«Nunca voy a dejar de sentirme una adolescente» – GENTE Online
 

"Nunca voy a dejar de sentirme una adolescente"

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Era exhibicionista. Siempre se lo recuerdan. "No seas impúdica", la retaba su abuelo cada vez que la veía pasearse desnuda por la casa. No había forma de lograr
que Soledad Silveyra, por entonces de tres años, se pusiera -aunque menos fuera- una bombacha. Sin inhibiciones, sin complejos: así se crió y llegó a convertirse en la mujer sexy que es hoy, con cincuenta recién cumplidos.

Los archivos periodísticos comprueban que Solita nunca perdió el desenfado de aquella nena: a los diez años, se encerraba en el baño para imitar a Pinky frente al espejo; a los doce, se animó a probar suerte en la tevé; a los diecinueve, tuvo su primer hijo; a los veinte, disfrutó del éxito de
Rolando Rivas, taxista; a los treinta y dos, se obligó a superar el suicidio de su madre; a los treinta y siete, se jugó a encarnar a Evita dirigida por Oscar Barney Finn; a los cuarenta y cinco, se atrevió a salir con un veinteañero; a los cuarenta y ocho, hizo un desnudo total en teatro; un año después, se tentó e incursionó en la política; y ahora, a los cincuenta, no descarta la posibilidad de adoptar un hijo.

Este verano, en Mar del Plata, buscó el bajo perfil. Alquiló una casa en el Golf Club con una vista inmejorable al hoyo 11. Allí, convivió junto a su novio, Mariano Franco (30), y algunas sobrinas que la visitaron a lo largo de esta temporada. De día, muy poco se la vio: tomaba sol en la intimidad de su jardín y se dedicaba a la lectura tendida a la sombra de algún árbol. Por las noches, pisaba bien temprano el
Teatro Provincial para encarnar a la Yoli en Made in Lanús. Nada de reportajes. Nada de sobreexposición. Nada mediática. Esa fue su postura en este 2002. Ni los
Estrella de Mar al mejor protagónico femenino, que ganó por su última actuación, sirvieron de excusa para que rompiera el silencio. Dicen que la situación del país la deprime.
"Soy una más en el corralito, pero así y todo no van a echarme de mi país", insiste cada vez que habla de la crisis. 

El miércoles 13 de febrero último, cumplió 50. Y no lo quiso celebrar. Entonces, sus compañeros de elenco la sorprendieron con una torta sobre el escenario, y su novio, con una fiesta sorpresa en la casa donde la esperaban familiares y amigos. No hizo balances. Tampoco se sintió en crisis por el cambio de decimal. Seguro, claro, habrá recordado algunos momentos claves: Como su debut teatral en 1974, cuando protagonizó junto con Jorge Mayor Sabor a miel; o el día que se casó con José María Jaramillo, el padre de sus hijos; o de los tiempos en que veía a su madre vender hasta las arañas de la casa para poder mantenerla; o de su romance con el actor Miguel Angel Solá; o de las siete u ocho veces que sólo pudo ver a su padre; o de los avioncitos de madera balsa que armaba con su primo; o de su primera temporada en Mardel con Darío Vittori, quien le enseñó a hablar con un corcho en la boca para que perdiera su tonada de
"chica Barrio Norte"… Y todo eso, sin orden cronológico y sin lógica, en un segundo, caprichosamente, como llegan y se esfuman todos los recuerdos. 

Soledad Silveyra simplemente sonrió y sopló las velitas. Pidió por ella, por los que quiere y por sus más fuertes deseos. ¿Como cuáles? Pide a gritos un bebé en la familia. Ella quiere ser abuela. Y si sus hijos no la complacen, quienes más la conocen aseguran que no descarta la idea de adoptar un chico.

Soledad Silveyra, espectacular a los 50. Pesa 48 kilos, mide 90-62-90 y tiene un novio 
20 años menor que le contagió la pasión por el rock nacional.

Soledad Silveyra, espectacular a los 50. Pesa 48 kilos, mide 90-62-90 y tiene un novio
20 años menor que le contagió la pasión por el rock nacional.

Su primer éxito en la tevé: <i>Rolando Rivas, taxista</i>. Nadie pudo olvidar la pareja que hizo junto a Claudio García Satur.

Su primer éxito en la tevé: Rolando Rivas, taxista. Nadie pudo olvidar la pareja que hizo junto a Claudio García Satur.

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