“No tengo apuro en volver a ponerme de novia” – GENTE Online
 

“No tengo apuro en volver a ponerme de novia”

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Tipo mediodía iremos a almorzar en el tambo Lapataia. ¿Podrías, si no se te complica, hacer la nota entre las 11 y las 12 AM?
–Perfecto. ¿Y dónde?

–¿Te parece acá, en Rincón del Este, un complejo familiar de la parada 22 de La Brava, a medio kilómetro del Cantegril Country Club?
–Ningún problema. Ahí nos encontraremos, okay.

La reporteada será Brenda Daniela Asnicar Mendoza, pero quien pacta el encuentro se llama Gustavo (46, comerciante), el papá de la criatura, casado con Adriana (40, productora de moda). “Nos encanta estar bien cerca de ella. Recién cumplió 17 años. Además, debemos hacerlo”, coincidirán al rato, después de saludar, invitar “lo que quieras comer y tomar”, buscar un lugar despejado para la entrevista y dejarnos con la divina de las divinas del país y el continente americano. “Aunque quizá en unos meses viajemos a presentar recitales de Patito Feo en Europa”, anticipa la rubia de sonrisa relajada y constante, pies descalzos, uñas pintadas de rosa shocking, vestido a la rodilla, voz grave (“Al levantarme sueno a Joaquín Sabina”, bromea) y hablar apresurado.

–Antes de reanudar el rumbo que la convirtió en referente infantil…
–Increíble. El día que llegué, no te imaginás cómo se me acercaban los piojos. Geniales.

–Le preguntábamos: ¿entonces no se había escapado con su ex compañero de tira, Matías Alé, de 31, a Brasil? ¿O ya viajó y retornó?
–Noooooo. Cuando escuché semejante barbaridad, primero me reí. Al ratito me enojé, por mis viejos. ¡Soy menor de edad, che! Mentira. Igual, ni loca me hubiesen dejado. Difundir tal locura significa faltarles el respeto a ellos, a Matías y a mí. Ahora entendí que no se pueden manejar un montón de situaciones.

–La fama, la fama... ¿la maldita fama?
–Maldita no. A mí me copa, y creo que la vengo piloteando. No vas a escucharme renegar de los temas que grabé y que los nenes y adolescentes cantan y cantan. Al contrario. Sucede que inventos así molestan y duelen. La realidad, vos lo comprobás, resulta distinta.

–Abriendo el espectro, ¿cómo es su realidad actual, tras dos temporadas de exposición furiosa?
–Aún bajando los decibeles. Calculá que apenas venía de presentarme en Cantaniño (2002) y Chicos argentinos (2004/6) cumplí 15, pasé el casting de Ideas del Sur, me transformé en Antonella y todo explotó. El impacto se sintió. Hoy me veo más madura, responsable, independiente.

–¿Seguro? ¿Al punto de pensar en dejar su hogar paterno de La Horqueta y emanciparse?
–Ni loca. Quiero aprovechar a mamá, papá y mi hermano Iván (19) hasta que pueda. A medida que transcurra el tiempo, los caminos comenzarán a abrirse y la cosa se complicará.

–¿Anda en pareja?
–Hace siete meses que no.

–Ah ah…
–Ah ah, ¿qué?

–Su serio planteo de esperar para abandonar el seno íntimo podría modificarse si llega a enamorarse. ¿Lo sabe?
–Quizá sí, quizá no. Por lo pronto, les escapo a los pasos acelerados. Dejáme disfrutar de mi gente. No tengo apuro en volver a ponerme de novia.

–¿Dura de domar? ¿Dura de conquistar?
–Tranquila, sigilosa.

–¿Suele avanzar?
–Jamás. Puedo morirme de amor por vos y nunca te vas a enterar si no me encaraste.

–¿Armas de seducción?
–Compartir un helado, un café... Nada apabullante.

–¿Nada? ¿Ni siquiera una ropa provocativa, una certera caída de ojos?
–Yo no seduzco con el físico. Resulta demasiado evidente. Aparte, me considero ínfima. Mido 1,60 m, peso 44 kilos, mis curvas rondan los 80-60-85 centímetros. Prefiero atraer a la antigua, mediante una charla, una mirada inocente, la búsqueda de gustos en común. Tampoco me alcanza sólo la pinta de un muchacho para iniciar una relación. Al contrario de Antonella. –…de quien siquiera un par de rasgos debe poseer... –Adoro la ropa de marca famosa y de no marca famosa, lucir linda, los zapatos y las zapatillas, también de marca famosa y de no marca famosa. Sumo alrededor de 60, 70 pares.

–Setenta pares y ninguna flor.
–Si Dios te hace esperar, algo bueno va a llegar.

–¿Mientras tanto?
–Empezar una segunda etapa de mi carrera. Hay varias letras personales que deseo convertir en temas. Me apasiona Britney Spears. No dudaba de que iba a regresar a full. Y el cine. Adoro el cine, la película Romeo y Julieta, de Leo DiCaprio, a Diego Peretti y a Inés Estévez. Existe una propuesta interesante que, por el momento, no puedo adelantarte.

–Nosotros sí podríamos adelantarle que probablemente Marcelo Tinelli, su ex jefe, la convoque para uno de los sueños que pretende ofrecer durante su vigésimo aniversario al aire de manera ininterrumpida. ¿Aceptaría?
–Me llega a llamar y te cuento. Al margen, permitíme redondearte que, además, en 2009 planeo completar mis estudios secundarios en el colegio Nuevo de Las Lomas, San Isidro.

–¿Alumna de qué nivel?
–Nivel aceptable y excelente comportamiento. Aunque…

–¿Aunque?
–Como hija me porto mejor.

–Ese pequeño tatoo medio escondido detrás de su cuello delata cierta permisividad, Asnicar.
–Gran observador. Ocurre que es de henna. Mis padres todavía no me dejaron tatuarme en serio. “Mido 1,60 m, peso 44 kilos y mis curvas rondan los 80-60-85 centímetros”, informa  Brenda, porteña del 17 de enero de 1991 y “una mujercita ínfima”, según propia definición.

“Mido 1,60 m, peso 44 kilos y mis curvas rondan los 80-60-85 centímetros”, informa Brenda, porteña del 17 de enero de 1991 y “una mujercita ínfima”, según propia definición.

“Quiero aprovechar la familia hasta que pueda. A medida que transcurra el tiempo, los caminos comenzarán a abrirse y la cosa se complicará. Dejáme disfrutar de mi gente”.

“Quiero aprovechar la familia hasta que pueda. A medida que transcurra el tiempo, los caminos comenzarán a abrirse y la cosa se complicará. Dejáme disfrutar de mi gente”.

“En Punta del Este, donde veraneo cada enero, encuentro paz, aprovecho para salir a caminar, cabalgar y llevar una vida menos frenética que en Buenos Aires”, sostiene Asnicar disfrutando un jugo en el parador Movistar Montoya Beach.

“En Punta del Este, donde veraneo cada enero, encuentro paz, aprovecho para salir a caminar, cabalgar y llevar una vida menos frenética que en Buenos Aires”, sostiene Asnicar disfrutando un jugo en el parador Movistar Montoya Beach.

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