«Nuestro casamiento fue el moño de una larga historia de amor» – GENTE Online
 

"Nuestro casamiento fue el moño de una larga historia de amor"

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No sé si lo saben o no, pero en Las mil noches y una noche, mal traducido
como Las mil y una noches, está su historia. Exactamente donde, al final
de muchos de los cuentos con que Scherezada salvaba su vida, dice:
-Estaba escrito.

Sí. Estaba escrito que César Mascetti (61) y Mónica Cahen
d´Anvers (68) habrían, algún día -día más o menos-
de casarse. Y de casarse a su estilo. En silencio, sin más
testigos que ocho o diez amigos, en San Pedro -un punto
junto al manso o violento Paraná-, sin arroz lanzado al
aire, sin ramo de azahares buscando a la próxima vecina
casamentera, sin periodistas, sin clarines, sin trompetas.
Sucedió el viernes 6 de junio, un día antes del Día del Periodista,
un cuarto de siglo después del Día del Semáforo:
no feriado, no registrado en almanaque alguno, pero cierto,
real, tangible, visceral, sanguíneo. Ese 7 de junio (entonces
sí, Día del Periodista) en que César Mascetti, ya
anchor man de Telenoche, ya compañero de Mónica, ya
manejando su auto rumbo a su casa y a su historia (o a
sus historias) de ese momento, frenó en el semáforo de
Córdoba y… ¿Cabrera, tal vez?, la vio -ella también
manejaba su auto, pero con otro destino final-, y en vez
de volantear hacia la izquierda (o viceversa), volanteó detrás
de ella.

Estaban destinados, digo (y me lo contaron después
del casamiento, lo juro: no es esta una investigación de
archivo, de papeles amarillentos, de segunda mano,
porque antes que nada son amigos), porque resulta que
don Alejandro Mascetti, sanpedrino, dirigía ya El Independiente,
que en abril pasado cumplió 104 años -lo
fundó el nono de César, italiano, inmigrante-, vivía "pared
de adobe de por medio", Mónica dixit, con un señor
Láinez, pura y directa sangre de Miss Telenoche. El Láinez
de los Láinez libreros y el Mascetti de los Mascetti
periodistas, separados (o unidos, mejor), por una pared.
¿Me sigue, lector? Como hoy dice (me dice) César, pudoroso,
sin hablar de su casamiento más de lo imprescindible,
lo "puntual" (jerga periodística moderna), "generaciones
y generaciones aprendieron a leer y a pensar
con los diarios de mi abuelo y de mi viejo, y con los libros
de los parientes de Mónica".

Estaba escrito, sí.

Pero vuelvo al 7 de junio del 78, al golpe de volante, a la
posible frase "Hoy no se me escapa", y a una confesión
que hacen casi a dúo (como todo…) en su casona colonial
de 1834, donde, alta la noche, sospecho que Mariquita
Sánchez de Thompson se sentará a ese piano y
acometerá, por segunda vez en su vida, las notas del
himno. Casa pensada, casa buscada, casa descubierta
después de cuarenta y siete o cuarenta y ocho intentos.
Y hoy, como diría la prensa rosa, "el nido de amor de los
dos periodistas más premiados y de más alto rating de
los últimos veinticinco años: veintiún premios Martín
Fierro entre los dos, juntos y separados".

¿Por qué no compiten en cámara? ¿Por qué no se
arrancan los ojos, como suele suceder en la tele? Mónica,
sabia ("el motor", según César, que es "el ancla", según
ella), jura que "porque nos unimos a los cuarenta
años, no a los veinte. A los veinte, cuando cada uno tenía
que escribir su historia, tal vez nos hubiéramos matado,
pero a los cuarenta…".

Sí, juran, ahora sí a dúo, que "esta historia merecía este
final". Final de Registro Civil sanpedrino, de mínimos
testigos, de libreta de matrimonio de 40 pesos devaluados,
de cero fiesta, de pronto abandono del campo, sus
árboles, sus dorados naranjales, y de inmediata vuelta a
Telenoche, con noticias negras (doble crimen de Santiago
del Estero que amenaza ir para largo, por ejemplo),
pero esta vez -nueve en punto de la noche del lunes 9
de junio, a tres días de legalmente casados-, con un "Estas
fueron las noticias", el cierre-emblema de César, pero
esta vez, por vez primera en años, en décadas, con
una sonrisa enorme, total, sin disimulo. Sonrisa (perdón
por el lugar común) de recién casado.

