“No traigo oro ni plata, sino algo más valioso: a Cristo” – GENTE Online
 

“No traigo oro ni plata, sino algo más valioso: a Cristo”

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Se abren paso entre la multitud, cargando valijas y con la bandera argentina en los hombros. Llegan a Río después de casi tres días y 2.700 kilómetros de asfalto, y media hora antes de que el papa Francisco pise suelo carioca. Contagian sonrisas y canciones. Enfilan hacia la Catedral Metropolitana de San Sebastián, para alojarse en el hotel de la Curia. Tienen la alegría a flor de piel. Son algunos de los 150 chicos de la diócesis Avellaneda-Lanús y caminan tras los pasos del padre Marcelo. “¡Argentino, el Papa es argentino!”, cantan a viva voz, mientras Brasil les contesta que sí, que puede haber nacido en Buenos Aires hace 76 años, pero que hoy está en Brasil para liderar la XXVII Jornada Mundial de la Juventud. No tienen más de 25 años, y con la energía intacta siguen: “¡Esta es la juventud del Papa!”.

ILUSION PURA. Los chicos del grupo Filocalia, de La Plata, ensayan canciones de misa detrás del altar mayor de la Catedral. Son las dos de la tarde y vinieron a Río para el intercambio cultural que implica esta Jornada. Cuentan, orgullosos, que son actores y músicos. Tienen preparadas cuatro obras musicales para representar frente a Francisco. Habrá una sobre el Pesebre, otra sobre el Via Crucis y “otras dos que no podemos develar, para que haya algo de sorpresa”. Ya fuera de la imponente Catedral, en su explanada y sobre la avenida República de Chile, peregrinos y fieles locales ocupan sus puestos. Buscan el espacio desde donde poder verlo pasar. Nada más... ni nada menos. Todavía no son las cuatro de la tarde y el calor ya dejó de ser insoportable. María Lanz tiene 19 años y forma parte de un grupo de cincuenta de la iglesia San Nicolás de Bari: Buenos Aires capital, Comuna Uno, avenida Santa Fe. Llegó aquí ilusionada con unirse “a una multitud que habla diferentes lenguas y tiene distintas culturas”. Jura que el esfuerzo del viaje valió la pena y que, por ser argentina, siente que ella y sus compatriotas “somos una especie de invitados de honor a esta jornada mundial. Que Francisco ponga su esperanza en nosotros me impulsa a querer anunciar a Jesús”, define con pasión. Esta es su segunda Jornada similar, y en su cabeza todavía resuena la de 2011, en Madrid, en la que Benedicto XVI les dijo: “Cuando vuelvan a sus casas demuestren que los cristianos no somos aburridos”.

“¡Aterrizó!”, le anuncia Rossana a su madre brasileña, mientras le muestra su dispositivo portátil con las imágenes, en vivo y en directo, del Papa recibido por Dilma Rousseff en el aeropuerto. Ante el asombro de GENTE por semejante bendición tecnológica, ambas comparten con quienes las rodean la transmisión televisiva desde El Galeao. Mientras, Denise Iglesias (23) pone a punto su cámara de fotos para que ese momento quede registrado en una memoria más tecnológica que la de su alma. Y cuenta que “este Papa te genera admiración, además de amor. Me emociona escucharlo y ver lo cercano que es con la gente. Además, me hace sentir más patriota... ¡porque es argentino! Francisco logró unirnos y ojalá consiga que mucha gente que cree en Jesús pero está alejada de la Iglesia, vuelva a acercarse”. Se emociona y mira el reloj. Calcula que “en quince minutos tiene que pasar por aquí”. Y entonces, los dos helicópteros que siguen al Papa desde el cielo vuelven a aparecer entre los enormes edificios de la metrópoli carioca para avisar su llegada y su paso por la Catedral: ¡histórico!

CERCANO Y AMIGO. Con 15 años, Catalina Ramallo está en el grupo de la Catedral de San Isidro. Recuerda que se anotó sin ninguna amiga de su colegio, “pero que las ganas eran tan fuertes que no dudé, y hoy celebro estar aquí. Un privilegio inolvidable. Total, en cualquier momento puedo tomarme vacaciones de invierno tradicionales y con amigas. En cambio, éste es el gran momento de mi vida, porque Francisco me ayuda a entender mejor qué es lo que Jesús espera de mí”. Kate Acuña Anzorena (20) es del barrio de Belgrano y dice con orgullo: “Queremos demostrarle al mundo que acá se puede cantar, reír y bailar con el Papa, y encontrar la felicidad. Además, en lo personal, tener cerca a Francisco me ayuda a cerrar ciertos enojos que tuve con Dios por experiencias pasadas... Me encantaría que estos días le sirvan de igual manera a mucha gente, porque este Papa nos comprende. Con humildad, nos dice cómo podemos ser mejores personas. Usa palabras simples y está poniendo las cosas en su lugar dentro de la Iglesia Católica. Porque la Iglesia está formada por hombres imperfectos, pero que pueden aspirar a la perfección”, reflexiona. Tiene al lado a un grupo de monjes franciscanos. Están vestidos con la clásica sotana marrón y las sandalias de San Francisco de Asís. El santo de los pobres. Aquel que Jorge Bergoglio eligió para tomar su nombre de Jefe de la Iglesia. Y son, por lejos, los más buscados a la hora de las fotos. Llegaron desde los Estados Unidos “para ver al primer Papa sudamericano en su primer viaje internacional... ¡y por Sudamérica”, se emocionan.

