«No me hago cargo de los ratones que puedo provocar» – GENTE Online
 

"No me hago cargo de los ratones que puedo provocar"

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Está en un lugar de máxima exposición: una promoción al borde del desnudo, un programa de éxito junto a un galán de éxito -Pablo Echarri- en una pantalla caliente, rating, avisos, reportajes, popularidad ascendente y otros avatares de la vida en el star system. Sin embargo, parecería que Celeste busca todo el tiempo bajarse de donde se subió, la han subido, quedó subida. Algo le hace ruido entre el lugar que ocupa y su naturaleza personal: "Hace poco iba por la calle y veía el afiche de Resistiré con mi foto, mi foto, mi foto, a cada cuadra mi foto… ¡Basta! Llegó un momento en que me dije: ¡No quiero más de esto!", dice, confiesa.

A los 19 (los cumplió el 19 de enero), esta inquietante Lolita con currículum bien ganado de actriz busca su techo. Desde Chiquititas y Verano del 98 hasta el actual Resistiré, pasando por su co-protagónico junto a Emanuel Ortega en Enamorarte y el definitivo lanzamiento al estrellato con Franco Buenaventura (donde jugó escenas muy subidas con Osvaldo Laport), ha subido, escalón tras escalón, por el resbaloso camino a la fama. Más aún: su novio -Nicolás Cabré- es tan famoso como ella. Celeste, de todas formas, no cree, no termina de creer.

-¿Estrella? ¿Qué quiere decir ser una estrella, a ver? -pregunta, desafiante.
-Supongo que debe tener que ver con alguna clase de encumbramiento, popularidad, reconocimiento masivo, aceptación, algo parecido al fulgor…
-Respeto mucho la decisión de la gente, y la gente es la que te coloca o te baja de ese lugar. De todas formas, no me preocupo demasiado por mi instalación en ese nivel. En mi familia son muy críticos conmigo, tanto a favor como en contra, así que siempre tengo una idea más o menos real sobre las cosas y no vivo ese lugar de estrella, que es un poco irreal.

"Ah, el verano… puro lolas y colas". Hay algo de queja y descontento agazapado en las palabras que Celeste Cid deja caer de su boca cuando el calor violento de Buenos Aires la envuelve al salir del bar donde tuvo lugar la charla.

-Tal vez, pero en este verano si hay una figura que coquetea con el erotismo sos vos.
-Yo no. Mi personaje. El afiche de la promo con Pablo está bueno, me divirtió hacerlo, pero eso no quiere decir que ahora voy a estar siempre en bolas… La novela tiene mucho erotismo, pero no sexo. Es algo más dramático.

-¿Pero no sentís que hay algo parecido a la contradicción cuando mandás tu cuerpo tan al frente y por otro lado vindicas un espíritu de absoluto bajo perfil…?
-Primero: el afiche corresponde a una estrategia destinada a lograr cierto impacto. Segundo: la tele es puro personaje, no es como una nota, donde hablamos de mí. Y tercero: yo reniego de ser un producto y lo que me interesa es ver lo que genera esa apuesta al cuerpo, lo que genera en la gente.

-¿Y qué generás en la gente?
-Lo que la gente consume es una ilusión. La gente te ama o te odia y no te conoce, entonces, ¿a quién ama o a quién odia? Muchas veces juzgan y critican cosas sin saber de quién están hablando… No tengo ningún problema con que digan que soy mala actriz. Lo que no soporto es que me critiquen la vida privada.

-¿Y cómo estás con Nicolás?
-Digamos que estoy pasando por un buen momento, pero es lo que te digo, no voy a colaborar con más distorsión.

-Te voy a decir lo que pienso: creo que la gente te compra, te consume, mira tu novela, te da rating o lo que sea, pero después quiere algo a cambio, no se conforma con que le hables de tu trabajo, quiere saber de vos, quiere más…

-Entonces, lo lamento… A veces se pone la energía en otro lugar, en el lugar del afuera. Y por qué no mirar qué les pasa a ellos adentro. Por qué interesarse por saber con quién sale fulano, si se hizo las lolas, si se divorció… y no por vos mismo, por cómo te alimentás, cómo amás, qué hacés con tu vida…

