“No me hago cargo de las fantasías ajenas: sólo me preocupo por cumplir las mías” – GENTE Online
 

“No me hago cargo de las fantasías ajenas: sólo me preocupo por cumplir las mías”

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Llega a la chacra marítima de Pancho Dotto, su manager, sentada en el asiento trasero del Honda que maneja su marido, Benjamín Vicuña (31), junto a sus dos hijos, Bautista (11 meses) y Blanca (2 años y 8 meses), que se pelean para ver quién bajará en brazos de su mamá, y la niñera. La mujer más deseada del país trae consigo una canasta al estilo Caperucita Roja, que empieza a vaciar. Entonces pone sobre la mesa varios juguetes, pinturitas y cuadernos, saca un tarro con leche en polvo para Bautista, otro de leche chocolatada para Blanca, mate para Benjamín, galletitas dulces y saladas y de agua, y más juguetes, y más libros para pintar. Antes, durante y después del reportaje Carolina Pampita Ardohain (no quiere decir su edad, por coquetería) repite sonriendo: “No hay nada más lindo que ver a la familia unida. Cueste lo que cueste…”.

–¡¿Cueste lo que cueste?!
–Seguro. Tanto que ni siquiera sé dónde voy a vivir en 2009 ni qué voy a hacer el resto del año, si bien me gustaría seguir en la tele, conduciendo un programa o actuando. Benjamín aún no decidió si nos quedaremos en la Argentina o nos iremos nuevamente a Chile. Adonde vaya mi marido, ahí voy yo y ahí van nuestros hijos. Hay que cuidar lo que uno tiene y perseverar…

–La perseverancia es uno de sus rasgos distintivos. No por casualidad se gana un desafío como Bailando por un sueño, después 42 semanas de competencia…
–Seguro. Si bien un resultado positivo en general me hace sentir como que atravieso el cielo, siempre que tengo un sueño soy muy responsable y no paro hasta conseguirlo. No me rindo jamás. Para mí, hasta el último instante las cosas se pueden concretar. En Bailando… además sentía una responsabilidad mayor, porque se trataba del sueño de un montón de familias, cuyos chicos necesitaban que se construyera la unidad oncológica del hospital Garrahan.

–¿Qué ganaste vos al participar de un programa con tanta exposición?
–Gané más a nivel personal que profesional, aunque no lo creas. Dejé mi ego afuera y me involucré en cuerpo y alma, porque era dejarle un regalo a otra gente. A lo largo de mi carrera nunca había vivido tan intensamente otro proyecto. Me conecté con la humildad y cambié mi forma de pensar: cada día agradecía que mis seres queridos tuvieran salud.

–¿Te sentís la mujer del año y la heroína de muchas?
–Ojalá, pero nunca me propuse ser la mujer del año. Para mí el 2008 resultó muy positivo: nació mi segundo hijo y cumplí el sueño de los chicos del Garrahan. Y respecto a la heroína: soy una mamá más que trabaja, pero con alta exposición pública.

–Lo que conlleva sus riesgos. Por ejemplo, el divorcio, en medio de la batalla mediática que te significó la separación de Martín Barrantes en 2008...
–¿2008? Ya ni me acuerdo cuándo fue. Cambiemos de tema, ¿dale?

–Okay. ¿Pensaste que eras tan popular?
–No sabía que tanto... Cuando era chica, allá en La Pampa, nunce soñé que iba a ser tan popular. Recuerdo que apenas empecé mi carrera en el verano de 2001 me empezaron a decir Pampita después de las notas y la tapa de GENTE. Esa popularidad fue creciendo y creciendo… Bueno, lo agradezco, porque de chica quería llegar a ser quien soy ahora.

–¿Cuál fue tu mejor logro?
–La familia que formé, en primer lugar, y trabajar como modelo en segundo. Igual, siento que en los últimos años cambié mis prioridades. Crecí como persona desde que soy mamá. Incluso, con Benjamín planeamos tener por lo menos un hijo más. Me considero una mamá tranquila. A mis hijos no les exijo demasiado: quiero que sean libres. Aunque mi trabajo me fascina, la familia es mi prioridad absoluta. Nosotros somos una familia italiana: salimos a todos lados juntos, cargamos las cosas y nos vamos de paseo.

