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No pueden regresar de su luna de miel: el desesperado pedido de la pareja argentina varada en Sudáfrica

No pueden regresar de su luna de miel: el desesperado pedido de la pareja argentina varada en Sudáfrica

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Maria Eugenia y Pablo viajaron a Sudáfrica para disfrutar una luna de miel. Su sueño, se convirtió e pesadilla.

María Eugenia Franco (29) y Pablo Alejandro Gómez (29) se encuentran en Pretoria desde el 26 de marzo. Estaban disfrutando su luna de miel cuando las fronteras de los países comenzaron a cerrarse y, por disposiciones de los diferentes Estados, no lograron volver a su hogar. A un mes de la prohibición de ingreso a la Argentina y con sus pasajes de vuelta en mano, siguen esperando una respuesta del gobierno nacional.

Nos casamos el 14 de marzo”, cuenta María Eugenia Franco Mónaco. Es ingeniera química, vive en Haedo (Buenos Aires) y durante todo el 2019 estuvo organizando -junto a su novio Pablo Alejandro Gómez, diseñador gráfico- los detalles de su boda y el recorrido para una Luna de Miel soñada. “Elegimos Sudáfrica porque nos gusta conocer lugares remotos y queríamos hacer un safari. El Parque Kruger era el corazón del viaje, pero no pudimos realizarlo”. 

Viajaron el 16 de marzo. Llevaban días siguiendo el avance del coronavirus en Sudáfrica. “Veíamos que en el mundo la cosa se complicaba cada vez más. Pero allá había unos 10 casos, parecía ser un país de bajo riesgo en relación a la pandemia que acababa de declararse. Mientras armábamos las valijas, ese domingo entre la fiesta y el viaje, pensamos un poco e intentamos cancelar el viaje pero de hacerlo, perdíamos todo lo que ya habíamos pagado justamente porque no era un destino de riesgo” comenta desde el monoambiente que alquilaron en Pretoria ante la imposibilidad de volver a Argentina o continuar su viaje por Sudáfrica. Recuerda que incluyó en el botiquín dosis extras de alcohol en gel, algunos barbijos y hasta guantes. “Pensábamos que era importante cuidarnos, especialmente en aeropuertos”, cuenta. 

Con escalas en San Pablo y Johannesburgo, arribaron a Ciudad del Cabo el 17 de marzo. Recorrieron la ciudad durante tres días y no notaron nada anormal. “Nos contaron que las clases estaban suspendidas y que algunos horarios cerraban más temprano que lo habitual”, comenta. Luego recorrieron la famosa Ruta Jardín. “Pasamos la primera noche en Mossel Bay. Al día siguiente dormimos en Plettenberg Bay. Íbamos parando en otros pueblos intermedios. El tramo final era hasta Port Elizabeth. Ese día a la mañana recibí un mensaje de una argentina con la que yo me hablaba y que había llegado unos días antes que nosotros, en el que me avisaba que la habían llamado del consulado para decirle que si se podía volver, lo hiciera porque cada vez se iba a complicar más el regreso”, relata sin pausas.

La historia no terminó ahí, al contrario, la pesadilla recién comenzaba. “Llamé al consulado y me recomendaron que volviéramos lo antes posible a Johannesburgo. Ahí nos dimos cuenta de que estaba realmente complicado todo. Fuimos directo al aeropuerto y cambiamos el ticket para volar ese mismo día a Johannesburgo. Era de noche así que fuimos a un hotel cerca del aeropuerto e intentamos comprar pasajes online. Fue imposible”. 

Previendo esta situación, el consulado tomaba los datos de los argentinos que arribaban al país con la intención de contactarlos en caso de que fuera necesario. “El 22 nos acercamos al aeropuerto a las 6 am. Nos cruzamos con varios argentinos con los que aun mantenemos contacto. Estaban cancelando casi todos los vuelos del 22 al 29 y nos dieron pasaje para el 31 de marzo llegando a Montevideo en lugar de Ezeiza. Lo tomamos igual, no teníamos opción. Latam -compañía por la que viajamos- nos dio alojamiento en un hotel con pensión completa. Ahí conocimos a muchos de los argentinos varados”, cuenta. 

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El 24 de marzo Cyril Ramaphosa, presidente de Sudáfrica, anunció el inicio de la cuarentena en el país. “Nos preocupamos por el peligro de que se cancelara el vuelo, algo que efectivamente ocurrió. El consulado nos recomendó movernos a Pretoria, por seguridad. Apareció una oportunidad de volver a Brasil y hacer la cuarentena en San Pablo: teníamos que comprar pasaje de ahí a Buenos Aires para el 1 de mayo y presentar un comprobante de alquiler por 30 días. Lo hicimos, pero al día siguiente nos avisaron que la opción se cayó debido a que Bolsonaro no aceptaba extranjeros de países cuyas fronteras estuvieran cerradas. Fue un baldazo de agua fría”, remata. 

Argentinos en el aeropuerto de Johannesburgo, principal puerta de entrada de Sudáfrica.

Enumera algunas razones que dificultan la vuelta de los 66 argentinos varados en Sudáfrica: “Nuestro país tiene fronteras cerradas y no negocia. Este es un lugar complicado: remoto, no tiene vuelos directos, las escalas son en Brasil. Aerolíneas Argentinas no viene acá y no somos tantos como para llenar un avión”, dice y explica que lo que quieren, más que nada, es tener certezas. “No sabemos si hay un cronograma de repatriaciones. Creemos que no nos dicen mucho para que no nos ilusionemos. Hoy es incertidumbre total lo que tenemos… y resignación. Nos mata estar lejos de casa sin siquiera una fecha tentativa de regreso. Comienzan a vencerse los seguros médicos que contratamos. Muchos llenamos la solicitud de asistencia económica, pero todavía ninguno recibió nada. Somos 66, si no hacemos fuerza se olvidan de nosotros”.

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