“No pido la pena de muerte. Pido leyes que protejan a la gente” – GENTE Online
 

“No pido la pena de muerte. Pido leyes que protejan a la gente”

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Estaba en la peluquería de Miguel Romano cuando su colaboradora, Inés Hernández, le comunicó la trágica noticia. Susana no lo podía creer: su amigo Gustavo Lanzavecchia había sido asesinado en su casa de Lomas del Mirador. Un rato más tarde, ya en su domicilio de Barrio Parque, la diva lloró sin consuelo: “¡No puede ser! ¡No puede ser!”, gritaba, mientras se tapaba la cara con sus dos manos. En seguida llamó por teléfono a Beba, la mamá de Gustavo, intentando buscar un mutuo consuelo. Pero a medida que la mujer le iba contando cómo los asesinos se habían ensañado con su hijo, su llanto y sus gritos aumentaban: “¡Por qué tanta maldad, es algo diabólico!”.

Susana sentía indignación, bronca y dolor, una mezcla de sensaciones que derivaron irremediablemente en estallido en cuanto algunas de las amigas que la acompañaban comentaban que también ellas habían sufrido, no hacía mucho, intentos de robo con violencia. Ahí Susana ya no pudo contenerse. Indignada y caliente como estaba, sobre las 21.15 hs. del viernes decidió encarar a los medios que aguardaban en la puerta de su casa. Sin maquillaje, despojada del glamour que envuelve a las estrellas, habló desde las tripas.

“Cuando me enteré, creí que me moría. Yo adoraba a Gustavo, fue como si hubiera muerto un hermano; hace veinte años que vivía para mí. Este fue un crimen repugnante, porque lo asesinaron después de atarlo de pies y manos. ¿Qué les podía hacer una persona así, indefensa? Por eso pienso que acá tienen que venir leyes más fuertes. Y terminenlá con los derechos humanos… ¡¿Por qué no pensamos en los derechos humanos de las víctimas?!”, decía la diva angustiada, cada vez más fuera de sí, sin medir –acaso– la dureza de sus declaraciones.“Basta con defender a los menores asesinos, ¡el que mata tiene que morir! ¡La justicia tiene que actuar, encontrarlos y castigarlos!”, remató. En esos primeros momentos, aún se desconocía que no se trataba de un hecho de violencia corriente, sino que en la tragedia también habrían influído aspectos sentimentales.

La idea inicial de Susana era estar al lado de la familia y participar del velatorio y el entierro. Por eso, cuando habló con Beba, le dijo que contara con ella para todo lo que necesitara. Pero para el fin de semana había asumido un compromiso impostergable. Invitada por el gobernador de San Juan, José Luis Gioja, tenía que ser la madrina en el cierre de la Fiesta Nacional del Sol. El sábado al mediodía llegó a San Juan en el avión de la gobernación sanjuanina. Había pedido especialmente no hablar del tema, pero finalmente accedió.

La idea era que, unas horas después de aquellas declaraciones explosivas, reflexionara y le bajara el tono al discurso. Y si bien la indignación seguía, también quería empezar a moderar un poco sus palabras: “Mirá, hoy a la mañana me llamaron muchos periodistas diciendo que ellos, aunque no lo podían decir al aire, pensaban lo mismo que yo. Realizaron distintas encuestas entre la gente y el resultado fue más que notorio: el 85 por ciento de los argentinos piensa así”, dijo a bordo del auto de la gobernación que la trasladaba y accedió a una charla con GENTE. La forma, el ensañamiento contra su colaborador y amigo, todavía le impedía contenerse:

–Sí, fue el síntoma de una maldad imperdonable. Si ya le habían robado todo, ¿por qué tuvieron que matarlo? Lo ahogaron en una pileta, maniatado de pies y manos y con un trapo en la boca. ¿Para qué tanta crueldad? ¿Qué necesidad tenían? Espero que si los agarran, esto agrave su condena.