Son las once de la noche y en el vidrio del bar un enjambre de chicos a la deriva pega sus narices cuando ven que la chica que está allí es esa chica, la chica de la tele. Y la chica de la tele tiene una vida, aunque el trabajo y las horas que el trabajo implica muerdan sus días y le arrebaten el ocio. Vive con sus padres, para empezar, en su casa del barrio San Cristóbal. Tiene un novio, Nicolás Cabré, sobre quien prefiere no comentar los rumores de separación, aunque no pueda evitar un fugaz gesto de indecisión al escuchar la pregunta sobre su relación con él. La chica, esa chica, es una adolescente que hace de adulta y que lleva, como pocas, un aire sensual sobre un cuerpo delicado que sube la temperatura de la pantalla, y sobre todo de los hombres que miran esa pantalla.

-¿Sabés que despertás en los hombres ese cosquilleo ratonero de la sensualidad?
-No me hago cargo de los ratones que puedo provocar como producto de mi laburo. Además, te repito: no soy yo, es mi personaje.

-Tenés una belleza infrecuente. ¿trabajás mucho tu figura?
-Nada. Así es como soy y acá quedé. Son mis genes.

-Seguramente, pero además de la herencia y el ADN, la mayoría de las mujeres se preocupan por verse de tal o cual manera.
-Ese laburo es interno. Alrededor de los 16 años estaba muy obsesionada con mi cuerpo, mis transformaciones, mi crecimiento… Era un momento en el que crecer significaba ser más alta y tomar Danonino… Ahora el crecimiento es interno.

-Más conceptual…
-Más doloroso…

-¿Qué es lo que duele?
-Que el mundo se te venga encima. Crecer duele porque es acercarse a la realidad, que es dolorosa. La realidad es lo que realmente uno es, y hay que descubrirse, hay que hacer ese camino, aunque sea incómodo.

-¿Y en qué parte de tu camino estás?
-Estoy tratando de ser cada día más transparente.

Fue un largo día para Celeste. Como lo fue el día de ayer y como lo será el día de mañana. Así hasta que el año termine y, con el año, la tira que protagoniza. El día, los días, se repiten desde que comenzaron hace un mes las grabaciones más o menos así: levantarse a las siete, comenzará a grabar a la nueve, almorzar algo sobre el mediodía, dejar de grabar a las diez, llegar a casa a las once, dormir, despertarse a las siete, grabar a las nueve…

-La vida es eso que sucede en los ratos en los que uno no hace las cosas que "debe" hacer.
-Sí, y yo casi no tengo de esos ratos.

-Es como decir que casi no tenés vida.
-Parecido. Trato de buscar tiempitos, pero la verdad es que estoy desbordada. Es como estar haciendo un curso acelerado sobre el aprovechamiento del tiempo; no sabés el jugo que les saco a mis pocas, poquísimas, horas libres.

-¿Hay un momento donde el laburo te pone a diez metros de la locura?
-El laburo, no. Soy yo misma.

-¿Y cuál es el precio?
-El precio es el tiempo. Todo esto me cuesta mucha vida, vida de todos los días. Siento que no estoy pasando por mi edad de la manera que supuestamente debería, pero bue…

-¿Y sentís que en algún momento podrías elegir dejar de pagarlo?
-Todo el tiempo pienso que podría no elegirlo, pero ahora estoy en el centro de esta vorágine y también, de alguna manera, la necesito. Es bárbaro cuando estás libre y con todo el tiempo del mundo, pero la primera semana. La segunda te la encargo, ahí te alcanza la realidad, la realidad pura. Esto es más como un juego. De hecho, estoy jugando todo el tiempo.

por Alejandro Seselovsky
fotos: Santiago Turienzo. Asistente: Gustavo Sancrica
producción: Sofía Delger
agradecemos a: María Vázquez, Natalia Antolín, Ricky Sarkany y Caro Cuore

Sobre el agua, suavemente, Celeste pasea su figura. No trabajo en mi estética. Son sólo mis genes", asegura.">

Sobre el agua, suavemente, Celeste pasea su figura. "No trabajo en mi estética. Son sólo mis genes", asegura.

Con Nicolás Cabré, su novio, antes de que acortaran sus respectivas cabelleras. Ambos cultivan el bajo perfil fuera de la pantalla.

Con Nicolás Cabré, su novio, antes de que acortaran sus respectivas cabelleras. Ambos cultivan el bajo perfil fuera de la pantalla.

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