Olga Garaventa reveló cómo fue su primer encuentro con Sandro, el gran amor de su vida – GENTE Online
 

Olga Garaventa reveló cómo fue su primer encuentro con Sandro, el gran amor de su vida

La ex pareja de Sandro estuvo presente esta tarde con Jey Mammón y confesó que estuvo doce años trabajando para él
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María Olga Garaventa en los últimos veinte años laborales fue secretaria de Aldo Aresi, el manager y apoderado de Sandro. Tuvieron, por largo tiempo, una relación formal, apenas amistosa, pero de pronto empezaron a encontrarse con frecuencia y, al estilo Sandro, lejos de ojos y orejas indiscretas y/o traidoras, que nunca faltan…

En julio de 2004, cuando los pulmones de Sandro pidieron auxilio y hubo que internarlo de urgencia –terapia intensiva, pronóstico reservado–, ella lo cuidó noche y día, día y noche, con celo de granadero. Y él, pasado el trance, le agradeció su apoyo y a su mejor y más romántica manera: en octubre de ese año grabó su disco Amor gitano y le dedicó el primer tema: Fuego contra fuego. ¡Upa! Todo (o casi todo) estaba dicho…

La ex pareja de Sandro estuvo presente esta tarde con Jey Mammón y confesó que estuvo doce años trabajando para él: "El 8 de agosto de 1992 lo ví y dos años después lo vi por primera vez, de hecho, el primer encuentro fue un 'hola' porque a el le gustaba venir de vez en cuando si hace falta hacer un mantenimiento",

"Cuando lo crucé ese día dije... 'que buen mozo está' hasta me acuerdo como estaba vestido el 'negrito', tenia un saquito azul cruzado, botones dorados y pantalón gris, pero yo estaba haciendo mis cosas de mantenimiento en la pileta", recordó Olga Garaventa.

La casa de Sandro nunca estuvo a la venta

GENTE habló en exclusiva con Olga en el lugar que ella y los íntimos de su esposo llaman “locutorio” (un pequeño espacio detrás de los imponentes muros que resguardan la casa, presidido por una imagen de la Virgen). Una infidencia: quien escribe estas líneas vive cerca del imponente caserón de la calle Beruti al 200 y ha visto a esta mujer comprando, como cualquier vecino, en el supermercado chino del barrio, a cuatro cuadras de allí. Una vida absolutamente normal, que se vio empañada por un rumor infundado. La primera pregunta es de cajón:–¿Vende la casa, Olga?

–No. En ningún momento estuvo en mis planes.

–¿Y de dónde salió el rumor?

–Yo recibí aquí a Cristian Castro. Me pareció un acto de cortesía, porque él va a hacer shows con el repertorio de mi esposo. Almorzamos canelones y quedó fascinado con la casa. Pero una cosa es eso, y otra que esté en venta.

–¿Está valuada en seis millones de dólares, como se dijo?

–Nunca la tasé. Jamás entró una inmobiliaria acá. No sé de dónde sacaron eso. Una de las personas que vino con el mexicano me preguntó si la había tasado. A él le gustó y le interesó comprarla. “¿Qué piensan hacer con la casa?”, dijo. La verdad, la intención es convertirla en museo. Lo que pasa es que se necesita apoyo. A veces dudo, porque pueden pensar que de esa manera lucro con la memoria de Roberto...

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