“No soy una carmelita descalza; tengo una mente muy libre” – GENTE Online
 

“No soy una carmelita descalza; tengo una mente muy libre”

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Aunque la sensación térmica acusa menos de diez grados, Debora Bello (31) se mantiene estoica y de buen ánimo. No le importa permanecer poco cubierta al aire libre, con viento y sin sol. Cuando se planta frente a la cámara, la escasez de abrigo no existe para ella. Quizá porque a pesar de que su cuerpo de 1,75 llama la atención, más atraen su buen ánimo y su humor. Tras más de dos horas posando y haciendo chistes, pide un té verde y declara: “Llevo diez años como modelo… bueno, once. Un montón ya”.

–¿Qué quiere decir ese “ya”? ¿Pensás retirarte?
–Este trabajo es cien por ciento estético y voy a seguir mientras mi cuerpo se encuentre óptimo. Por eso, paralelamente abro mi carrera con la televisión: conduciendo Tendencia puedo mostrar mi lado histriónico.

–¿Histriónico? ¿Te animarías a la actuación?
–Si se presenta un proyecto, me encantaría probar. Hice algunos cursos de teatro, pero ante la oferta concreta de un papel me prepararía con un profesor. Como todo en mi vida, me gusta hacer las cosas prolijas.

–En unos años nos sentamos a hablar de teatro, entonces…
–No sé. No soy de proyectar tanto. Dejo que fluya el momento. Disfruto lo que hago, pongo la energía en el hoy, porque mañana uno nunca sabe. No quiero desilusionarme y sentir que no alcancé lo que me había impuesto como camino.

–Sin embargo, estás planteando un cambio en tu carrera.
–La verdad, yo empecé a trabajar de modelo como un hobby. Es más: la profesión me eligió a mí, no al revés. La fui priorizando a medida que se convirtió en una fuente de ingresos que me permitió mantenerme desde chica. Pero tengo una visión rara al respecto. Yo lo vivo como mi trabajo: voy, lo hago y vuelvo a casa.

–Si lo prioritario para vos no es el trabajo, ¿qué?
–Trato de buscar un equilibrio entre la vida afectiva y la profesional. El día de mañana, al formar una familia, el foco estará ahí, pero tampoco dejaría de trabajar. Es sano, te brinda la tan necesaria independencia. Sé que en este medio hay que aprovechar el momento, nunca dejar pasar tu tren. Por eso ahora apunto la energía a mi labor de conductora. Y es difícil, porque lo que más me cuesta es ser yo misma.

–¿Decís que la Debora Bello que vemos los sábados de 20 a 21 por Canal 9 no es la verdadera?
–Sí, lo es, pero de manera parcial. Es como la Debora que posa para las fotos, parte de un personaje que muestro. Pasa que tal vez pueden verme como mujer fatal, y en realidad yo no me siento así.

–¿Cuál es el límite?
–He dicho “no” a muchas ofertas. El camino se me ha hecho más largo por no sumarme a las pautas que están en auge, ésas que te exigen pura exposición.

–¿A qué ofertas te referís?
–A varias que me llegaron para televisión. Por ejemplo, la de Bailando por un sueño. No acepté no por el baile en sí, sino por toda la repercusión mediática que provoca. Siempre fui perfil bajo, y hacer algo así sería meterme en la boca del lobo. Prefiero vivir en tranquilidad y seguir conservando mis valores… aunque el camino se me haga más largo.

–Por lo visto, el baile del caño y el destape a lo Nazarena no van con vos…
–Está todo bien con la belleza femenina y la sensualidad, pero ¿para qué llegar a tanto? Me da cosa el lugar que está tomando la mujer, sobre todo en la tele, relegada a ser sólo un objeto de exhibición. En general, hoy siento que en la pantalla hay falta de respeto: en las palabras que se usan, en las cosas que se muestran y en las horas en que se emiten. ¡Por la mañana ves lo mismo que en el horario de protección al menor! Increíble.

–¿Desnudos nunca, entonces?
–Totales, no. No soy una carmelita descalza, tengo una mente muy libre. Pero si muestro mi cuerpo, debe ser sin caer en la chabacanería ni en la vulgaridad.

–¿Esto lo decidís por vos o tiene que ver con tu pareja?
–Es una elección mía, anterior a mi vida con Diego.

–¿En qué etapa estás con él?
–Llevamos algo más de tres años juntos, y me siento con una gran estabilidad emocional. Estamos en uno de nuestros mejores momentos.

–Se los ve siempre bien. ¿Nunca se separaron?
–Sólo por trabajo. Cuando estamos lejos nos hablamos constantemente por handy. Reconozco que la soledad me sirve de vez en cuando, para saber dónde estoy parada y cómo me siento. Además, no hay nada más hermoso que los reencuentros. Lo de convivir, para el caso, se fue dando, no fue algo que se conversó o se pautó.

–¿En la consolidación entran planes de formar una familia?
–El deseo está, pero ahora no es el momento, por el trabajo de los dos. Diego está en plena gira, y yo vengo iniciando una nueva etapa. Nos queda toda la vida para eso. Por el momento nos alcanzan las ganas de estar juntos.

–No te vemos un anillo ni nada parecido…
–No creemos en esos compromisos. Sí en la familia, en los hijos. Para mí, el fruto más importante de una relación y la señal de amor más fuerte es decidir tener un hijo.

–Ah, eso ya lo han conversado.
–No hace falta exponerlo. Nos entendemos mucho. Y con Diego el deseo de tener un hijo ya existe.

–¿Casamiento sí o no?
–Usé tantos vestidos de novia en los desfiles que no es mi sueño. Al matrimonio lo pensamos como un símbolo de culminación, como un premio.

–Entonces van a llegar los hijos antes que la boda.
–Sí, es más probable que primero seamos padres. Somos más de planear la familia que de pensar en trámites burocráticos.

“<i>Siempre fui perfil bajo. Prefiero seguir conservando mis valores… aunque el camino se me haga más largo</i>”, afirma Debora, de 31 años, bonaerense y diosa.

Siempre fui perfil bajo. Prefiero seguir conservando mis valores… aunque el camino se me haga más largo”, afirma Debora, de 31 años, bonaerense y diosa.

“<i>Cuando estamos lejos, con Diego nos hablamos constantemente por handy. De vez en cuando la soledad me sirve para saber dónde estoy parada. Además, no hay nada más hermoso que los reencuentros.</i>”

Cuando estamos lejos, con Diego nos hablamos constantemente por handy. De vez en cuando la soledad me sirve para saber dónde estoy parada. Además, no hay nada más hermoso que los reencuentros.

“<i>Cuando conduzco y cuando poso soy yo, pero de manera parcial, a partir de un personaje que muestro. Tal vez pueden verme como mujer fatal, y en realidad yo no me siento así</i>”.

Cuando conduzco y cuando poso soy yo, pero de manera parcial, a partir de un personaje que muestro. Tal vez pueden verme como mujer fatal, y en realidad yo no me siento así”.

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