“No voy a ser la típica madre rococó” – GENTE Online
 

“No voy a ser la típica madre rococó”

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Intensidad. Si hubiera que destacar uno entre todos los rasgos que distinguen a Analía Franchín, sería ése. Exclamaciones acaloradas, onomatopeyas que enfatizan sus frases, negativas feroces, alaridos felices... Sin duda, la mujer nacida en Floresta hace 37 años vive de manera intensa. Mucho más ahora, madre primeriza que transita su tercer mes y medio de embarazo.

“Reniego del cliché de los escarpines blancos y las imposiciones, y te aseguro que no sentí presión por mi edad –afirma–. Al menos no interna –aclara–. No me importan las convenciones culturales. Para ser mamá, yo esperé al amor de mi vida, que por suerte llegó: le estoy completamente agradecida a Sebastián por acompañarme en este deseo aunque ya haya pasado por la experiencia hace varios años”, explica refiriéndose a su marido, Sebastián Eskenazi (46, CEO de YPF), que tiene tres hijos (de 21, 18 y 15) de su anterior matrimonio.

“Estoy perdidamente enamorada, muerta de amor por él”, apunta refiriéndose a su pareja y admitiendo que formalizaron un año atrás, en secreto. “Nos casamos: fue algo íntimo, muy privado, y no me gusta hacer alharaca de eso”, certifica la conductora del programa radial Terapia despareja, que se emite de lunes a viernes de 9 a 12 por la Pop (101.5), además de panelsita de Bendita TV, el programa de Beto Casella, en Canal 9.

Y desafía: “Las mujeres, según el lugar en que algunos nos ponen, somos como un yogur con fecha de vencimiento. Si te pasás, chau, no servís. Las notas a embarazadas suelen titularse: ‘Ahora me siento completa’. Es el mejor regalo que me envió Dios, pero si no tenía un hijo yo también estaba completa. ¡Es horrible ponernos en ese lugar!”, protesta.

–¿Cómo te enteraste de que ibas a ser mamá?
–Me lo imaginaba: tenía demasiado sueño. Así que el primer día de atraso me hice el test y salió rapidísimo. Estaba sola en casa y cuando llegó mi marido, se lo dije. El niño todavía no tiene nombre. Todos los días alguien nos propone alguno nuevo. Escuchamos propuestas y tenemos alguna idea pero, en definitiva, vamos a terminar eligiendo nosotros dos.

–¿Qué clase de embarazada te reconocés?
–Muy intensa. Como soy medio hipocondríaca, cualquier cosa física que me pasa me da mucho miedo. Los tres primeros meses estuve así. Ahora no, me siento bárbara. Me queda una semana para cumplir los cuatro meses, así que mucho mejor. No tuve muchas náuseas. Con la comida trato de no usar como excusa el embarazo para clavarme un salame a las doce de la noche.

–Significa que vos no serás como esas mujeres que se abocan a ser mamás y descuidan su pareja.
–No es mi caso. No quiero que mi marido me vea como una madre nada más... Es aburrido. Hoy mi matrimonio es mi prioridad. Mañana pasaré a tener dos: mi marido y mi hijo. No quiero reemplazar a uno por el otro.

Franchín, que emergió en los medios como novia de Guillermo Coppola una bomba sexy, hoy se cuida de no publicitar en demasía sus atributos. A la hora de las fotos, evita poses sugerentes y elude la exagerada exposición física. “Una puede ser madre y sexy –evalúa–. Es un error considerarse madre y nada más: creo que hay que mantener a la mujer. Yo vivo con mi marido, sus tres hijos y uno que viene en camino. Además, fui creciendo”, sostiene quien, entretanto, admite que dentro de los cuidados estéticos hay un tema que la obsesiona: los tatuajes.

Son seis, entre los que se cuentan iniciales (la “A” y la “L”, de Lecter, un gran danés que crió), animales (una orca, un delfín, una iguana) y un brazalete. Analía los quiere borrar a todos sin titubeos. “Voy a parir, y de ahí me paso derechito al consultorio de al lado, para sacarme los tatuajes –ríe–. No los quiero nada: es de lo único que me arrepiento en la vida”, reconoce.

