“No quiero recibir golpes de más y entrar a la fiesta de quince de mi hija en silla de ruedas” – GENTE Online
 

“No quiero recibir golpes de más y entrar a la fiesta de quince de mi hija en silla de ruedas”

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Aunque pasaron casi diez meses, todavía están frescas las lágrimas que derramó en la alfombra de la habitación 25.125 del hotel MGM de Las Vegas. Por lo menos, esa imagen perdura en la cabeza y en el corazón de Rodrigo Barrios (30), La Hiena. Es que justo él, el hombre que en sus declaraciones previas a las peleas promete “asesinar” a sus rivales, aquel viernes 15 de septiembre de 2006, 24 horas antes de subirse al cuadrilátero, perdió su título de campeón nada más y nada menos que… ¡ante una balanza! Aquellos 700 gramos de más (el límite era 58,967 kilos y su peso final, luego de intentar todo lo que estaba a su alcance, fue de 59,667) echaron por tierra el trabajo de todo un año. “Ahí pensé que mi carrera estaba terminada”, asegura hoy Rodrigo.

Sin embargo, en mayo recibió en su celular un llamado que le iba a cambiar el futuro: “Quiero invitarte a Las Vegas para que veas mi pelea con Floyd Mayweather”, le dijo el promotor y entonces boxeador Oscar De la Hoya.
Conclusión de esta historia: derrota por puntos del más latino de los pugilistas estadounidenses en la última pelea de su carrera y un ofrecimiento para que el argentino nacido en Tigre viajara a Los Angeles con todos los gastos pagos, a preparase para recuperar el título. La pelea será el 15 de septiembre próximo ante el campeón superpluma CMB, el mexicano Juan Manuel Márquez –le dicen Dinamita, tiene 33 años y ostenta un récord de 47 victorias, 35 por nocaut, y sólo tres derrotas– en el MGM de Las Vegas. Sí, en el mismo lugar donde La Hiena cayó ante la balanza…

Me llamaron de Golden Boy Promotions, la empresa que maneja Oscar De la Hoya, y me dijeron que querían verme entrenar en los Estados Unidos –cuenta Barrios–. Y que ellos se iban a encargar de todo: entrenador, preparador físico, los mejores sparrings y una casa para mi familia. Lo único que tengo que hacer es ganar la pelea y demostrar lo que siempre dije: que estoy al nivel de los mejores del mundo”.

La cita para la entrevista es en un bodegón que se encuentra junto a la cancha de Tigre. Una de las paredes, la del fondo, está empapelada con fotos de la hinchada de sus amores, y de él, La Hiena, en sus momentos de mayor gloria. Y en el centro, en la parte superior, el último cinturón que Rodrigo obtuvo arriba de un ring: “Lo traje acá porque este lugar es como el living de mi casa”, asegura Barrios quien, desde el momento que se enciende el grabador, deja de lado sus típicos chistes y bromas y habla en serio sobre su vida y su futuro.

–Se te escucha entusiasmado hasta cuando hablás del pesaje, algo que no te debe traer buenos recuerdos. ¿Te animás a contar qué pasó realmente el día que no pudiste dar el peso?
–Tuve problemas al final de la preparación… Cosas que estaban pasando en la Argentina que me tocaban de cerca. Eso me puso muy ansioso, muy nervioso e hizo que en un momento me olvidara de la pelea y de todo.

–¿Problemas de qué tipo?
–Familiares, cosas muy personales, muy difíciles de contarlas en una nota. Lo cierto es que me descuidé y tiré todo a la mierda. Estaba ahí, encerrado en el hotel y me preguntaba: “¿Para qué quiero retener el título con todo lo que me está pasando? Me muero por ser el campeón y sin embargo hay mucha gente que me quiere bajar”. Por eso, ahora les prohibí a todos que me llamen para darme malas noticias.

–¿Y cómo te agarra este cambio de país, de entrenador y de aire?
–En mi mejor momento. Esta es la preparación que necesitaba. Con los mejores entrenadores, sparrings, médicos. Voy a entrenar con la persona que hizo deportivamente a Marco Antonio Barreda, y esas cosas me motivan mucho.

–¿Sentís que a los 30 años ésta es una oportunidad inmejorable?
–Que es mi última gran chance. Este será mi despegue. Acá se decide todo. Una gran pelea con un número uno. Por eso, de día voy a entrenar duro, durísimo. Y por las noches, a mirar mucho boxeo. Quiero conocer al mexicano (Juan Manuel Márquez) más que su propia sombra.

