“No sólo me parezco al Piojo López: también soy un goleador como él” – GENTE Online
 

“No sólo me parezco al Piojo López: también soy un goleador como él”

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Una tarde de 1995, mi hermana Karina me envió a Nueva York un fax con una foto. Y ahí estaba yo, gritando un gol con la camiseta de Racing. La llamé por teléfono y le dije: ‘¡Qué linda foto! ¿Quién la trucó?’. Del otro lado de la línea, Karina no paraba de reírse. En una de ésas me dice: ‘¡No, estúpido! ¡Hay un tipo que es igual a vos!’. Era un retrato del Piojo López festejando un gol”.

La anécdota, la cuenta Kevin Johansen (42), quien a pesar de haber nacido en Alaska en 1964 asegura que es “más argentino que el mate o el dulce de leche”. Es que si bien pasó sus primeros cuatro años de vida en aquellas heladas tierras, se crió escuchando canciones de Tita Merello, Atahualpa Yupanqui e Hijitus, el personaje de dibujos animados de García Ferré: “Esos eran los discos que mi mamá se había llevado de Buenos Aires cuando decidió probar suerte en el extranjero”, aclara el músico, haciendo un repaso por su infancia.

Pero antes, para que cierre esta historia, hay que contar que en 1961 su mamá, Marta Koala Calbet (profesora de Filosofía y Letras), se había ganado una beca para estudiar en los Estados Unidos. Allí conoció y se enamoró de Ken, un americano que por haberse negado a pelear en la guerra de Vietnam tuvo que irse a trabajar como empleado administrativo a la fría ciudad de Fairbanks, Alaska. Fruto de ese amor nació Kevin, que al cumplir los cuatro años se mudó junto a toda su familia a Colorado. Ocho años después, sus padres se separaron y Marta tomó la decisión de volver a su país con sus dos hijos, Karina y Kevin.

–¿Cómo fue la adaptación cuando tu mamá decidió retornar a la Argentina?
–Fue bastante duro… Ella era profesora de Filosofía y Letras, y llegamos en medio de los oscuros años del gobierno militar. Y si bien no fuimos perseguidos, al movernos en el ambiente universitario pudimos haber corrido la misma suerte que otros.

–¿Esas cosas terminaron por definirte como argentino?
–Seguro. Estoy convencido de que el lugar al que uno termina perteneciendo es en donde pasa su adolescencia. O por lo menos en mi caso fue así. Igual, tuve mis años de rebeldía, con el agregado de que me tocó ir a probar suerte en otro lado.

–¿A dónde te fuiste?
–A Montevideo por dos años, donde perseguí mi primera tanga. Después volví a la Argentina, pero en ese momento era un romántico y necesitaba un cambio. Así que en 1990 me volví a los Estados Unidos con una novia que tenía en ese entonces, que quería ir a estudiar danzas a Nueva York.

–¿Y cómo terminó esa historia?
–No muy bien, pero reincidí y me puse de novio con otra bailarina, con quien tuve a mis dos hijas: Miranda (9) y Kimi (3). Hoy mi estado civil es “separado”. Sin embargo, veo mucho a mis nenas, a las que trato de llevar siempre al colegio.

–¿Cuándo decidiste instalarte definitivamente acá?
–Fue en el 2000, porque tenía ganas de probar suerte. Y aunque llegué en los albores de una crisis, tuve la fortuna de no haber estado en la caída de las Torres. Hoy todavía siento un extraño alivio por eso, tal vez por mis hijas.

–¿Se adaptaron al cambio?
–Sí, aunque, como te dije antes, no llegamos en el mejor momento. Acá se había tocado fondo en todos los aspectos, y con la música pasó algo parecido. En vez de cobrar quince pesos el espectáculo, tuvimos que bajar el precio a siete. Igual sentía que éste era “mi lugar en el mundo”.