–Entonces, nada de tatuarte el nombre del bebé.
–¡Noooo! ¡Ni loca! ¡Qué horror! No me veo tampoco como esas madres que guardan el ombligo, el pelo, el cordón umbilical. En eso soy como la anti-madre por ahora. Capaz que después guardo todo en una caja, pero no creo que vaya a tener ese mambo. Quiero parir a un ser humano libre e independiente. Es mi responsabilidad, pero no mi propiedad. Quiero que sea una relación de amor y respeto.

–¿Y qué no quisieras repetir de tu crianza?
–Los miedos. Me criaron con mucho miedo. No le quiero hablar del Hombre de la Bolsa ni del Cuco. Fui criada con la idea de que si me tragaba una semilla, me iba a crecer una planta en la panza; que si me tragaba un chicle se me iba a pegar el estómago y me iba a morir... No quiero generarle esas huellas a mi hijo. Ojo, todo eso ahora... Quizás después lo agarro tipo perra y si te acercás te muerdo, no sé. Espero que no, porque va a terminar siendo un infeliz.

–¿Cuánto tenés de mamá rocker?
–Muy poco en realidad. No voy a ser la típica madre rococó. Va a ser un bebito con un cuarto hermoso, pero no sé si demasiado infantil. Ojo, tampoco le voy a poner, cuando vaya creciendo, pósters de chicas desnudas.

–¿Le hablás a la panza?
–Todavía no, porque no sentí el movimiento. Igual, dicen que escucha lo que uno habla, así que me digo: “¡Qué horror!”. Se debe tapar las orejas cuando hago el programa. Estoy esperando el día que se mueva. En ese momento voy a gritar de miedo o de alegría. Conociéndome, me parece que de miedo.

–¿Vas a dejar de trabajar?
–Ni loca. Voy a estar activa hasta el último momento que el cuerpo me lo permita. Jamás en la vida me planteé no laburar. No nací para eso. Me vuelvo loca si no hago nada. Necesito mis ingresos. No quiero pedirle plata al papá para comprarle algo a mi hijo, o hacerle un regalo a él. “Che, Sebas, dame plata que te quiero hacer un regalo a vos”. No da.

–¿Ya lo imaginás físicamente?
–Todas las mamás imaginan a su hijo como el más lindo del mundo. Yo me veo llenándolo de besos. Me vuelvo loca. Los tres hijos de Sebastián son muy parecidos a él, así que me encantaría que salga como un pedacito de la persona que más amo en el mundo. Lo mejor que me podría pasar es que se parezca a él.

Como dice Serrat, <i>“el cuarto mes le pesa en el vientre”</i> a Analía. <i>“Soy una embarazada muy intensa. Al primer día de atraso me hice el test”</i>, cuenta.

Como dice Serrat, “el cuarto mes le pesa en el vientre” a Analía. “Soy una embarazada muy intensa. Al primer día de atraso me hice el test”, cuenta.

Franchín y Eskenazi se casaron en secreto hace un año. <i>“Para ser mamá, yo antes esperé al amor de mi vida: le estoy agradecida a Sebastián por haberme acompañado en este deseo habiendo pasado ya por la experiencia”</i>.

Franchín y Eskenazi se casaron en secreto hace un año. “Para ser mamá, yo antes esperé al amor de mi vida: le estoy agradecida a Sebastián por haberme acompañado en este deseo habiendo pasado ya por la experiencia”.

“Las notas a embarazadas suelen titularse: ‘Ahora me siento completa’. Es el mejor regalo que me envió Dios, pero si no tenía un hijo yo también estaba completa. ¡Es horrible ponernos en ese lugar!”.

“Las notas a embarazadas suelen titularse: ‘Ahora me siento completa’. Es el mejor regalo que me envió Dios, pero si no tenía un hijo yo también estaba completa. ¡Es horrible ponernos en ese lugar!”.

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