No soñaba… que un día sería Presidenta – GENTE Online
 

No soñaba... que un día sería Presidenta

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No quiere ser presidenta? ¿No quiere ser la primera mujer presidenta de la Argentina?”, interrogó en febrero de 2004 la estadounidense Patricia Derian, ex secretaria de Derechos Humanos del gobierno de Jimmy Carter. En la helada Nueva York, Cristina Fernández se puso colorada, negó con la cabeza, carraspeó y contestó: “No, no. Por favor… no”. Pero las vueltas de la vida –y más aún las de la política– todo lo pueden y el domingo 28 de octubre Cristina Fernández de Kirchner se convirtió a los 54 años en la primera mujer en ser electa presidenta de la Nación, con el 44,89 por ciento de los votos, sacándole 22 puntos de ventaja a Elisa Carrió.

Tengo el honor más grande que se le puede conferir a un argentino. Gracias”, dijo emocionada. Pocos minutos antes de las 22, cuando ya no quedaban dudas de que la victoria era irrefutable, la primera dama hizo su aparición sobre el escenario del búnker kirchnerista montado en el segundo subsuelo del Hotel Intercontinental. Se la veía radiante, impecable, más sonriente que nunca. No era para menos. “Hemos ganado ampliamente, tal vez con la mayor diferencia entre la primera fuerza y la segunda en toda la historia de la democracia”, anunció. En el estrado la acompañaban: su marido, el presidente Néstor Kirchner; el vicepresidente y gobernador bonaerense electo, Daniel Scioli, y su mujer, Karina Rabolini; el vicepresidente electo, Julio Cobos, y la ex candidata socialista a la presidencia de Francia, Segolène Royal, quien llegó especialmente para acompañar a la ganadora.

Abajo del escenario no cesaban los cantos que le “dedicaban” el triunfo a Carrió, a Mauricio Macri y a todos los que presagiaban que habría ballottage. “¡Es la gloriosa JP!”, entonaron, algo nostálgicos, los seguidores kirchneristas, reivindicando la militancia setentista que identifica a los fieles laderos del Gobierno. “Me recuerdan mucho a lo que éramos el Presidente y yo cuando éramos muy jóvenes. Porque alguna vez lo fuimos…”, contestó jocosa.

Los jóvenes K ovacionaron a Cristina, pero también a Kirchner, cuando su esposa lo mencionó. “El hombre que me acompaña y que ha sido mi compañero de toda la vida”, dijo, aludiendo al Presidente. “¡Néstor, Néstor!”, corearon. Cristina continuó su discurso diciendo: “El triunfo nos coloca en un lugar de mayor responsabilidad y obligaciones. Queremos profundizar los cambios que empezamos en 2003”. La marcha peronista (pese a la Concertación Plural) no tardó en llegar y Cristina, conmovida, saludó haciendo la clásica V de la victoria.

UNA ESPERA CONFIADA. El clima era optimista. En el Intercontinental sonaba una y otra vez Tu voz, el tema de Abel Pintos que se usó para la campaña. Por las pantallas se iban siguiendo los resultados electorales. Desde las 18, por los pasillos del hotel circularon dirigentes y famosos, simpatizantes de la gestión, que se acercaron a dar sus felicitaciones. Eran caras relajadas, que esperaban la confirmación de un triunfo anunciado.

Hacía mucho que no me sentía representada por un gobierno. Es algo que sí siento con el proyecto que encaran Kirchner y Cristina. Ellos saben lo que hacen, saben a dónde llevar al país”, dijo la cantante Teresa Parodi. Por allí también pasaron Jorge Locomotora Castro, Marcela La Tigresa Acuña, Horacio Fontova y Claudio Morgado. Por supuesto, no faltaron Rafael Bielsa, Felipe Solá, el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, el director de Télam, Martín Granovsky, la periodista Mona Moncalvillo, el ministro de Salud, Ginés González García, el gremialista y diputado Ariel Basteiro y la ministra de Defensa, Nilda Garré, entre otros. Mientras iban llegando, se enteraban allí de los primeros resultados de los comicios. “La gente tiene memoria. Piensan en cómo estaba el país cuando ellos asumieron y ven cómo está ahora”, explicó a GENTE la diputada Diana Conti.

El Gobierno les devolvió valor a cosas que se habían olvidado en Argentina, como el trabajo, la justicia, la industria, la relación con los organismos multilaterales, las relaciones internacionales. Esta es una señal política importante. Es una presidenta que empieza con un caudal de votos muy alto”, destacó la economista y diputada Mercedes Marcó del Pont, una de las posibles integrantes del futuro gabinete de Cristina.

La candidata llegó al búnker cerca de las 18.30. Por la mañana temprano votó en la provincia de Santa Cruz, y voló a Buenos Aires en el Tango 01, acompañada por su marido, sus hijos, Florencia y Máximo, el vocero Miguel Núñez y su círculo íntimo. Aterrizó en Aeroparque y viajó hacia la residencia de Olivos. Desde allí partieron en helicóptero pasadas las 18. En el Intercontinental, el Gobierno había reservado los pisos 17 y 18 para su uso exclusivo. Allí aguardaron los resultados los miembros del gabinete, la familia Kirchner en pleno (con la madre de la ganadora, Ofelia Welhelm, incluida) y los dirigentes más cercanos al matrimonio presidencial.

