de la playa. Ella: tanga naranja y solero blanco
de gasa muy, muy pegado al cuerpo. El: lo único que importa es su mirada sobre
ella. Incesante y de fuego. De pronto se oye la voz de Zulema Yoma, que está a
unos cuarenta metros de ellos (pero no los ve), y que llama a su hija. Pero sin
éxito: los novios están en el centro de un planeta privado y vedado a toda
intromisión. Se besan, se abrazan, ignoran a la gente que los rodea. Tampoco
parecen escuchar la voz de la mamá-suegra que los busca para ofrecerles
compartir el desayuno en la terraza. El calor es de plomo fundido. El aire,
reseco: hace cuatro meses que ni una gota de lluvia moja la tierra. Suena el
celular de Paolo. Atiende. Le comenta a su esposa algo que le han dicho del otro
lado de la línea:

-Zulemita… ¡hay cuarenta grados en Milán! Gracias a Dios que estamos acá

Desfilan, por este exclusivo balneario de Santa Margarita del Ligure, pegado al
mítico Portofino, autos fuori serie que parecen recién salidos de una exposición
internacional de alta gama, magnates del mundo entero, estrellas de cine con
anteojos oscuros. Pero los novios no se enteran: siguen empeñados en una
sinfonía de besos, caricias, susurros…

Después, la insalata que anunció ella, bajo la sombra de un parasol amarillo (rúcula,
atún, mozzarella de búfala, tomate), y la música de Pink desde un CD que esgrime
Paolo también como sorpresa, porque es uno de los cantantes que ama Zulemita.
Pequeñas cosas, grandes cosas de enamorados. Otros besos, otras caricias, otros
susurros (ella suele decirle "amorcito" y él la llama "Amore mio").

Un rato después ella parece escuchar el llamado. "¡Zulemitaaaa!", insiste su
mamá -también vestida de blanco, muy flaca, resplandeciente de felicidad-
mientras toma un poco de jugo de naranja. Zulemita se levanta de la reposera y
sube hacia la terraza. Besa y abraza a su madre, se sienta sobre su falda y le
dice cariñosa: "Buenos días, mami". Se hablan en voz muy baja y con gestos a
veces alegres, a veces melancólicos, en un aparte madre-hija de apenas diez
minutos. Al cabo, Paolo se acerca y reclama a su mujer. Hay entonces un "Chau, mami" y un retorno a las reposeras, donde leen los diarios locales, se ríen de
las crónicas de su casamiento, juzgan las fotos.

El mar, vedado para ella, porque le han dicho que pululan allí unas algas
inquinatas (venenosas) que queman la piel como hierros al rojo, hace que
abandonen el sol. La siesta se impone.

Suben, tomados de la mano, por la escalinata, rumbo a su habitación. Sobre la
reposera queda, abierto, un diario. En la página siete hay un título
insoslayable: Una lágrima y una sonrisa para la noche de Zulemita. Alude, claro,
a la ausencia de Carlos Menem. Algo más tarde, una amiga de la novia le confía a
GENTE que "Zulemita me juró que muchas veces soñó con este momento, pero que la
realidad superó la fantasía, porque Paolo es mucho más que el hombre ideal.
Mucho más…
". Y así es, porque Zulemita le confesó a su íntima con los ojos
llenos de lágrimas: "Paolo es el hombre de mis sueños".

Arriba, en la habitación, alguien cierra las ventanas. Totalmente.

El domingo 15, Zulemita y Paolo Bertoldi disfrutaron de su primera mañana como matrimonio en las terrazas del hotel Imperial Palace, junto al mar de Liguria. Allí, ajenos a las miradas de los otros huéspedes, se besaron apasionadamente.

El domingo 15, Zulemita y Paolo Bertoldi disfrutaron de su primera mañana como matrimonio en las terrazas del hotel Imperial Palace, junto al mar de Liguria. Allí, ajenos a las miradas de los otros huéspedes, se besaron apasionadamente.

Después de almorzar con Paolo, Zulemita se reencontró con su madre en lo más alto de los acantilados. Entre íntimos, Zulema aún se confesaba

Después de almorzar con Paolo, Zulemita se reencontró con su madre en lo más alto de los acantilados. Entre íntimos, Zulema aún se confesaba "muy emocionada".

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