“No me creo la del actor transgresor que marca un camino: a mí sólo me gusta contar buenas historias” – GENTE Online
 

“No me creo la del actor transgresor que marca un camino: a mí sólo me gusta contar buenas historias”

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Perdoná que te interrumpa –detiene un instante la entrevista Diego Peretti, y extiende la mano hacia su costado derecho–. Hola mi amigo. ¿Todo bien? –saluda.
–Bárbaro –le responde Ricardo Darín, recién ingresado al salón María Antonieta, del Alvear Palace Hotel–. ¿Preparado para un día movidito de promoción?
–Preparado, pero… Te pregunto de una: ¡¿Vos dijiste que yo era narigón?! La señora que trabaja en casa me comentó que te vio en la tele declarando eso.
–¡¿Narigón?! ¿Habrá entendido mal? ¿Vos pensás que yo sería capaz de afirmar algo así? Nooo, olvidáte –niega retirándose, al tiempo que les guiña el ojo izquierdo al fotógrafo y al redactor de GENTE.

–Disculpe, antes de continuar –volvemos a la nota con Diego Aldo Peretti (44, “del 10 de febrero de 1963, eh”, precisa; nacido en la Capital Federal, hijo de Aldo y Margarita, hermano de Alejandro; psicoanalista, lector empedernido, hincha de River): ¿aún lo acompleja su nariz?
–Ja, ja. No. En cierta etapa me pareció de un tamaño importante. Claro, de joven tenía una percepción parcial de mí. Ahora la percepción es general. No me imagino con una nariz distinta. Ojo que me la maquillaría para un eventual papel. Me atraen las transformaciones, si de actuar se trata.

–Okay, ¿y por cuál de las actuales transformaciones quiere que comencemos? ¿La de Elmer van Hess (El hombre que volvió de la muerte), en televisión; la de Santana (La señal), en cine o la de Biff Loman (Muerte de un viajante), en teatro?
–Ya que nos acabamos de cruzar con Ricardo, empecemos por La señal.

–Nada menos que la opera prima de Darín como director, con él y usted de protagonistas. ¿Logró reunirse con Mignogna antes de su desaparición?
–En tres o cuatro oportunidades. El y Ricardo me convocaron para subirme al proyecto basado en la novela de Eduardo. Durante las charlas, Mignogna anotaba cada duda y sugerencia que le planteábamos. Un hombre súper abierto. Sabíamos que andaba enfermo, en tratamiento. Sin embargo, la cuestión se precipitó y nos dejó temprano. ¡Qué lástima! Un día me llamó Ricardo, tomamos un café y me contó que le ofrecieron el rodaje. No dudé: acepté al instante. Era él quien debía encargarse. Después sumó a Martín Hodara (lo conocía de El faro, Nueve reinas y El aura) en la dirección. Rodamos de marzo a mayo. ¡No sabés lo que disfruté! Para mí, la simplicidad y la profundidad son elementales en nuestra actividad. E igual para Ricardo. Nos ponemos en el lugar del espectador. Buscamos generar obras artísticas entretenidas. No nos cierran las licencias poéticas. Tampoco me creo la del actor transgresor que marca un camino: a mí sólo me gusta contar buenas historias. Ojalá siempre pudiera filmar en condiciones similares.

–Esa afirmación podría trasladarla al teatro, suponemos. No todos los días se comparte escenario con el enorme Alcón, ¿verdad?
–Podría trasladarla, lógico. Recuerdo instantes gloriosos de él en cine, en obras, en tevé y, pum, un día te ofrecen Muerte de un viajante, del genial Arthur Miller, interpretando al hijo de Alcón. Reconozco que arranqué con los ensayos (octubre de 2006) bastante nervioso. No obstante, de entrada nomás, el tipo se encargó de bajarse al llano y ponerse al servicio de la composición. Estrenamos a lleno completo el 17 de enero. Y acá no quiero olvidarme del director, Rubén Szuchmacher, que dejó fluir y respetó la versión. En cuanto a Alfredo, tenés que ser muy mal actor para estar a su lado y que no te salgan las cosas en forma aceptable. Mientras no te equivoques la letra, te alcanza para zafar. Es apabullante su fuerza dramática. Si talentos como Darín y Alcón son las consecuencias artísticas de un pueblo, entiendo que algo de nuestra sociedad se conserva sano. Aparte de solitario y familiero, romántico y analítico, reconozco que soy un optimista en medio del pesimismo.