FESTEJO INTIMO. Después del discurso de la presidenta electa, los festejos continuaron en los dos pisos del hotel. En una suite del piso 18 se quedó Cristina con su familia y los hombres K: allí tuvieron acceso el secretario de Medios, José Albistur, el ministro de Educación, Daniel Filmus, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. GENTE pudo acceder a la recepción organizada en el Club Intercontinental, del piso 17, donde se habían instalado dos enormes pantallas planas, para que un reducido número de dirigentes pudiera seguir los acontecimientos por televisión. Hubo champagne, gaseosas para los más chicos (hijos y nietos que se sumaron al festejo) y canapés. El clima fue alegre, pero sereno. Allí brindaron el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el de Justicia, Alberto Iribarne, el dirigente peronista Juan Carlos Dante Gullo y el diputado Carlos Kunkel, una pieza fundamental en la construcción del kirchnerismo. “Bueno. Ahora hay que ponerse a laburar, eh… Se terminó la campaña”, le bromeó un colaborador a Tomada. El ministro, a quien se veía muy alegre, contestó en el mismo tono: “Sí. Ahora tengo doble trabajo”. Mientras tanto, una militante comunicaba los resultados que le trasmitían por vía telefónica: “¡Ganó Urtubey! Alak perdió La Plata…”. Pasadas las 12 de la noche, ya no quedaba casi nadie en el piso 17. Los más allegados pudieron acceder al grupo selecto que saludó a Cristina un piso más arriba. Los demás se fueron, satisfechos, con los festejos a otra parte.

PASION POR LA POLITICA. Uno nunca se explicó cómo una chica tan bonita le dio bolilla a semejante pelandrún”. La frase pertenece a un ex dirigente de la Federación Universitaria para la Revolución Nacional (FURN), que fue compañero de militancia del presidente Kirchner. Más allá de la broma, lo cierto es que cuando se conocieron en la Universidad de La Plata, Cristina quedó “deslumbrada por la inteligencia de Lupín” (como lo llamaban sus amigos). Tan así fue que dejó a quien era su novio desde hacía cinco años, el rugbier platense Raúl Caferatta, para irse detrás de aquel joven que usaba lentes gruesos, era alto, flaco y algo desgarbado, pero con quien discutía apasionadamente de política. Ella, la joven bonita, coqueta e inteligente, que se pintaba “como una puerta”, como suele decir la ahora presidenta, había encontrado en Kirchner a “su compañero”. Se habían cruzado algunas veces en los pasillos de la facultad, pero comenzaron a frecuentarse cuando el entonces futuro presidente empezó a compartir departamento con el novio de Ofelia Pipa Cédola, amiga de Cristina y actual subsecretaria de Asuntos Legales de la Secretaría Legal y Técnica. Así, sin más, con sólo seis meses de noviazgo, se casaron el 9 de mayo de 1975, acompañados por unos pocos amigos, que entonaron la infaltable marcha peronista, la otra pasión que los unía. Un mal trago para el padre de la novia, Eduardo Fernández, radical de toda la vida, y una satisfacción para mamá Ofelia. Más allá de las versiones sobre si el matrimonio Kirchner tuvo o no una militancia activa durante el comienzo de los años 70, lo cierto es que en julio de 1976 la futura primera dama y su flamante marido abandonaron la convulsionada La Plata y se mudaron al frío Río Gallegos, la ciudad natal de Kirchner. En Santa Cruz se dedicaron a ejercer la profesión, y en 1977 nació su primer hijo, Máximo. Florencia, la menor, llegaría 13 años después.
En los 80, el matrimonio retomó su vieja pasión política. Néstor ganó por primera vez la intendencia de la capital santacruceña en 1987. La carrera política de Cristina comenzó acompañando a su marido, pero dos años después ya tuvo vuelo propio: fue electa diputada provincial por Santa Cruz y, desde entonces, nunca paró. Y logró todo lo que se propuso.
Relata la periodista Olga Wornat en su libro Reina Cristina que cuando el por entonces gobernador Néstor Kirchner le confesó que iba a competir por la presidencia, su esposa le dijo: “¡Estás loco!”. Ella, que cuatro años después de haber llegado del frío Sur como diputada se convirtió en la primera presidenta electa de la historia argentina. Así son las vueltas de la vida.

En el búnker del Intercontinental se mostró emocionada y convocó a “<i>toda la sociedad a construir un país</i>”.

En el búnker del Intercontinental se mostró emocionada y convocó a “toda la sociedad a construir un país”.

La presidenta electa siempre se destacó por su belleza y coquetería. En su niñez quería ser bailarina, y estudió danzas en el Teatro Argentino de La Plata. Como diputada por la provincia de Santa Cruz. En Río Gallegos, donde formó su familia. Abajo, con sus hijos, Máximo y Florencia.

La presidenta electa siempre se destacó por su belleza y coquetería. En su niñez quería ser bailarina, y estudió danzas en el Teatro Argentino de La Plata. Como diputada por la provincia de Santa Cruz. En Río Gallegos, donde formó su familia. Abajo, con sus hijos, Máximo y Florencia.

Elegantísima, lució un vestido de Susana Ortiz y zapatos de Claude Benard. En el búnker, su hija Florencia se emocionó por la victoria de mamá Cristina y compartió la alegría con Kirchner. El matrimonio presidencial se mostró unido como siempre. La Primera Dama no ahorró elogios para la gestión del Presidente. “<i>El hombre que me acompaña y que ha sido mi compañero de toda la vida</i>”, dijo emocionada.

Elegantísima, lució un vestido de Susana Ortiz y zapatos de Claude Benard. En el búnker, su hija Florencia se emocionó por la victoria de mamá Cristina y compartió la alegría con Kirchner. El matrimonio presidencial se mostró unido como siempre. La Primera Dama no ahorró elogios para la gestión del Presidente. “El hombre que me acompaña y que ha sido mi compañero de toda la vida”, dijo emocionada.

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