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Entrevista al filósofo Ignacio Silva: Entre la ciencia y religión, ¿hay sitio para Dios?

Entrevista al filósofo Ignacio Silva: Entre la ciencia y religión, ¿hay sitio para Dios?

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Ignacio Silva es doctor en Ciencia y Religión por la Universidad de Oxford.

Michel Mayor y Didier Qualoz –ganadores junto a James Peebles del Premio Nobel de Física– declararon que no hay sitio para Dios en el Universo y reavivaron el viejo debate entre la ciencia y la fe. El filósofo Ignacio Silva explica por qué no hay conflicto entre ambas disciplinas. 

Lejos de lo que muchos creen, se estima que en el mundo más del 80% de las personas se identifica con algún grupo religioso. “Casi toda la población mundial se nutre de los descubrimientos y avances científicos”, sentencia Ignacio Silva, doctorado en Ciencia y Religión por la Universidad de Oxford. “Como dos pilares de la civilización contemporánea que son, está bien que nos preguntemos qué relación tienen”, explica, justificando el interés de la sociedad en torno al tema. Y adelanta su posición: “En los últimos dos o tres siglos, el discurso dominante fue el de la oposición. Pero en la Historia no ha sido así, salvo en casos puntuales. Al contrario, generalmente hubo diversidad de relaciones”, señala.

El debate se reavivó tras las declaraciones de dos de los flamantes premios Nobel de Física, Michel Mayor y Didier Qualoz. El primero, entrevistado por El País de Madrid, afirmó: “Para mí, no hay sitio para Dios en el Universo”. Por su parte Qualoz, consultado por W Radio de Colombia, contestó: “Dios es para las creencias y el corazón, pero me temo que no tiene juego en la formación de los seres vivos”. Aquí entrevistamos al doctor Silva, que nos brinda su punto de vista.

–¿Por qué creés que despierta tanto interés el cruce entre ciencia y religión?

Durante casi todo el siglo XX hubo una narrativa que ponía a la ciencia como motor de la secularización. Es decir, proponía que, a medida que avanzáramos en nuestro conocimiento científico, la religión iba a retroceder en las sociedades. Sin embargo esto no ocurrió. La ciencia avanzó descomunalmente, nuestro conocimiento del mundo natural a través de ella es impresionante… y el mundo continúa siendo religioso.

“Me remito a la Historia: la institución que más apoyó económica e institucionalmente a la astronomía durante toda la Edad Media y hasta el siglo XVIII fue la Iglesia católica”.

Dr. Ignacio Silva

–¿Te referís a las religiones tradicionales?

–No me refiero sólo a una religión institucional. Incluyo al que está buscando, al que se auto-percibe espiritual, aunque no se vea dentro de una institución religiosa. En el siglo XXI seguimos descubriendo cosas y conociendo el mundo más y más, pero el ser humano es religioso. Y busca. Esa profecía secularista no se dio. Hay nuevos discursos que dicen que se va a dar en el futuro. Siempre estamos esperando ese futuro… que no llega.

–Pareciera que en la religión hay algo de fantástico y por eso se renueva cada vez el pronóstico de que un día las sociedades se van a “dar cuenta” y van a dejar de creer.

–Uno de los grandes problemas que plantean los biólogos en general –no todos– tiene que ver con la narración del Génesis. Se habla de la Creación en seis días: Dios puso animales, estrellas, plantas… Desde la comunidad de biólogos proponen la teoría científica –válida como la de la relatividad de Einstein o la de la gravitación de Newton– de la evolución por selección natural y mutación. Y plantean la oposición con el relato de la Creación, cuando en realidad la mayoría de los creyentes toma ese relato como un mito. Es decir, una narración que deja un mensaje que es que Dios crea, que está por sobre la Naturaleza.

–Justamente a esta idea se enfrentan las declaraciones de Mayor.

–Muchos teólogos y científicos estarían de acuerdo. Porque si Dios es un ser espiritual, que no está en la Naturaleza, entonces no tiene lugar –sólo los seres corpóreos ocupan lugar–. En este sentido habría un punto.

–Pero no es eso a lo que él se refería.

