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El ataque de los rugbiers: ¿Qué se oculta detrás del salvaje crimen de Fernando Báez Sosa?

El ataque de los rugbiers: ¿Qué se oculta detrás del salvaje crimen de Fernando Báez Sosa?

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La conmoción por este asesinato tiene que ser el punta pie inicial para reflexionar sobre lo que está pasando en la sociedad y, más específicamente, con los jóvenes. La psicóloga Carolina Sánchez Agostini hace un análisis del tema.

“El caso de Fernando Báez Sosa es estremecedor: conmueve ver cómo la vida de un adolescente se trunca de esa manera; cómo sufre su madre, su padre y toda su familia. Invita a toda una sociedad a reflexionar acerca de lo que está ocurriendo” sostiene Carolina Sánchez Agostini. Ella es psicóloga, investigadora y Directora de la Diplomatura en Educación Sexual Integral de la Universidad Austral y propone hacer un análisis de esta situación que debería alertar a toda la sociedad.

Efecto manada: como “somos todos”, daría la sensación de que, al final “no es ninguno en particular”

Carolina Sánchez Agostini

Según un informe de UNICEF de 2017 (con base de datos de 30 países), cada 7 minutos, en algún lugar del mundo, un adolescente es asesinado en un acto violento. “El caso de Fernando Báez Sosa nos permite comprender que esa violencia tiene nombre y apellido y que, como sociedad, tenemos por delante la tarea de que nuestras comunidades se conviertan en lugares más seguros, a partir de la promoción de una cultura de paz e inclusión“, afirma Sánchez Agostini.

Género, violencia y estereotipos son sólo algunas de las variables que se cruzan en este hecho trágico y, lamentablemente, no aislado. De hecho, por nombrar sólo dos ejemplos: el mismo sábado 18 al mediodía, un DJ publicaba en su cuenta de Twitter un vídeo de la playa gessellina preguntándose ¿Qué podemos controlar? Y esta misma semana se viralizaron las imágenes de un grupo de personas agrediendo a alguien que les pide que bajen el volumen de la música ne la playa.

El tweet de Lucas Vinielles no hicieron más que reforzar la discusión en torno a violencia que desató el caso Fernando Báez Sosa.

Preocupada por la violencia y los jóvenes, Sánchez Agostini afirma que este caso debe llevar a un análisis más complejo. “Detrás del dolor y la consternación que genera se puede profundizar en distintas causas y elementos que nos ayuden a comprender, educar y prevenir estas situaciones de violencia”, sostiene. De las múltiples aristas posibles destaca tres tópicos para reflexionar:

  • “El fenómeno manada, que ha dejado distintas víctimas, tanto de violaciones como de homicidios y distintas formas de violencia. Estos fenómenos de actuación en “manada” y las conductas violentas en general, están asociados a múltiples variantes, como factores personales, familiares, escolares y culturales, la naturalización de la violencia, el estereotipo de varón-agresivo, el déficit en la autorregulación emocional, la tendencia a la polarización, la cultura del anonimato”.

“Destaco la cultura del anonimato como análisis que merece especial atención, ya que es un aspecto que, desde mi punto de vista, se encuentra más silenciado en la actualidad”, enfatiza la especialista. “El sexo casual y anónimo, el bullying y el acoso cybernético, las agresiones que se publican en redes sociales bajo el “perfil” que no termina de representarnos realmente a nosotros mismos, la masificación, son algunas de las manifestaciones de esta tendencia al anonimato que hoy presenciamos y que nos está dificultando conectar con nuestra verdadera identidad“.

