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“No se puede estar en contra del fondo, y mucho menos de espaldas a la gente”

“No se puede estar en contra del fondo, y mucho menos de espaldas a la gente”

Redacción Gente

Tiene buen semblante, a pesar de las pocas horas de descanso y de las maratónicas reuniones en Olivos: las que cada vez le explican con más crudeza la crisis
que tendrá que domar. Es domingo, y Roberto Lavagna (60, justicialista, y sin embargo recordado como funcionario económico del gobierno de Raúl Alfonsín y también cocreador del Mercosur), apenas pasó unas pocas horas con su mujer, la belga Claudine Marechal, y ahora vela sus armas en su recién estrenado despacho de nuevo ministro de Economía, con dólar libre y goteo del corralito taponado por ley.

La tormenta política que se llevó a su antecesor Jorge Remes Lenicov parece aquietarse aunque sea por un rato. Luego de ser el elegido del presidente Eduardo Duhalde con el consentimiento de los gobernadores justicialistas, Lavagna empieza su lucha contra una crisis política, social y económica sin precedentes. Cuando
GENTE entra en ese caliente despacho, Lavagna está hablando por teléfono, y en inglés. Cuelga y pide disculpas por la breve demora. Más que justificada: estaba recibiendo el apoyo de John Taylor, el número dos del Tesoro norteamericano y mano derecha del todopoderoso Paul
O´Neil.

Se muestra cordial y sencillo. Lleva una camisa clara que enseguida cubre con un suéter azul: “Tengo un poco de frío porque todavía no pude reacomodar las horas de sueño“, aclara.

Apenas llegado de Bruselas se entrevistó con Duhalde, aceptó el plan de catorce puntos, y sólo planteó su desacuerdo en anclar el dólar. Lo acompaña su mano derecha y uno de los pocos asesores confirmados hasta el momento: el diputado y amigo personal Alberto Coto.

Lavagna confiesa apenas algunas intimidades: “Vivo en un barrio de clase media: Saavedra. Me gusta jugar al tenis en el club Sirio Libanés. También me gustan el tango y la música clásica. Soy hincha de Independiente“.

En realidad, hace dos años que está afuera de la Argentina. Pero habla como si el país fueran su carne y su sangre, y jura que lo representó “con orgullo” ante la Unión Europea y el
Mercosur.


-Usted vivió la última crisis de la Argentina a la distancia. ¿Eso lo alejó de la realidad?

-Vine siguiendo la crisis económica desde los medios o por Internet. Por supuesto, no es lo mismo un diario-papel que la edición on line. Pero la verdad es que, como buen economista, siempre estuve pendiente de la evolución de los hechos. Las imágenes que llegaban eran terribles. Pero claro: las que llegaban de Indonesia cuando ese país atravesó su crisis, también eran terribles… Además, vine muy seguido al país a raíz de las reuniones del Mercosur.

-¿Cómo sufrió eso desde el exterior?

-Muy directamente, porque me tocaba explicar esta crisis interminable ante el Parlamento europeo, y todo el tiempo. Me apabullaban a preguntas: ¿cuál es la explicación racional para que un país con tantos recursos naturales y humanos pueda estar inmerso en una crisis tan excepcional, que excede lo financiero? En Europa y los Estados Unidos la consideran superior a las que sufrieron el sudeste asiático, Brasil o México… 

-¿Qué sentía en esas circunstancias?

-Un tremendo dolor. Por eso quise volver a trabajar aquí. El dolor de ver que en varios países de Europa, que siempre nos miró como un país noble y fuerte, se hacían colectas alimentarias y solidarias de emergencia para pobres. Yo les decía que no faltaba comida sino que teníamos problemas de distribución. Pero me costaba explicármelo a mí mismo… El aumento de la pobreza en mi país me causa una tristeza enorme.

-¿Qué lo convenció para volver?

-Me siento, como miembro de una generación de argentinos, responsable de lo que le pasa al país. Por supuesto, no todos somos igualmente responsables: hubo una enorme mayoría de argentinos que no participaron de la fiesta. En particular, la clase media y los asalariados. Como sociedad, todos somos responsables, pero no en la misma proporción. Entonces sentí que podía poner mi granito de arena…

-Vio a Bárbara Flores, la chiquita tucumana de ocho años que conmovió a los argentinos cuando contó con sus lágrimas de hambre que ella y sus hermanos se desmayan todos los días por falta de comida. ¿Qué siente ante eso?

-El hambre en la Argentina existe, y es un motivo de dolor e indignación. Cuando me reuní con los gobernadores y los legisladores, les dejé en claro que los pobres argentinos no son un anexo o un apéndice que hay que atender. ¡No lo son! No son apenas una parte del plan económico: son nuestro plan económico…

-¿Cómo vivió los saqueos y los cacerolazos?

-Con muchísima angustia. Cuando veía los saqueos en Turquía o en Indonesia, me daba cuenta de que no necesariamente involucraban a toda la población. Pero sí que son indicadores de crisis sociales terribles. Y más en un país como el nuestro…

-Los argentinos ya sienten los fantasmas de la hiperinflación y el estallido social…

-Tanto los gobernantes como la gente tienen que darse cuenta de que a veces son focos que pueden desestabilizar a la sociedad en su conjunto. Es una imagen tan disolvente para el propio país como para el mundo. 

-Un mundo que cada vez nos entiende menos…

-Yo quiero que la Argentina vuelva al mundo. Que vuelva por la puerta grande. Con presencia. Que genere ese sentimiento de admiración o de envidia que siempre tuvo.


-¿De qué manera abrirá el corralito?

-El plan Bonos no tuvo éxito ni oportunidad de ponerse en práctica. Por eso intentaremos crear un plan con el cual se canjearán depósitos por bonos. En cuanto a los bancos privados, se hará un fideicomiso para que paguen parte de la devolución de los depósitos.

-El CER -o lo que los sufridos deudores hipotecarios y prendarios llaman la nueva tristemente recordada circular 1050- angustia a varios millones de argentinos…

-Le puedo asegurar que es uno de los temas que vamos a resolver. La gente tiene que quedarse tranquila: no va a perder sus viviendas únicas. Puede ser que intentemos utilizar el índice de variación salarial o algún mecanismo equitativo.

-La pregunta del millón: ¿cómo se vuelve a crecer en esta crisis que tiene tan desesperanzados a los argentinos?

-Lo primero que quiero hacer es oxigenar la economía. Salir de esta terrible situación de ahogo. Creo que en treinta días se verán señales positivas. El acuerdo de catorce puntos consensuado por el Presidente y los gobernadores es una base muy positiva hacia adentro y hacia fuera del país.

-¿Cómo sigue nuestra relación con el Fondo Monetario Internacional. ¿Rompemos -si es que existe tal posibilidad para algún país que quiera estar en el mundo desarrollado- o seguimos pagando como se pueda?

-No se puede estar en contra del Fondo, y mucho menos de espaldas a nuestra propia gente. Se puede, y vamos a hacer las dos cosas.


-¿Todavía no se arrepintió de haber vuelto?

-No. Pero le aseguro que tal vez en otro momento no lo hubiera hecho. Créame: hoy, los argentinos estamos todos en el mismo barco. O nos salvamos todos o no se salva nadie. Quiero que salgamos adelante. Es una deuda que tengo, y voy a saldarla.

por Alejandro Sangenis
informe: Diego Sanjurjo
fotos: Maximiliano Vernazza, Diego Soldini, Matías Campaya, Diego García, Pablo Lázzaro, Leo Zavattaro y Presidencia de la Nación
en Córdoba: Sergio Oviedo 
foto: Leandro Montini

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