–Creo que Mayor quiso alinearse a algo que decía Stephen Hawking, o lo que sostiene Richard Dawkins: que Dios no existe y que la ciencia demuestra su inexistencia. Me parece que si hay algo con las propiedades que las religiones le adjudican a ese ser al que llamamos Dios, es un ser tal que no cabe dentro del estudio del ámbito científico. Si no es un ser empírico, la ciencia no tiene acceso a él. La ciencia tiene acceso a todo lo que es natural, lo que se puede medir: sus métodos se basan en mediciones. Y en ese sentido, Dios está más allá. Entonces, decir que la ciencia prueba o demuestra que Dios no existe es extender de más lo que la ciencia puede decir.

Acostumbrado al ámbito científico, Silva prefiere alejarse de la libre interpretación y concentrarse en las palabras. “Lo que dijo Mayor es que él cree que no hay lugar para Dios. Contrapone la visión religiosa con la científica y dice que hay que investigar. No lo pone como una conclusión definitiva, como sí han hecho otros científicos, sino que fue prudente dentro de definiciones poco felices”, explica. Y agrega que en realidad probar la existencia o inexistencia de Dios no es prioridad para la mayor parte de la comunidad científica, sino más bien un tema que preocupa a la sociedad y sobre el que la prensa suele poner énfasis cada vez que los científicos dicen algo.

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Ignacio Silva

“Me parece que a los científicos en general no les preocupa tanto. Hay algunos a los que sí: Richard Dowkins, por ejemplo, tuvo un período de hablar en contra de Dios con determinación”, dice Silva, y añade: “No juzgo si es una intención buena o mala, sino que digo que quiso hacer eso. Hoy por hoy ya no lo hace tanto, y sus últimos libros tienen más que ver con ver las maravillas de la Naturaleza”.

Silva es un apasionado de la ciencia. Empezó su recorrido académico estudiando Física en la UBA, con la ilusión de llegar un día al Instituto Balseiro. Pero en el recorrido se dio cuenta de que en realidad lo que le interesaba era leer lo que estudiaba Stephen Hawkins. Advirtió que las preguntas que lo movían no tenían tanto que ver con la Física como con la Filosofía. Cambió de carrera, pero siempre se mantuvo cerca de los científicos. Y en busca de nuevos interrogantes (y respuestas) viajó a Inglaterra, para hacer un doctorado y luego un post doctorado en Ciencia y Religión. “Es una burbuja… Aunque no tanto, porque nos educaron pensando que son opuestos y es algo sobre lo que todos tenemos una opinión”, señala.

–En general pareciera que esa polarización está bien. ¿Se pueden encontrar ambas disciplinas?

–La oposición entre ciencia y religión es un proxy (N. de la R.: algo que está en lugar de otra cosa) de otros conflictos con la religión. El desacuerdo puede ser personal, político, económico o religioso. No veo que sea algo propio de la relación entre el discurso científico y el discurso religioso, como tantas veces se promulga y se promueve. ¿Ha habido conflictos? Sí. excepcionalmente. Me remito a la Historia: la institución que más apoyó económica e institucionalmente a la astronomía durante toda la Edad Media y hasta el siglo XVIII fue la Iglesia católica.

Física e historia son dos áreas de interés para Ignacio Silva, que estudió filosofía movido por diversos interrogantes sobre la vida.
Física e historia son dos áreas de interés para Ignacio Silva, que estudió filosofía movido por diversos interrogantes sobre la vida.

Para enfatizar la idea de que ambas disciplinas se encuentran, Silva toma dos referencias personales: una en el marco de un encuentro académico sobre el lugar de la ciencia en la sociedad –en Santiago de Chile–, y la otra en la Feria del Libro de Guadalajara, en México.

“Las de Ciencia y Religión fueron las mesas más convocantes. En ambos casos había muchos jóvenes que quedaron fascinados con la diversidad de posturas. Siempre se asume que es ciencia “o” religión. Lo que yo hago es mostrar que no es o-o sino que puede haber infinidad de relaciones entre una y otra. El conflicto es sólo una de estas posibilidades”, afirma y sigue: “La religión motiva el estudio de la Naturaleza. ¿Por qué? Porque si fue creada es buena y está bien conocerla”, sentencia y vuelve a la Historia: “Los científicos del siglo XVII –Isaac Newton, René Descartes o Robert Boyle, por ejemplo– asumieron que la Naturaleza se comporta de acuerdo a leyes… que son dadas por Dios. Él ponía las leyes que podían ser puestas en expresiones matemáticas. Ahí se ve que hay relaciones que no son conflictivas”, remata. 

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