Olga Garaventa: “Roberto me pidió que nunca venda esta casa» – GENTE Online
 

Olga Garaventa: “Roberto me pidió que nunca venda esta casa"

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La noticia se conoció el viernes 21 y fue una bomba: la misteriosa mansión de Sandro, en Banfield, estaba a la venta. ¡Y el comprador no era otro que Cristian Castro! Pues bien: todo falso. Quizás, la especie surgió y se potenció a raíz de la visita del cantante mexicano a la casa del ídolo, el 7 de julio. Allí almorzó canelones con Olga Garaventa (que el jueves 27 cumple 62), viuda de Roberto Sánchez. Le contó que hará shows con el repertorio del Gitano y que participará de un disco de duetos con Sandro, que producirá Sony. Al terminar el café recorrió los rincones favoritos del hogar de nuestro gran artista, que falleció el 4 de enero de 2010.

Al día siguiente, GENTE habló en exclusiva con Olga en el lugar que ella y los íntimos de su esposo llaman “locutorio” (un pequeño espacio detrás de los imponentes muros que resguardan la casa, presidido por una imagen de la Virgen). Una infidencia: quien escribe estas líneas vive cerca del imponente caserón de la calle Beruti al 200 y ha visto a esta mujer comprando, como cualquier vecino, en el supermercado chino del barrio, a cuatro cuadras de allí. Una vida absolutamente normal, que se vio empañada por un rumor infundado. La primera pregunta es de cajón:

–¿Vende la casa, Olga?

–No. En ningún momento estuvo en mis planes.

–¿Y de dónde salió el rumor?

–Yo recibí aquí a Cristian Castro. Me pareció un acto de cortesía, porque él va a hacer shows con el repertorio de mi esposo. Almorzamos canelones y quedó fascinado con la casa. Pero una cosa es eso, y otra que esté en venta.

–¿Está valuada en seis millones de dólares, como se dijo?

–Nunca la tasé. Jamás entró una inmobiliaria acá. No sé de dónde sacaron eso. Una de las personas que vino con el mexicano me preguntó si la había tasado. A él le gustó y le interesó comprarla. “¿Qué piensan hacer con la casa?”, dijo. La verdad, la intención es convertirla en museo. Lo que pasa es que se necesita apoyo. A veces dudo, porque pueden pensar que de esa manera lucro con la memoria de Roberto...

–¿Usted cree? Me parece que para la gente sería maravilloso poder visitar esta casa, aun pagando. Es como nuestra Graceland, la mansión de Elvis.

–Sería muy lindo. Pero hasta el momento no lo he podido concretar.

“Cristian Castro no conoce la dimensión que tiene el señor Roberto Sánchez, Sandro. No se puede lanzar una noticia bomba como hizo este hombre. No midió las consecuencias”

–¿Cree que Castro usó esto para promocionarse?

–El no conoce la dimensión que tiene el señor Roberto Sánchez, Sandro. No se puede lanzar una noticia bomba como hizo este hombre. No midió las consecuencias. O quizás hizo un comentario al azar y se malinterpretó. Pero el daño está hecho. Mire: hoy a la mañana me senté con mis nietas a desayunar y vino el señor de mantenimiento del jardín, Carlos. “Tiene un dron dando vueltas”, me dijo. Era de un canal... Lo subían y bajaban en el jardín. Esta persona hasta tuvo que correrse. Estuve por llamar al 911. Yo no puedo vivir así; esto se desbordó. Fue una falta de respeto. Nunca me metí con nadie ni fui mediática, y sólo por el hecho de haber sido su esposa quedé en boca de todos.

–Roberto era muy celoso de su intimidad. ¿Cómo cree que hubiera reaccionado ante un episodio así?

–Hizo ese paredón de cuatro metros para resguardarse. Habría llamado a la policía. Pero, ¿sabe? Me parece que a él no se lo hubieran hecho.

–¿Está preocupada por las cifras que se dieron?

–Obvio. Yo no soy sola. Tengo hijos y nietos. Uno no sabe qué puede pasar. No lo merezco. Será el precio que debo pagar por haber estado casada con Roberto.

–¿Fueron años difíciles para usted? Porque primero fue la causa por paternidad de Sandra Borda...

