“Nunca fui un crack del polo. Lo mío fue sacrificio puro” – GENTE Online
 

“Nunca fui un crack del polo. Lo mío fue sacrificio puro”

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El sábado 25, Indios Chapaleufú II perdió contra La Dolfina, en un 15-14 que los dejó irremediablemente fuera de la pugna por el copón plateado, ese que viene con el águila en la tapa y que entregan al vencedor del Abierto de Palermo, que es como la cosa más grandiosa que se le pudo ocurrir al polo. Cabe decir que a Chapaleufú II le quedaba un partido más, pero no fue lo mismo. A todo esto, Lolo Castagnola, de La Dolfina, dice que se va un monstruo, una leyenda. Y a Milo Fernández Araujo (40) –9 de handicap, casado con Fernanda Rivas, veterinaria, papá de Milagros, 7, y Candelaria, 5–, le corresponde una vuelta olímpica, un aplauso final. Le hubiese encantado retirarse campeón, pero la verdad, da lo mismo. Para él se cierra un ciclo: hay otras cosas que atender. Milo no quiere, le da vergüenza, pero al final recorre la Cancha 1 a lomo de yegua, con el casco amarillo de siempre, y ahí va el aplauso de sus compañeros de equipo –Eduardo, Pepe y Nachi Heguy–, con los que se llevó tres Abiertos en ocho años. Al instante, la ovación de todos. Lolo no miente: se va una leyenda, por lo menos de la Triple Corona –Tortugas, Hurlingham y Palermo, los grandes campeonatos–, ya que seguirá jugando en torneos menores.

¿Para ser leyenda, hace falta ser crack? Milo, en rigor, nunca lo fue. Aunque tuvo diez de handicap por un año, no tenía la técnica perfecta ni era goleador. Lo de él fue garra y aguante absoluto. Y eso, para quedar en la historia, alcanza y sobra.

–El otro día, en la Cancha 1 de Palermo, estabas medio tímido para dar tu vuelta olímpica.
–Y… ¡la verdad es que soy un tipo tímido! No me acostumbro al aplauso.

–¿Aun después de ganar tres Abiertos de Palermo?
–No te voy a decir que no es lindo. Me siento muy querido cuando me aplauden, y así me sentí dando esa vuelta. Creo que cumplí una etapa necesaria en el polo. Cumplí 40, pero no me retiro por la edad. Tengo que tomar ciertas decisiones.

–Alberto Pedro Heguy, el padre de tus compañeros, jugó hasta los 50, por ejemplo.
–Sí, ¡pero Alberto tiene un físico privilegiado! Ponéle que me queden tres o cuatro años más de polo. Me retiro de la Triple Corona porque tengo que atender cosas de mi vida, mis campos, en Saladillo y en Santiago del Estero. Voy a seguir criando caballos y jugando torneos chicos, o haciendo la temporada en Inglaterra.

–¿Sentís que el polo de alto handicap te desgastó, quizá?
–No, ¡para nada! Me dio muchísimas cosas: grandes amistades, conocer gente que ni me imaginaba poder conocer. Yo estoy super agradecido. A mí, el polo no me quitó nada.

–Usualmente, al deporte se entra por herencia, por apellido. ¿Cómo entraste vos?
–Nací en Madrid, pero al toque me radiqué acá. Mi papá, José, era agricultor, y aprendí a andar a caballo en el campo. A los once, viene y me dice: “Tenés que jugar al polo”. Y le dije: “¡¿Qué es eso?!”. ¡Yo quería jugar al fútbol! Así que me compró uno de esos cascos blancos de plástico, bien de albañil, y me ponía a taquear con los peones. Al principio no me gustaba. Mi viejo me hinchaba bastante…

–Sos hincha de River, ¿no?
–¡Claro!

–O sea que Passarella se perdió un gran jugador.

–¡Ja! Eso te juro que no. Y empezar fue duro para mí. Después, apareció Norberto Fernández Moreno. Fue como mi padrino en el polo: me dio todas las facilidades, me introdujo para jugar en el club Indios. Cuando di la vuelta en Palermo ahí estaba Norberto, llorando como un chico.

–¿La falta de apellido fue una contra para triunfar?
–Nunca. Yo era un buen jugador y me invitaban.

–Así te invitaron a Chapaleufú II.
–Porque el polo es pueblo chico. Había una amistad. Nunca fui un crack, un habilidoso. Lo mío fue sacrificio puro.

–Así llegaste a ganar tres Abiertos de Palermo y a dar la vuelta al mundo.
–Eso fue increíble. Nunca me hubiese imaginado que iba a estar ahí, en el podio. Y cuando llegué me dije: “Acá estoy. ¿Cuántos no pudieron?”. Fue llegar a lo mejor del mundo.

–Y en 2002 tuviste al 10 de handicap. ¿Valía realmente?
–Ya a los 18 tenía 7 goles. Pero nunca tomé el 10 como algo importante. Lo más lindo del 2002 fue esa final del Abierto de Palermo que jugamos. Realmente sentí el cariño de la gente cuando cantaban mi nombre. Yo siempre digo que la tribuna Dorrego me puso el 10.

–Pero al año siguiente la Asociación Argentina de Polo te bajó a 9 otra vez…
–Por supuesto que me calenté... Pero a alguno tenían que bajar. Raro, porque a muchos 10 los bancaron años, y a mí tardaron sólo doce meses en bajarme. Igual, los 10 goles nunca fueron tanto para mí.

–Lógicamente, vas a extrañar...
–¡Obvio! Cada vez que vea un partido me voy a morder los labios. Fernanda, mi mujer, me dijo muchas veces que dejara. ¡Pero ahora se está arrepintiendo! Mis hijas son chiquitas, no dicen mucho. Y si paso por Palermo y veo la cancha, no me van a dar ganas de volver…. Al menos, no por ahora.

–Una anécdota: hace unos años, en una final de Tortugas, estaba con un remisero, un tipo que jamás había visto un partido de polo. Me dijo: “Voy a pedirle un autógrafo a Milo”. ¿Cuánto vale eso para vos?
–Muchísimo. Cualquiera que me pida un autógrafo es porque valora algo en mí, algo ve. Será mi garra, mi sacrificio, lo que venga. Y yo al polo lo único que le dejé fue eso: sacrificio. El deporte me dio mucho más de lo que yo le di.

–Hablando de campeonatos, nunca ganaste Hurlingham…
–¡Cierto! Me metería en un equipo para jugarlo, pero sólo si está a punto de ganarlo. ¡Ahí si que vuelvo! ¡Ja, ja, ja!

Milo, en La Dolfina, antes de jugar la Copa Diamante, un torneo de patrones y polistas organizado por Adolfito Cambiaso.

Milo, en La Dolfina, antes de jugar la Copa Diamante, un torneo de patrones y polistas organizado por Adolfito Cambiaso.

Año 2004: Por tercera vez en el podio del Abierto de Palermo, con los hermanos Heguy y Milagros, la mayor de sus dos hijas.

Año 2004: Por tercera vez en el podio del Abierto de Palermo, con los hermanos Heguy y Milagros, la mayor de sus dos hijas.

Milo, el sábado 25 en Palermo, tras perder contra La Dolfina. Chapaleufú II quedó fuera de carrera en el Abierto, pero se despidió con gloria. Nadie se quedó sin aplaudir.

Milo, el sábado 25 en Palermo, tras perder contra La Dolfina. Chapaleufú II quedó fuera de carrera en el Abierto, pero se despidió con gloria. Nadie se quedó sin aplaudir.

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