–¿Estás pidiendo leyes más duras?
–Estoy pidiendo que los gobernantes cumplan con su trabajo. La seguridad es uno de los mayores compromisos que asumen cuando los votamos. La gente no puede vivir encerrada y los ladrones y asesinos sueltos. Esto no da para más. En Buenos Aires vivimos una locura. Y si no nos unimos entre todos y exigimos nuestros derechos, nos van a terminar pisando la cabeza.

–Muchos se sorprendieron con tus declaraciones…
–En realidad estamos acostumbrados a decir esto, pero no cuando tenemos un micrófono adelante. El pueblo argentino siempre fue muy manso; en otros lugares, cuando a la gente la atacan, reacciona y se hace escuchar. Acá, en cambio, enseguida dicen: “¡Pero cómo Susana va a hablar mal de los Derechos Humanos!”. Sin embargo en la calle, toda esa gente que no tiene la posibilidad de hablar públicamente, me da las gracias.

–Sin dudas el tema se puede mal interpretar en cuanto hablaste de “los Derechos Humanos”
–Me quise referir a todos aquellos que defienden a los delincuentes. ¿Cómo es la cosa? ¿No deberían defendernos a todos nosotros, en realidad? Hace poco viajé a Dubai y me mostraron sus cárceles: estaban todas vacías. Entonces les pregunté como hacían y me respondieron: “Los matamos a todos”. Me pareció terrible, y no es que yo pida eso, ¡pero ya es hora de cambiar las leyes para que los delincuentes tengan un poco más de miedo!

–También alimentó la polémica el hecho de que aludieras a la pena de muerte…
–Mirá, yo soy católica y no quiero eso; pero tampoco quiero que si un tipo es sádico, y mata y re mata, le den un mes de cana porque tiene 15 ó 16 años. Para mí el que mata tiene que morir, pero eso no es la pena de muerte... es condenar de acuerdo a la atrocidad de su crimen. Eso lo hizo Rudy Giuliani, el alcalde de New York en la época en que después de las diez de la noche no se podía salir a la calle. En cuanto llegó un tipo con mano fuerte, todo cambió y mucho. No quiero que se mal interprete nada. No pido la pena de muerte. Pido leyes que protejan a la gente, no a los asesinos.

–¿Sentís que hace falta una política de “mano dura” para terminar con la delincuencia en la Argentina?
–Mirá, ladrones hubo siempre, pero antes no se ensañaban tanto con las personas. Hoy tu vida vale dos pesos porque saben que si te matan, al poco tiempo están sueltos de nuevo. La culpa de eso en parte la tiene la droga. Y los gobernantes saben dónde está la droga y cómo combatirla. Que eso siga existiendo es un crimen de lesa humanidad. Ahí también tendrían que estar los organismos de Derechos Humanos, porque están matando una generación entera de adolescentes y nadie hace ni dice nada. A pesar del dolor por la muerte de su decorador y amigo, Susana cumplió con su promesa y el sábado estuvo en San Juan. Allí volvió a hablar y se quebró: “Todavía no caigo”, dijo entre lágrimas.

A pesar del dolor por la muerte de su decorador y amigo, Susana cumplió con su promesa y el sábado estuvo en San Juan. Allí volvió a hablar y se quebró: “Todavía no caigo”, dijo entre lágrimas.

El viernes a las nueve y cuarto de la noche, después de enterarse de la muerte de su amigo Gustavo, Susana salió a la calle: dio una improvisada conferencia de prensa y disparó con munición gruesa.

El viernes a las nueve y cuarto de la noche, después de enterarse de la muerte de su amigo Gustavo, Susana salió a la calle: dio una improvisada conferencia de prensa y disparó con munición gruesa.

Junto al gobernador José Luis Gioja, recién llegada a la provincia.

Junto al gobernador José Luis Gioja, recién llegada a la provincia.

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