Mónica prefiere la síntesis:

-Fue el moño. Esta historia necesitaba un moño, y lo tuvo.
Me equivoco. Prejuzgo. Les digo que han conciliado al
hombre de campo, de río, el que "remaba y nadaba en el
Paraná a los siete años", como recuerda César, con la mujer
citadina, de palacete, de prosapia, de francés como primer
idioma. Y ella me ataja: "Nací un 7 de noviembre, y en
diciembre ya me llevaron a la estancia de los Láinez, de mi
familia. Tengo tanto campo como César…".

Después, sin preguntas disparadoras, naturalmente, recuerdan
-y juzgan- a los medios. A su razón de ser. "Durante
siete meses -apenas siete meses- logramos mantener
en secreto nuestra relación. Pero a partir de ahí…
Cómo sería este país, que alguien publicó el chimento (¡falso!)
de que Mónica estaba esquiando en Suiza, y que yo
había viajado en secreto para encontrarme con ella, ¡y un
canal mandó un enviado especial a Suiza para sorpren dernos! ¿Te das cuenta? Mientras en el país desaparecía gente, a algunos medios les interesaba más nuestro romance.
Y te juro que ni Mónica ni yo habíamos pisado
Suiza…".

Pregunta tan obvia como inevitable: "¿Por qué se casaron
ahora". Respuesta menos previsible: "César propuso
que nos casáramos en París, en el 98, mientras cubríamos
el Mundial de fútbol. Pero a mí me pareció
algo…, no sé, frío, impersonal. Un casamiento franchute
sin mayor razón de ser…, medio al cuete… Y bueno: esperamos
cinco años más, y aquí estamos".

César rondea por el lado de la estadística: "No sé… Me
parece que en estos tiempos, cuando todo el mundo
se descasa, casarse es construir algo. Sobre todo para
mí, que no tengo hijos propios. ¿Qué más puedo pedirle
a la vida?".

Capítulo proyectos. Tienen un campo en San Pedro
(doscientas hectáreas). Siembran, cosechan, exportan.
Su empresa (La Campiña) figura en las guías turísticas. Y
dice ella: "Teníamos alguna plata, y decidimos construir
algo. Empezamos con una lonja de doce hectáreas, y
aquí estamos. Esta es nuestra AFJP. Una jubilación…
para seguir trabajando, creando, escribiendo una vida
que nunca se termina. En lo personal, íntimo, ¡encontré
mi lugar en el mundo".
César, a la hora y en la hora de pensar, hablar de, definir
a Mónica, no abunda pero tampoco ahorra:
-No sólo es el personaje más importante de la televisión:
es la mujer más importante de mi vida.

Lo primero es público y colectivo: según una encuesta
casi nueva, fresca todavía, Mónica y César son los personajes
más creíbles del periodismo televisivo y los
de más alto rating (acumulado) en la década del 90. Lo
segundo está a la vista: por algo se casó con ella después
de un cuarto de siglo de compartir noticias, techo,
pan, cebolla, (también caviar), la pasión por Boca Juniors,
la ciudad, el campo.

¿Queda algo más en los camarines y debajo del maquillaje
de cada noche? Sí. Las ganas, fuertes, feroces, infinitas,
"de dejar todo y quedarnos para siempre en San
Pedro, junto al Paraná, construyendo y reconstruyendo
hasta el fin de nuestros días. Porque hoy por hoy, te juro,
te juramos, para volver a Buenos Aires al morir cada fin
de semana, ¡tienen que arrancarnos con grúa!".
Y bien. Estas fueron las noticias. Pronóstico para el martes
y miércoles: muy frío, nublado, y con algunas lluvias.
Dato irrelevante para dos que se quieren. Fin.

San Pedro, viernes 6, una de la tarde: Mónica y César sellan con un beso su historia de amor de un cuarto de siglo. Acaban de casarse,

San Pedro, viernes 6, una de la tarde: Mónica y César sellan con un beso su historia de amor de un cuarto de siglo. Acaban de casarse, "en salud y enfermedad", etcétera. Y no miran para atrás: sólo hacia delante.

Otra escena de la ceremonia en el Registro Civil de San Pedro, ante la jueza Ana Gordillo.

Otra escena de la ceremonia en el Registro Civil de San Pedro, ante la jueza Ana Gordillo.

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