–Sí, hace siete años que no me dejan en paz. Yo no la conozco a esa mujer, no puedo hablar de ella... Pero Roberto partió de este mundo sabiendo de esta señora. Se hizo una exhumación que yo permití, y siguen faltando el respeto. Ahora esto... ¡Es mi casa! Mi esposo me la dejó. Hizo un testamento en el año 2005, donde me nombró heredera universal. No estoy usurpando nada.

–Cuando se dio la noticia de la supuesta venta, se dijo que la casa no está bien de mantenimiento.

–Es una casa muy grande... Tiene 1.300 metros cuadrados, y cubiertos, unos 800. Siempre hay cosas para hacerle, pero se mantiene. Si no, se te viene abajo. Lo hacemos, sí, con mucho sacrificio. No nadamos en dinero, pero podemos afrontar los gastos bien. Dijeron cualquier cosa.

–Se dijo que esta casa tenía propiedades linderas que daban a las cuatro calles de la manzana y que las fueron vendiendo. ¿Es así?

–El único terreno que se vendió es el de la esquina, que eran consultorios externos de una clínica y hoy hay departamentos. Que tenía salidas por todas las calles es un mito: eso no existe. Al fondo, por ejemplo, la casa linda con Metrogas.

–En la propiedad de al lado vivía un músico y amigo de Sandro, Bebe Mauro. El decía que la podía ocupar hasta su muerte, que tenía el usufructo.

–No, no, no. El contrato decía que cuando muriera Roberto, al mes tenía que entregar la casa. Y si moría él, debía hacerlo su esposa. Estuvo como cinco años más desde la partida de mi esposo. Casi lo tuve que desalojar...

–¿Usted vive sola? –

Sí.

–Y más allá del rumor de esta semana, ¿nunca pensó: “Esta casa es demasiado grande para mí”?

–Y, es enorme. Mire, a veces hasta yo me pierdo. Pero realmente no lo pensé, porque yo quería hacer un museo. Quién sabe qué puede pasar más adelante, pero hasta el momento, no. Me siento bien, cómoda.

–¿Roberto le dejó instrucciones sobre qué hacer con la mansión?

–Una noche me habló sobre el tema. Me pidió que por favor le prometiera que nunca vendería esta casa, que jamás me iría de acá. Le dije que eso no se lo podía prometer. “Voy a quedarme todo el tiempo que pueda, pero no sé si toda la vida”, le respondí. Porque no quería decirle algo que no estaba segura de poder cumplir. En ese momento no pensaba que él podía partir.

–Silvia Fernández Barrio contó que su padre y su tío construyeron esta casa, y que hicieron un refugio anti bombas. ¿Existe?

–Es verdad, tiene paredes de hormigón armado, porque su papá y su tío hacían las pistas de aterrizaje de los aeropuertos. Eso me lo contó ella, que de chica jugaba en el jardín. Roberto hizo ahí, en el subsuelo, un lugar de encuentro con sus amigos. Después, arriba del garaje construyó un piano bar muy bonito, al estilo de él. Ahí cenaban y tomaban alguna copa.

–¿Cómo es su vida en Banfield?

–Normal, como la de cualquier otra persona. Voy a hacer las compras, recibo a mis amigas, a mi familia... Los vecinos son muy discretos. Siempre bien. Acá cada uno está en sus cosas.

–¿Está al tanto de cómo viene la serie sobre Sandro?

–No fui a ver la grabación todavía, porque Antonio Grimau –que lo hace de grande, la etapa en que entré en la vida de Roberto– aún no empezó a grabar. Me gusta el elenco.

–Hubo una polémica por la salida de Pablo Echarri, que lo iba a interpretar...

–Sí, es verdad. Me gustaba, porque tiene una personalidad que puede dar el perfil... Pero yo no tengo injerencia. Respeto lo que digan los que hacen la serie. Además, es una ficción.

Olga muestra el rincón favorito del ídolo: la biblioteca de la mansión de la calle Beruti al 200, a dos cuadras de la estación Banfield. Allí, Roberto Sánchez vivió cuatro décadas y ambos compartieron los últimos años del gran artista. Abajo, derecha: El brindis después del casamiento por Civil, el 13 de abril de 2007.

Olga muestra el rincón favorito del ídolo: la biblioteca de la mansión de la calle Beruti al 200, a dos cuadras de la estación Banfield. Allí, Roberto Sánchez vivió cuatro décadas y ambos compartieron los últimos años del gran artista. Abajo, derecha: El brindis después del casamiento por Civil, el 13 de abril de 2007.

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