Sánchez Agostini desarrolla aun más el concepto que puede pasar inadvertido para muchos, inmersos -justamente- en esa cultura del anonimato a la que hace referencia. “Desde el anonimato, hacemos, decimos y mostramos realidades que quizás no tienen que ver con nuestra forma real de pensar ni de ser, pero van configurando una tendencia a actuar, de manera anónima, mezclado en la masa, como si no fuera yo quien realmente está ahí. La tendencia a actuar de manera despersonalizada es riesgosa y constituye uno de los análisis posibles sobre el efecto manada: como “somos todos”, daría la sensación de que, al final “no es ninguno en particular”, cuando en realidad no existe la manada: los agresores se distinguen con nombres y apellidos particulares”, sentencia.  

Los clubes de rugby tienen el desafío de realizar un profundo análisis acerca de los valores y los estereotipos que se aceptan y/o promueven fuera de la cancha

Carolina Sánchez Agostini
La Unión Argentina de Rugby (UAR) expresó sus condolencias ante lo ocurrido y anunció que iniciará un programa de concientización en todo el país. “Quienes usan su fuerza física en detrimento de otro no representan nada del rugby ni sus valores. Son la cara más cruel de un flagelo que atañe a toda la sociedad”, remarcaron.

Su segunda línea de análisis tiene que ver con la práctica real de los valores que los deportes, en este caso el rugby, promueven.

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  • “¿Son los mismos valores los que se promueven dentro y fuera de la cancha? El tema de los valores en el deporte ha generado una amplia discusión en las redes en estos días. Encuentro peligroso generalizar, como si se tratara de un problema de “los rugbiers”, a la vez que pienso que, a la luz de los testimonios y reflexiones que han surgido a partir de este caso sobre la cultura de ciertos ambientes, los clubes de rugby tienen el desafío de realizar un profundo análisis acerca de los valores y los estereotipos que se aceptan y/o promueven fuera de la cancha.   

El tercer aspecto en el que se detiene la psicóloga e investigadora es en la educación. “El punto central tiene que ver con la prevención”, afirma. Y vuelve a señalar que lamentablemente este no es un hecho aislado “sino que la violencia está presente de manera constante en nuestra sociedad”.

  • “La violencia es un fenómeno estructural, que, cada tanto, como en el caso de Fernando Báez Sosa puede palparse con toda su crudeza. El gran desafío está en prevenir la violencia desde las escuelas, teniendo en cuenta que tenemos un espacio específico (el de Educación Sexual Integral) a través del cual podemos abordar todas estas temáticas. Son las escuelas y las familias, trabajando en conjunto, las que pueden prevenir la violencia desde las edades más tempranas.

Esto la lleva a volver sobre el primer punto: la manada. “Si bien el fenómeno es llamativo porque en ocasiones involucra a adolescentes o jóvenes que, de manera solitaria, parece que no cometerían esos hechos, cabe reflexionar que existen factores protectores y factores de riesgo para que este tipo de conductas emerja”, afirma. Al respecto explica: “Hay factores que disminuyen la posibilidad de que emerjan conductas violentas. Tienen que ver con la educación, con la contención familiar, con la participación en actividades de acción social y solidaridad donde se aprende a cuidar la vulnerabilidad, con valores, con amistades positivas, con actividades deportivas saludables, con la promoción de la autorregulación emocional, con vivir conectado con la propia identidad”.

Consciente de la importancia del tema, enumera también los factores de riesgo, es decir, aquellos que pueden potenciar la violencia. “Consumo excesivo de alcohol, déficit en la autorregulación emocional,  tendencia al anonimato, ser víctima de violencia ya sea en la familia, en la escuela o cualquier contexto, la tendencia a la gratificación de los impulsos de manera inmediata”.  

Siguiendo la propuesta de Sánchez Agostini, es momento de que cada uno se haga cargo de sus actos en el lugar de la sociedad en el que le toca estar. “Quedan dos preguntas flotando en el aire”, dice y sigue: “una para las autoridades institucionales sobre políticas públicas y educativas; y la otra para cada uno y cada una de nosotros: ¿Qué vas a hacer vos para contribuir a una cultura de paz e inclusión?“, concluye.   

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