“¿Nuestras claves de amor? La pasión, el humor y la confianza” – GENTE Online
 

“¿Nuestras claves de amor? La pasión, el humor y la confianza”

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Juran que si debieran recrear los comienzos de su relación por medio de una historieta, la sucesión de dibujos debería arrancar el sábado 4 de abril de 1987, en un restaurante de la calle Matienzo, a doscientos metros de Avenida del Libertador. “Imaginate una cena de amigos organizada por Mirtha, la ex de mi hermano Ricardo –revive Guillermo Héctor Francella (54, porteño)–. Yo, entrando. Al rato, un poco tarde, porque se habían perdido viniendo de Villa Devoto, Mary y su familia. Ahí, en los globitos que repiten cada pensamiento, me mostraría a mí exclamando: ‘¡Upa!, ¡¡¿y esta novedad?!!’”. “Y a mí –interviene María Inés Breña (43, porteña)– preguntándome: ‘¿Quién será el muchacho buen mozo de bigotes?’. Porque de entrada me encantó, pese a que no lo conocía todavía de la tele”. “Lo mismo que me enloqueció ella a mí”, admite Guille. Aunque no existía ni un atisbo de casualidad en el cruce. Se trataba de un encuentro deliberado para presentarlos. “Al punto que nos dejaron dos sillas enfrentadas, para que nos sentáramos cerca”, advierten. “Y nosotros pronto picamos”, reconocen. Porque la noche avanzó entre charlas, chistes, risas, un par de cafés en Rond Point y la despedida. “Me alcanzó hasta mi casa. Claro, tipo 5.10 AM iba a buscarme un remise, ya que trabajaba de azafata, necesitaba cambiarme y tomar un vuelo a Río Gallegos”, cuenta Marynes (así se escribe y pronuncia).

–¿Cómo terminó aquel encuentro? ¿Con qué frase podríamos cerrar el capítulo inicial de la historieta?
Ambos: Con un beso y un “¿nos llamamos?”

–¿Quién tomó las riendas a continuación?
Guillermo: Muá, luego de dejar pasar unos días. Me mató marcar el número y, sin presentarme siquiera, escuchar su dulce “¿cómo te va?”.
Marynes: Dulce ahí. Pronto marqué terreno. Me habían llegado ciertos comentarios del muchacho. Ejemplo, que era re-mujeriego y réquete-celoso. Necesitaba jugar a seguro.
Guillermo: De entrada le decía que tenía problemitas de chico y necesitaba sentar cabeza.
Marynes: Yo venía de dos noviazgos y pretendía algo serio.
Guillermo: Yooo... Bueno... Je... que no era demasiado de formar pareja, sino de relaciones ocasionales, empezaba a querer formalizar. Cosa que demostré cuando se la presenté a mamá (Adelina). Lamentablemente el viejo (Ricardo) había fallecido antes.
Marynes: Pobre Chola. El día D me cocinó un mondongo súper elaborado y apenas lo descubrí me mandé un gesto que Guille atrapó. En diez minutos, mi adorable futura suegra me preparó unas milanesas y un huevo frito espectaculares.

–En la vereda de enfrente, ¿qué opinaban Emilia (Lita) y Francisco, los pobres progenitores de la novia?
Guillermo: Un día me telefoneó don Paco. “No te ofendas, pero nos hace ruido que la nena se quede a dormir en tu departamento. Recién anda en los 20 pirulos”, me planteó, educadísimo. Le respondí que yo se lo había pedido, porque estaba a diez minutos del Aeroparque y se le facilitaba el traslado al trabajo.
Marynes: De a poco aflojaron. La que no aflojaba era yo. Guille me proponía mudarme a su dos ambientes de 60 metros en Santa Fe y Dorrego, y yo le contestaba: “Antes hay que casarse”.

–¿Entonces?
Marynes: Después de que el caballero intentara dilatar la decisión, el 27 de septiembre de 1989 dimos el sí por Civil y el 28, por Iglesia.
Guillermo: Festejamos al mismo tiempo la noche de boda y el cumple de ella, el 29, en el hotel Libertador Kempinski, de Córdoba y Maipú.

–¿Detalles? ¿Algún regalo especial?
Guille: La luna de miel en Nueva York, Los Angeles, Las Vegas, Miami y el crucero por el Caribe. Preguntabas otra cosa, ¿verdad?

–Verdad.
Marynes: El regalo grosso se lo di yo, en forma de noticia, durante su cumpleaños, el 14 de febrero. Lo saqué a pasear a caballo. Me protestó porque le galopaba despacio. De regreso a la quinta que alquilamos en el barrio La Florida, de Mar del Plata, antes de la función de Dos señores malcriados, le regalé un pulóver y una carta escrita... por su futuro hijo. Nicolás nació el 22 de octubre de 1990.
Guillermo: Al leerla finalmente sentí que me había casado con la mujer de mi vida, que el sueño de la familia propia avanzaba fuerte. Pronto nos mudamos a un depto de tres dormitorios, en Cabildo y Céspedes. Mejoramos en lo económico. Ya habíamos vendido el Peugeot 505 y comprado un cero kilómetro igual, al que bautizamos El Tiburón. De carne somos venía de pegar bárbaro.
Marynes: Bueno, la noticia de Johanna también tuvo lo suyo. La buscamos tres meses. Nos tomamos vacaciones. Arrancamos en Europa y cerramos en Cancún. Yo pretendía bucear. “¡Es demencial! ¿Mirá si quedaste embarazada?”, bramaba Guille. “Okey, mañana me hago el test. Si da positivo, suspendo el buceo. De lo contrario, no”, lo tranquilicé. Salió negativo. Ocurre que llovió y me quedé con las ganas. Retornamos cabizbajos a la Capital Federal.
Guillermo: Al par de días viene el atraso, repite el test y ¡pum!, encinta. Recién ahí saltó que encargamos en Roma. La niñita nació el 4 de diciembre de 1993. Menos mal que Mary no buceó.
Marynes: Exagerado...
Guillermo: Cabeza fresca...