–Se te ve feliz y –algo inhabitual en vos– muy sereno.
–Sí. Prepararme de esta forma es lo mejor que pude haber hecho. Esta oportunidad me llega en un momento en que tengo gran experiencia arriba y abajo del ring. Y más tranquilo en la vida...

–¿Qué significa eso?
–Siento que si llego a triunfar no me voy a marear y voy a saber manejarlo. Y para eso hay que estar tranquilo. Si no, terminás hecho un tarado, como todos los que están cinco minutos en la tele y después, en la calle, ni te saludan.

–A propósito de la televisión, ¿qué te dejó tu experiencia en Bailando por un sueño?
–Me encantó. Fue muy divertido y muy lindo. Una experiencia desgastante, pero gratificante. Te voy a confesar algo: de chico yo sabía que iba a ser campeón del mundo, pero nunca imaginé que el boxeo me iba a dar tantas cosas, como aparecer en televisión… o que me hagas esta nota.

–Volviendo a la próxima pelea en Las Vegas, ¿por qué insistís en que ésta es tu última oportunidad?
–Porque si gano, sigo para adelante. Yo no me metí en el boxeo para ganar plata; lo hice por la gloria deportiva. La moneda vino y me gustó, pero no es lo principal. Yo quiero esto (mira alrededor, donde están pegadas sus fotos): ver mi cara en los pósters de la pared, ver mi cinturón. Por eso, si no gano, voy a ver qué hago. No quiero recibir golpes de más y que cuando mi hija Yamila (5) cumpla los quince, su papá entre al salón en una silla de ruedas. Mi mujer, María Laura, tiene razón. Un día me dijo: “Ni se te ocurra boxear sólo para ganar plata. No quiero que pongas en riesgo tu vida”. Con los años, uno se va asentando, y comprende que la vida pasa por otro lado.

–¿Vas a dejar mucho para esta pelea, no?
–Seguro. Siento que dejo todo: mi familia, el ascenso de Tigre a Primera, muchas cosas. Pero me la juego, porque sé que ésta la voy a ganar.

Hasta ahí la charla con La Hiena en Buenos Aires. Unas horas después, el viaje a Los Angeles, y el inicio de su preparación. Pero el reciente ascenso de Tigre, algo que Rodrigo había anticipado en la respuesta anterior, obliga a un nuevo contacto, esta vez vía telefónica: “Estoy feliz. ¡Volvimos a Primera después de 27 años! Lástima que no pude estar, pero lo escuché por Internet y lo disfruté con la gente que me está acompañando. ¡Después del partido me subí a un auto con la camiseta azulgrana y salí a tocar bocina por todo Los Angeles!”.

–¿Te enteraste de todo lo que sucedió al final del partido?
–Sí, fue una vergüenza… Un hincha de Tigre muerto, un montón de heridos. No se puede entender tanta locura. En lugar de festejar el ascenso, tuvimos que velar a uno de los nuestros. Viejo, la gente está enferma…

–¿Pensás que esto tiene solución?
–Seguro, y el mejor ejemplo es la hinchada de Tigre. Hace cinco años que el club no tiene ningún problema. No te voy a decir que los chicos de la barra son unos santos, pero si no los buscás, ellos se dedican a alentar. Y por lo que pude leer y hablar con mis amigos que fueron al partido, gran parte del lío lo armó la policía.

–La última: ¿cómo imaginás tu vuelta de Las Vegas en septiembre?
–Imagino un partido entre Tigre y San Lorenzo, peleándose por ver quién usa la camiseta alternativa (risas). Y esa tarde, yo en la cancha, dando la vuelta con el cinturón.
La Hiena con el sombrero que le regaló su amigo, el campeón Marco Antonio Barreda. Ahora va por el título mundial frente a otro mexicano.

La Hiena con el sombrero que le regaló su amigo, el campeón Marco Antonio Barreda. Ahora va por el título mundial frente a otro mexicano.

Lleva la camiseta pegada a su piel, aunque no pudo estar en el ascenso del equipo de sus amores. “Me subí a un auto y salí a tocar bocina por Los Angeles”, asegura.

Lleva la camiseta pegada a su piel, aunque no pudo estar en el ascenso del equipo de sus amores. “Me subí a un auto y salí a tocar bocina por Los Angeles”, asegura.

“<i>Siempre pensé que iba a ser campeón del mundo, pero nunca imaginé que el boxeo me iba a dar tantas cosas, como esta nota o  ser una estrella  de la tele</i>”.

Siempre pensé que iba a ser campeón del mundo, pero nunca imaginé que el boxeo me iba a dar tantas cosas, como esta nota o ser una estrella de la tele”.

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