DE TODO EL MUNDO. Algunos argentinos cancherean gracias a Francisco: “Papa moito nuestro”, le dice Joaquín, entrerriano, en portuñol, a una peregrina paulista que grita “¡Brazil, Brazil!”. Entran al juego los uruguayos y también se adueñan de nuestro Papa. Diego Christophersen, del grupo Stella Maris, de Carrasco, Montevideo, sentencia: “Para mí es un Papa rioplatense. ¿Me van a decir que no? ¡Es un poco nuestro! Le decís ‘Montevideo’ y sabe de qué estás hablando. Con los otros papas, en cambio, no pasaba”. Pero el ulular de las sirenas termina con el debate. Los que se habían sentado se paran como resortes, y los que reservaban la batería de sus celulares las hacen funcionar hasta agotarlas, porque Francisco está a punto de pasar frente a ellos. Hay corridas, gritos, y los ojos de aquellos que tienen el privilegio de estar ahí se encandilan ante un hombre de 76 años, que los saluda con una sonrisa perpetua pese al cansancio: ha viajado doce horas en avión, y lo espera un protocolo que parece infinito...

Se oye decir que “nunca hubo un Papa tan cercano a la gente. ¡De eso se trata! De estar cerca nuestro, para acercarnos a Dios”. Son palabras de Martín Cuello –mendocino de Acción Católica–, que señala a ese hombre vestido de blanco, sin duda uno de los más poderosos del mundo, alargando sus manos para recibir a un bebé y besarlo con ternura.

La gran fiesta, la fiesta infinita de los jóvenes, ha empezado. Aquella que Juan Pablo II impulsó en 1984 y por la que hoy, desde el cielo y a punto de ser santo, le hace un guiño a Francisco, pidiéndole que en Brasil siga tocando esos corazones frescos que desconocen las durezas de la adultez, para que descubran y crean que el nuevo Papa confía en ellos y reza por ellos (y por el entero mundo) cada día. Y es así, porque entre sus primeras palabras, Francisco expresó: “El futuro entra por el ventanal de los jóvenes”.

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Podrán pasar años. Décadas. Habrá paz y habrá guerra. Habrá inventos asombrosos. El Hombre que ya alcanzó la Luna tocará el rojo suelo de Marte. Esos millares de jóvenes crecerán, tendrán hijos, envejecerán. Pero la Historia ya no será la misma. Porque un día, desde la chimenea del Vaticano, se anunció la llegada de Jorge Mario Bergoglio, Francisco, a la eterna Silla de Pedro. Acaso el Papa que los siglos esperaron para El Gran Cambio. Y él lo expresa no bien pisa tierra latinoamericana: “No traigo oro ni plata, sino algo más valioso: a Cristo”.

Son las 17.05 del lunes 22. Francisco atraviesa la carioca avenida República de Chile. Sudamérica se siente orgullosa de este hombre, que llegó a Roma desde el fin del mundo.

Son las 17.05 del lunes 22. Francisco atraviesa la carioca avenida República de Chile. Sudamérica se siente orgullosa de este hombre, que llegó a Roma desde el fin del mundo.

Francisco acaba de dejar atrás la Catedral Metropolitana. Viaja en un Mercedes Benz Clase G, sin vidrios blindados. Peregrinos de todos los países aguardaban su llegada. Brasil, la nación con mayor número de católicos, celebra por recibir al primer Papa sudamericano. Se calcula que a Río llegaron más de 40 mil argentinos, y no menos de 3 mil uruguayos. Fiel a su costumbre, el Papa ve, pide que le alcancen a un bebé y lo besa. El orgullo de los padres del menino es imposible de describir.

Francisco acaba de dejar atrás la Catedral Metropolitana. Viaja en un Mercedes Benz Clase G, sin vidrios blindados. Peregrinos de todos los países aguardaban su llegada. Brasil, la nación con mayor número de católicos, celebra por recibir al primer Papa sudamericano. Se calcula que a Río llegaron más de 40 mil argentinos, y no menos de 3 mil uruguayos. Fiel a su costumbre, el Papa ve, pide que le alcancen a un bebé y lo besa. El orgullo de los padres del menino es imposible de describir.

Los músicos y actores del grupo Filocalia, de La Plata, ensayan los temas que interpretarán ante Francisco. Están arriba del altar de la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

Los músicos y actores del grupo Filocalia, de La Plata, ensayan los temas que interpretarán ante Francisco. Están arriba del altar de la Catedral Metropolitana de San Sebastián.

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