–Ayer, exagerado y cabeza fresca. Hoy, ¿qué otros defectos se encuentran?
Marynes: Obsesivo.
Guillermo: Pachorra.
Marynes: Sólo la muerte no tiene remedio.
Guillermo: Para vos es lo mismo 8 que 80.
Marynes: Me reta.
Guillermo: Le enseño.
Marynes: Por primera vez me dejó meter mano en una reforma del piso de Palermo, al que nos mudamos en 1996. Me refiero a la cocina.
Guillermo: Y llevo seis semanas sin comer, cuando el plan estimaba que la obra duraría tres.
Marynes: Lógico, no se trata de matemática. Típico tuyo: me atraso en la cuota del colegio o las expensas y te ponés loco.
Guillermo: Descansás demasiado en mí. Capaz que estoy tapado de laburo (mira al periodista) y se comunica al celular: “¿Cómo llego a San Juan y Entre Ríos?”. Además, es olvidadiza. Uno se embola de ceder, a veces. Pero...

–Espere, Francella, que corremos el riesgo de no celebrar el aniversario veintiuno...
Guillermo: Permitime completar que el tiempo me demostró que, en lo importante, nunca me falla. Y pongo énfasis en ello. Aprendí a recordar que los hombres y mujeres pertenecemos a planetas diferentes y que provengo de un padre bancario, del que heredé lo de ser organizado y no dejar nada librado al azar. No soy un actor bohemio, que deja todo en manos de su esposa y vuela. Jamás lo fui ni lo seré.
Marynes: Por algo le ha ido como le ha ido.

–Epa, tampoco me aflojen ahora, que los cruces matrimoniales venden revistas.
Guillermo: En serio: una compañera de fierro, una crítica objetiva y conocedora, una divina, Mary. Eligió las cortinas musicales de Poné a Francella. Para presentarme en el casting de la película mexicana Rudo y Cursi me buscó unas camisas que compramos en Saint Tropez. “Dan justo para el papel de representante chanta de fútbol”. Me saca la ficha. Jamás vino atrás. Ella me acompaña. Es mi fuente de consulta.
Marynes: Guille no deja de maravillarme a pesar de sus tres décadas de trayectoria. ¿Lo viste ahora en la obra El joven Frankenstein, cantando y bailando? ¿Y en la función privada del filme El secreto de sus ojos, encarnando a un alcohólico, por pedido de Juan José Campanella? A mí ya no me sorprende su versatilidad, y aún me sigue convenciendo. Al observarlo en algunos roles me olvido de que se trata de mi marido.

–¿Sufrieron crisis delicadas de pareja?
Guillermo: Ninguna grave, de portazo o mudanza...
Marynes: No somos demasiado celosos. Lo normal. Si bien lo odio y lo codeo cuando vamos caminando, nos cruzamos una linda dama y grita “¡apaaaaaa!” para enojarme. Yo miro hombres, aunque de manera discreta.
Guillermo: No perdimos el humor. ¿Nuestras claves para que la historieta se convirtiera en una gran historia de amor? La pasión, el humor y la confianza. Y Mary tiene bastante que ver. Los chicos te descostillan contando anécdotas. A Nico ni lo puedo retar: “Respetame, te hablo en serio”. “Pasa que ponés la misma cara que en la tele, papá”, se me caga de risa el estudiante de Publicidad. Y en cuanto a Yoyi... Ufff... Preparémonos, que le atrae la carrera de un servidor.

–No perdieron la confianza, el humor y la pasión. ¿Qué son veinte años a la hora de la pasión?
Marynes: Obvio que la pasión extrema del inicio resulta imposible de recuperar. La reemplazás por otra clase de pasión.
Guillermo: El comercial de champú de los dos corriendo ligeros de ropa y el pelo flotando quedó un poco atrás. Igual, ella me sigue gustando tanto como antes. Marynes: Pese a que estás un cachito menos afectuoso. Un cachito.
Guillermo: Son dos décadas, cariño.
Marynes: Epoca ideal para encargar un tercer hijo, quizá...
Guillermo: ¿Ahora, Mary? Cuando yo quise, vos no.
Marynes: Perdón... La última vez que quisiste fue hace catorce años.
Guillermo: Nooo... Bah, bueno... Si te parece, hacemos un simulacro. Sabés que nunca me niego a un simulacro de ese estilo. “Siempre lo agradeceré. Formar la familia que soñaba con la mujer que soñaba, Marynes. Volvería a repetir toda la  historia”, admite Guille.

“Siempre lo agradeceré. Formar la familia que soñaba con la mujer que soñaba, Marynes. Volvería a repetir toda la historia”, admite Guille.

“Un día me telefoneó el padre: ‘No te ofendas, pero nos hace ruido que la nena se quede a dormir en tu departamento. Recién anda en los 20 pirulos’, me planteó” (Guille)

“Un día me telefoneó el padre: ‘No te ofendas, pero nos hace ruido que la nena se quede a dormir en tu departamento. Recién anda en los 20 pirulos’, me planteó” (Guille)

“Odio, y lo codeo a Guillermo cuando vamos caminando, nos cruzamos una linda dama y él grita ‘¡apaaaaa!’ para enojarme. Yo miro hombres, aunque de manera discreta” (Marynes)

“Odio, y lo codeo a Guillermo cuando vamos caminando, nos cruzamos una linda dama y él grita ‘¡apaaaaa!’ para enojarme. Yo miro hombres, aunque de manera discreta” (Marynes)

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