–¿Cuando te fuiste de La Pampa lo hiciste para formar una familia?
–No, era muy chica entonces. Me fui porque tenía muchas inquietudes artísticas y a Santa Rosa no llegan las oportunidades. Tenés que ir a buscarlas a Buenos Aires. E insistir.

–¿Cuál fue el mayor escollo que tuviste que afrontar?
–No sé si escollo, pero me hubiese gustado ser más alta (mide 1,64 m). Igual, mi altura tampoco me impidió hacer cosas.

–¿Soñás con retirarte y dedicarte de lleno a tus hijos y a tu marido?
–No, no pienso retirarme pronto. Todavía disfruto mucho estando delante de la cámara. Me queda un largo camino por delante. Una siempre es modelo de algo: de mujer, de madre, de profesional. Hoy, las actrices de más de 50 años hacen campañas internacionales de cremas y perfumes. Esta carrera, la de la imagen y la televisión, tiene límites. Aparte, es difícil de programar.

–¿Sos de programar tu vida?
–Programo el día a día, pero no a largo plazo. Soy muy disciplinada, y aunque durante el último mes me dediqué a ensayar fuertísimo, guardaba momentos para estar con mi marido y mis hijos. ¿Sabés qué pasa? Ellos me suman, son mi energía más primaria. Más allá de eso, de cuidar el compartir todo el tiempo posible con mi familia, dejo que el resto fluya. No hay que privarse de nada: hay que permitirse las equivocaciones. No me arrepiento de nada de lo que he vivido. En enero del año pasado estaba embarazada y no sabía todavía el sexo de Bautista, ni dónde íbamos a vivir. En febrero decidimos instalarnos en Buenos Aires y que nuestro segundo hijo fuera argentino. Y ahora mientras hablo, ¿sabés qué? Me encanta que Benja sea así de impredecible, porque me desestructura a mí. ¿Quién supondría que iba a terminar bailando y ganando el concurso más popular de la tele y que éste sería el mejor momento de mi vida?... Por eso, como te dije, ahora dejo que todo fluya.

–Todo no: lo del rubio llegó por contrato…
–(Risas) Cierto, cierto.

–¿Qué pasó cuando tus hijos te vieron rubia?
–Nada, están acostumbrados a mis cambios de look. Todo el año llegué con diferentes peinados a casa. Ese es uno de los beneficios de ser modelo… Y a mí me gustó la idea de convertirme en rubia por un tiempo. Ayudó a modificar un poco la imagen de tantos años. En abril me pondré otro color, porque firmé un contrato con la firma Garnier, que me exige cuatro cambios en dos años.

–La última… ¿Tenías más éxito como morocha?
–No creo que haya una belleza determinada: depende del carisma y la actitud de la persona que luzca uno u otro color.

–Te hablo frente a los hombres, Pampita…
–Habías dicho la última, eh… Te aseguro que desde que soy mamá y formé una familia nunca más recibí una propuesta indecente. Sí piropos por la calle. Los hombres saben que estoy locamente enamorada de Benja, y por eso son muy caballeros y me dicen cosas tranquilas. No me hago cargo de las fantasías ajenas: sólo me preocupo por cumplir las mías.

–¿Y cuáles serí…?
–(Interrumpe) Esa sí fue la última. “Este año me gustaría actuar o conducir un programa. Pero no quiero planear demasiado, prefiero que la vida fluya”, asegura Pampita, cada día más diosa.

“Este año me gustaría actuar o conducir un programa. Pero no quiero planear demasiado, prefiero que la vida fluya”, asegura Pampita, cada día más diosa.

“Siempre que tengo un objetivo, no paro hasta conseguirlo. No me rindo jamás... Para mí, hasta el último instante, las cosas se pueden concretar”.

“Siempre que tengo un objetivo, no paro hasta conseguirlo. No me rindo jamás... Para mí, hasta el último instante, las cosas se pueden concretar”.

“Me hubiera gustado ser más alta  (mide 1,64 m). Igual, mi altura tampoco me impidió hacer cosas.  No pienso retirarme pronto. Una siempre es modelo de algo: de mujer, de madre, de profesional”

“Me hubiera gustado ser más alta (mide 1,64 m). Igual, mi altura tampoco me impidió hacer cosas. No pienso retirarme pronto. Una siempre es modelo de algo: de mujer, de madre, de profesional”

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