–Tu amigo Jorge Drexler afirma que “todos somos de todos lados”. ¿Pensás igual?
–Totalmente, creo que hay dos tipos de nacionalismos. Están los con z, –nazionalismo–, aquellas personas que te ponen la bandera en la cara y te insultan porque sos extranjero o diferente. Y después los otros, los con c –nacionalismo–, la gente sana. Aquella que ama sus costumbres, su comida, su cultura, su música, hasta su geografía. Y yo tengo ese tipo de nacionalismo por la Argentina y por los Estados Unidos. Tomé lo mejor de cada lugar. Igual me siento mucho más argento que otra cosa. El mate, los panqueques con dulce de leche y el fútbol me delatan.

–Hablando de fútbol, ¿de qué cuadro sos?
–Soy de River, porque no bien llegué al país mis primos me contagiaron. Pero mi abuela era de Racing, así que mis colores podrían haber sido otros.

–Mucho más ahora, que tenés a tu doble, el Piojo, jugando en el equipo de Avellaneda.
–¡Es increíble…! ¡Imagináte si seremos parecidos que ni yo reconocí las diferencias cuando mi hermana me mandó esa foto!

–¿Llegaste a conocerlo personalmente?
–No, pero me encantaría. Lo escuché decir que a él también lo confunden conmigo en el aeropuerto. Se me ocurre que estaría bueno hacer un video donde él esté con la viola, y yo con la pelota. Estaríamos peleando por la misma mina, pero finalmente se la termina levantando Cacho Castaña… ¡Sólo falta convencer a Cacho!

–¿Y cómo te llevás con el fútbol?
–Soy bastante bueno. No tan habilidoso, pero soy de embocarla. Siempre digo que no sólo me parezco físicamente al Piojo: también soy goleador.

–¿Jugás seguido?
–Sí, aunque últimamente tengo prohibido juntarme con mis amigos. Grito mucho y put… en varios idiomas. Y como soy tan calentón, decidieron suspenderme por algunas fechas. Por un tiempo sólo me voy a dedicar a la música.

–Hablando de música, en una nota dijiste que habías ido al mismo colegio que Javier Calamaro. ¿Cómo era tu relación con él?
–Muy buena. Fuimos muy buenos amigos. Muchas veces merendaba en la casa con ellos. Me acuerdo mucho del cuarto de Andrés, repleto de información del rock nacional e internacional. En esa época él comenzaba con Los Abuelos de la Nada, y era un fanático de la música. Se sentaba en el piano de su cuarto y me decía: “Escuchá este tango”, y tocaba Los mareados. Yo tenía 16 años, y él 20. Sin embargo, Andrés ya tenía una data más allá del rock.

–¿Sentís que esas cosas terminaron marcando tu carrera?
–Seguro. Pasé por tantas culturas y tantos géneros que hoy me considero un des-generado. Y en Logo, mi nuevo disco, más que mezclar, lo que intento hacer es unir cada estilo. Logrando que cada uno tenga su propio Logo, su propia marca registrada. Y si el que lo escucha puede interpretar ese espíritu, me sentiré realizado.

La similitud con el ex delantero de Racing y la Selección es tan grande, que el día que su hermana le envió una foto del jugador gritando un gol, Kevin pensó que la habían trucado con su cara.

La similitud con el ex delantero de Racing y la Selección es tan grande, que el día que su hermana le envió una foto del jugador gritando un gol, Kevin pensó que la habían trucado con su cara.

“<i>Volví de Nueva York con mi familia en el año 2000, porque tenía ganas de probar suerte acá. Y si bien llegué en los albores de una crisis, tuve la fortuna de no haber estado en la caída de las Torres.</i>”

Volví de Nueva York con mi familia en el año 2000, porque tenía ganas de probar suerte acá. Y si bien llegué en los albores de una crisis, tuve la fortuna de no haber estado en la caída de las Torres.

 Pasé por tantas culturas y tantos géneros que hoy me considero un des-generado. Y en Logo, mi nuevo disco, más que mezlcar, lo que intento hacer es unir cada estilo".">

"Pasé por tantas culturas y tantos géneros que hoy me considero un des-generado. Y en Logo, mi nuevo disco, más que mezlcar, lo que intento hacer es unir cada estilo".

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