–El combo de su envidiable actualidad se completa, si nos permite, con el protagónico de la miniserie El hombre que volvió de la muerte, aquel inolvidable ciclo del 69 interpretado por Narciso Ibáñez Menta. Puesto que de miedo hablamos, ¿no teme repetirse, confundir los roles?
–Para mí el mejor antídoto consiste en ensayar duro hasta encontrar el personaje justo. Ahí conseguís distinguirlo de otros. Yo me involucro profundamente en los papeles. Mi Elmer de El hombre… lo busqué y lo encontré. Recordaba la voz notable de Narciso, su interpretación. Obvio, lo veía de pibe, escondido detrás de un sillón, en lo de la tía Carmen. Pero busqué mi estilo. De la misma manera que se intentó resucitar la historia aggiornándola. Costó y cuesta recrearla. En 1978 se quemó el material grabado. Apenas pudimos hallar en Internet una escena de Narciso y Eduardo Rudy. Al final, el actor Carlos Cardone nos facilitó recortes de TV Guía de la época, en los que se detallaba la síntesis de varios capítulos. Así, poco a poco, se armó la cosa. “Tiene que ser un programa pochoclero”, nos había anticipado Adrián (Suar). Leí numerosos capítulos y me impactaron. Terminamos cinco. Andarán en los quince. Va a llamar la atención. Además de las manos maestras de los Jorges (Nisco y Bechara) detrás de cámara, se encontrarán con una remake sólida. El renovado argumento y las interpretaciones son tan importantes como la escenografía, el vestuario, el maquillaje. ¡Dos horas me lleva convertirme en la criatura que esconde Elmer van Hess! Mi hija Mora (5) encontró la foto y se asustó. ¡No sé si voy a dejar que ella lo mire detrás del sillón!

–A propósito, ¿usted, frente a tanto trabajo, necesita entrar con documento de identidad en su domicilio?
–(Risas) Casi. Se acercan unas merecidas vacaciones para cuando concluya Muerte... (25 de noviembre) y El hombre que volvió de la muerte (inicios de diciembre). Disfruto mucho de la familia. Aunque las cuestiones personales no pueden trasladarse, sé que si existiera un clon mío de 37 años, le aconsejaría casarse con Natalia (30, diseñadora gráfica) y luego tener una hija, como hice yo a esa edad. Han sido mis más grandes decisiones. Y le sugeriría, a la vez, seguir adelante dentro de la profesión que me tocó en suerte. Porque me encanta llegar feliz a mi hogar. “<i>¿Planes? De principios de diciembre a marzo, vacaciones. Es el próximo proyecto en el que pienso</i>”, afirma el ajetreado marido de Natalia y padre de Mora.

¿Planes? De principios de diciembre a marzo, vacaciones. Es el próximo proyecto en el que pienso”, afirma el ajetreado marido de Natalia y padre de Mora.

“<i>Aunque las cuestiones personales no pueden trasladarse, sé que si existiera un clon mío de 37 años, le aconsejaría casarse con Natalia y luego tener una hija, como hice yo a esa edad. Han sido mis más grandes decisiones</i>”.

Aunque las cuestiones personales no pueden trasladarse, sé que si existiera un clon mío de 37 años, le aconsejaría casarse con Natalia y luego tener una hija, como hice yo a esa edad. Han sido mis más grandes decisiones”.

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