“No soy rebelde, la palabra que me define es relajada” – GENTE Online
 

“No soy rebelde, la palabra que me define es relajada”

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Es el eslabón más desconocido y admirado de la dinastía que gestó Susana Giménez. La segunda generación de la diva, nacida del matrimonio que durante dos décadas unió a su hija, Mercedes Sarrabayrouse (51) con Eduardo Celasco (51), tiene apenas 20 años, y una filosofía que hoy llega a su fin: la de no dar notas a la prensa. Lucía Celasco, la nieta mayor de la gran diva nacional, debuta frente a un grabador encendido para GENTE, la misma publicación que presentó a Susana en exclusiva, allá por el año 1967, en su primera tapa. La describen como una chica rebelde, que hace caso omiso al qué dirán y a la que poco le importan los códigos de la farándula.

Lo cierto es que ella se considera una outsider, una extranjera del ambiente donde su abuela es Reina. Y sin quererlo, su bajo perfil cosechó una admiración desmedida. A pesar de acusar “terror a la televisión” y de no haber querido transar nunca con el establishment mediático, Lucía se transformó en un referente de la moda, en una It girl que reniega de serlo. Su estilo es único, diferente por indiferencia: look desprolijo, pero vestido con grandes marcas, nueve tatuajes (entre otros, la palabra Joy, la frase Carpe Diem y varios corazones), ojos entre verdes y celestes, pelo desgastadamente cool, un cuerpo natural, sin operaciones ni voluptuosidades desproporcionadas, y una simpatía que nace en el silencio. Carisma, la misma variable mágica que hizo de su abuela una institución.

PRIMERA VEZ. Su día arrancó a las 6 am, en Buenos Aires. Se pegó una ducha, se vistió “en dos minutos” y sin maquillarse (nunca lo hace), tomó un vuelo privado a Punta del Este, donde este cronista la esperaba para su primera entrevista pautada. El encuentro fue en el parador La Caracola, a pocos kilómetros de José Ignacio por la ruta 10, y el mismo día en que Paris Hilton tocó en vivo para los 300 invitados de la fiesta de GÉAU vitaminwater, marca de la que Lucía es embajadora. A ella Paris le importó poco: ni se quedó a escucharla. Primero, fueron las fotos. Se paró donde le indicó el fotógrafo y mientras duró la sesión fue modelo. La atracción de la cámara podía notarse en el desenfrenado sonido de los disparos de la Nikon. Su padre, que vigila de cerca su carrera, la acompañó en la travesía, pero no quiso entrometerse en la charla ni en la fotos. Sólo apareció tras bañarse en el mar, cuando su hija ya tenía todo controlado y hablaba suelta. Tampoco estuvo su novio desde hace dos años, el empresario gastronómico Joaquín Rozas (24), que la esperó en Buenos Aires. Sentada en la arena, Lucía apaga el cigarrillo, toma un trago de caipirinha y arranca: “Dale, vamos”.

–Entiendo que no te gustan las entrevistas, ¿por qué?
–No, no me gustan, pero voy a hacer un esfuerzo. Supongo que porque soy tímida, no sé… me da vergüenza. No me gustan las fotos, mucho menos hablar, imaginate. Me da la impresión de que no nací para hablar.

–¿Lees lo que se escribe sobre vos?
–No, veo las fotos y basta. No leo nada, ni mío ni de nadie. Libros sí leo, de todo un poco. El último que leí fue el libro de la película que salió ahora, El lobo de Wall Street; también vi la peli. Me gusta leer.

–Las revistas dicen que sos un referente…
–Sí, eso dicen, aunque me cuesta creerlo. Debo serlo, no sé. En la calle cero bola, ni me reconocen. Cada tanto alguien me pide una foto, pero nada más, es muy relajada mi relación con la gente. Por celular sí, se nota más.

–¿Twitter? ¿Usas redes sociales?
–El Twitter ni lo uso. No soy muy red social, sólo Instagram. No me gusta escribir sobre las cosas que hago o dejo de hacer. ¿La verdad? Me parece una pelotudez.

–¿Tardás mucho en vestirte?
–No, un toque. No me doy cuenta. Lo que me pongo lo elijo en el momento y así salgo. Me visto en dos minutos, soy cero de pensar. Me voy poniendo la ropa y lo que queda, queda. No me gusta producirme; está a la vista, ¿no?

–¿Qué marcas elegís?
–De acá me gustan mucho AY Not Dead, Jazmín Chebar, Rapsodia, Paula… No tengo un estilo definido, tengo varias marcas que compro y combino. De afuera, bueno, Topshop, Brandy, de todo un poco...

–¿Tu placard está lleno de ropa?
–Sí, sí, me gusta comprar. Si gasto plata, gasto en ropa o en comida. Salgo mucho a comer afuera. Cuando estoy acá, voy a La Huella, al Fasano y últimamente mucho Bungalow, en la Punta. Ahí como fondue, que es mi comida favorita. No sé de dónde lo saqué. Vine diez días a Punta del Este y fui tres veces a comer ahí. ¡Me encanta mal!

–¿Te pintás?
–No, no, cero. Me gusta pintarme los labios, eso sí. Pero no me maquillo.

–¿Ni siquiera tapaojeras?
–No, nada, mirá… (se saca los anteojos y muestra los ojazos para probar que no, no hay rastros de corrector alguno). Me levanté a las seis de la mañana, me bañé y me vine para acá. Así estoy.

–¿O sea que tampoco te molesta salir mal en las fotos?
–No, tampoco me importa, ya lo tengo totalmente asumido. Al principio tal vez me molestaba un poco. Decía: “¡Uff, qué fiaca!”, miraba dos segundos y después pasaba la página. No soy muy fotogénica. Si me molestara, me viviría haciendo malasangre.

–¿Tenés algún ídolo? ¿Paris Hilton, por ejemplo?
–Já, no, ¡ni en pedo! No soy fan de nada, no es mi perfil. Ni cantantes, ni modelos, ni nada. Cuando era chica me gustaba un jugador de fútbol. Eso fue lo más cercano a un póster que tuve. Pero era pendeja.

Leé la nota completa en la edición 2531 de Gente.

La producción se hace el miércoles 15 de enero del 2014. Ella acusa no ser fotogénica, aunque las fotos la desmienten. Lugar: La Caracola. Hora: 15.30. El sol derrite el hielo. Lucía se encarga del resto.

La producción se hace el miércoles 15 de enero del 2014. Ella acusa no ser fotogénica, aunque las fotos la desmienten. Lugar: La Caracola. Hora: 15.30. El sol derrite el hielo. Lucía se encarga del resto.

“No me gusta este ambiente. No es para nada mi onda, pero me lo tengo que bancar, aunque sigo sin sentirme cómoda. Por eso no voy a actuar nunca: no quiero ser parte de todo esto”

“No me gusta este ambiente. No es para nada mi onda, pero me lo tengo que bancar, aunque sigo sin sentirme cómoda. Por eso no voy a actuar nunca: no quiero ser parte de todo esto”

Allá por 1967, con 23 años, Susana posó para su primera tapa de GENTE. Su nieta tiene 20 y reniega de las fotos y de la fama. Acá, con su abuela y su madre, Mercedes Sarrabayrouse.

Allá por 1967, con 23 años, Susana posó para su primera tapa de GENTE. Su nieta tiene 20 y reniega de las fotos y de la fama. Acá, con su abuela y su madre, Mercedes Sarrabayrouse.

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