“No puede ser que argentinos y uruguayos estemos enfrentados” – GENTE Online
 

“No puede ser que argentinos y uruguayos estemos enfrentados”

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El montevideano tierno y pacífico de Me haces bien, el jingle de la sopa, para colmo ex otorrinolaringólogo, algo tenía que liberar. No podía ser todo tan perfecto. Encima, ganó un Oscar hace dos años, por su canción Al otro lado del río, de la película Diarios de motocicleta, con la Academia de Hollywood que le mandó a Antonio Banderas a que la cante en inglés. Después se vengó él cantándola en español. Todo, al final, lleva un precio. Después de diez años de casado y un hijo, Pablo (2), se separó de la cantautora sueca Ana Laan. “Buenos términos”, dice Jorge, un tipo desde hace un tiempo cansado de todo.

Así, se fue a Cabo Polonio para componer Doce segundos de oscuridad, seguramente el disco más intenso de su carrera, lleno de guiños a esa soledad, a esa desazón. Ahí grabó unos coros la actriz española Leonor Watling, que salió en Hable con ella, de Almodóvar. Dicen que ahora sale con Leonor.

Y no tan lejos de Cabo Polonio están Fray Bentos, y Gualeguaychú, y todo el conflicto de las papeleras, Ence y Botnia con los cortes de ruta que siguen, y el rollo político que crece en escala. Hasta el rey de España salió de intermediario. Jorge, por uruguayo que es, algo para decir tiene: que toda esta enemistad es básicamente algo inadmisible. Invitado para cantar y hablar en la XVI Cumbre Iberoamericana en Montevideo, lo dejó totalmente en claro: “Las papeleras no pueden separar a dos pueblos hermanos.” En Cabo Polonio, en el disco, también está el faro. Algo representa en su vida.

–Significa un par de cosas, me imagino.
–Claro, esos doce segundos son el intervalo entre un haz de luz y otro del faro. Y es un símbolo guía. Lo que quiero decir es que hay que obtener un momento luminoso en tiempo de oscuridad.

–Eso es toda una paradoja.
–Lo es. La vida no es una experiencia lineal. Hay que aprender del desconcierto, de la duda. Era algo que tenía que descargar. Después del Oscar, de toda una exposición tan fuerte, tenía que hacer algo propio de un tipo que se moja, que se mete al agua, demostrar por qué me dedico a escribir canciones en vez de hacer algo obvio. Soy muy enemigo del piloto automático.

–Y después del Oscar, ¿cómo te quedó la cabeza?
–¡Agotadísima! Muy cansada, demasiado llena de información. Me fui a Cabo Polonio sin ningún celular. Y al Oscar lo tengo envuelto en una toalla, en un cajón. La verdad, nunca aspiré a ganarlo, nunca había visto una ceremonia, ni veía el premio en mi horizonte.

–Lo que está más próximo en el horizonte es la cuestión de las papeleras. ¿Cómo te cae a vos? Es algo que por estos días separa a argentinos y uruguayos.
–Para mí hay algo muy sencillo: si las papeleras son muy contaminantes, no las defendería, por más desarrollo que traigan. Pero las razones de fondo en este conflicto, ¿son ambientales? ¿O hay algo más? Yo me pregunto eso. Argentina tiene papeleras más contaminantes todavía. Te repito: yo voy a ser el último en defender la contaminación. Pero hay que ver si lo que contaminan las plantas es significativo.

–¿Y de la gente que necesita trabajo, qué me decís?
–Por eso: hay que ser sincero y preocuparse tanto por el río Uruguay como por la gente. Entiendo a la gente de Gualeguaychú: es el agua que les pasa por enfrente. Pero también entiendo a la de Fray Bentos. Y no estoy de acuerdo con la coerción en todo esto, el imponer la opinión por la fuerza. Quiero a ese río limpio, y a la gente con trabajo. En Uruguay el trabajo es un bien escaso. La gente se está yendo, es un país que se va a despoblar. Aun así, no puede ser que argentinos y uruguayos estemos enfrentados. En cuanto a música, los uruguayos hemos aprendido muchísimo de Argentina. Yo trabajo de los dos lados del río. Y más allá de que en Uruguay hay población negra y en tu país casi no, no somos muy distintos.

–Ahora, Jorge, vos no podés ser un tipo tan pacífico. Así, tan sereno, con tu guitarra.
–Mirá, yo tengo dificultad para la ira y la euforia, y también para la depresión. No me enorgullezco: la ira me parece algo imprescindible, pero con los 42 que acabo de cumplir, me doy como soy. Igual, no me gusta el enojo en vano. La alegría insensata tampoco.

–¿Y cuándo vas a romper tu guitarra a palazos?
–¿Y qué rompés cuando rompés una guitarra? Si lo hacés, es porque tenés plata y te comprás una nueva, ¡o tenés un técnico de backstage que te alcanza otra! Esa sería la estupidez más soberbia que haría en mi vida. Mi guitarra es como una persona. Romperla sería como pegarle a una mujer.

–Hay un montón de chicas que dicen que tenés pinta de marido perfecto.
–¡Ja, ja, ja! Bueno, ¡decíles que muchas gracias! Que te miren las chicas es muy lindo. Ahora, que vayan a pensar que parezco marido perfecto… es mucho. Como dice Caetano: de cerca, nadie es normal. Además, espero no ser perfecto en nada. Menos, en el matrimonio.

–Te separaste.
–Sí, me separé en buenos términos, y por esas razones por las que se separan las parejas. Pero prefiero no hablar mucho de eso. El disco es bastante transparente al respecto. Escribo sobre mi vida. ¿Qué voy a hacer? ¿Canciones sobre los pajaritos y la Luna?

–Bueno, ¡siempre podés volver a la medicina!
–Eso nunca: no puedo volver atrás. Ya estoy colgado de esto.

En lo que a las papeleras respecta, Drexler sintetiza su posición: “<i>Las aguas del Uruguay limpias y la gente con trabajo</i>”.

En lo que a las papeleras respecta, Drexler sintetiza su posición: “Las aguas del Uruguay limpias y la gente con trabajo”.

Diez años con la cantautora sueca Ana Laan, un hijo, Pablo, de dos años, y se acabó. ¿Su nueva novia? La actriz española Leonor Watling, dicen. Cuando ganó el Oscar hace dos años, tuvo una recepción de héroe en su país, y hasta lo felicitó el presidente, Tabaré Vázquez. Sin embargo, tanta exposición lo terminó por agotar.

Diez años con la cantautora sueca Ana Laan, un hijo, Pablo, de dos años, y se acabó. ¿Su nueva novia? La actriz española Leonor Watling, dicen. Cuando ganó el Oscar hace dos años, tuvo una recepción de héroe en su país, y hasta lo felicitó el presidente, Tabaré Vázquez. Sin embargo, tanta exposición lo terminó por agotar.

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