«No me conformo con sólo haber llegado a la final» – GENTE Online
 

"No me conformo con sólo haber llegado a la final"

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La historia dirá que el 7 de julio de 2002, en un típico domingo londinense -nublado y por momentos lluvioso-, un argentino jugó por primera vez la final de Wimbledon, sin
dudas el torneo más importante del mundo del tenis. También, que ese chico de apenas 20 años, con nombre bíblico -David- y apellido de indudable origen armenio -Nalbandian- le disputó de igual a igual el trofeo británico al mismísimo Lleyton Hewitt, el australiano número uno del planeta, el Goliath que en esta ocasión pudo esquivar el piedrazo en la frente. El Rey David (¿qué mejor apodo merecía?) logró para su -nuestro- golpeado país un honor que ni siquiera el propio Guillermo Vilas pudo alcanzar, ya que el gran

Willy sólo llegó a los cuartos de final en 1975 y 1976. Y como si esto fuera poco, Nalbandian se convirtió en el mejor debutante en la era moderna del
Grand Slam inglés y eso que ni siquiera había jugado un torneo profesional sobre césped en su vida.

"Sin dudas estas fueron las dos semanas más lindas de mi carrera. ¿Qué sentí cuando hoy entré a la cancha? Es algo que no puedo describir… Miraba las tribunas repletas de gente y si bien estaba concentrado en el partido, no podía creer que yo estuviera en ese lugar. Me acordé de mis viejos, de mis hermanos y de mis amigos que seguro estaban sentados en mi casa de Unquillo tomando unos mates amargos para tratar de calmar los nervios. Por ellos y por todos los argentinos quería ganar… El día anterior había hablado con papá y me contó que todo el país estaba pendiente de lo que me pasaba. Lástima que no pudo ser…", le cuenta a GENTE sentado en la cama de la habitación 304 de un hotel cinco estrellas de Londres, seis horas después de haber recibido el premio de manos del duque de Kent por su segundo puesto. Y aunque esto le significó trepar 17 escalones en el ranking de la ATP -ocupaba el puesto 32 y ahora quedó en la posición número 15-, transformarse en el número de la Argentina, y engrosar su cuenta ba
ncaria en 400 mil dólares -la misma cantidad que había ganado en toda su carrera y la mayor recompensa de un argentino en la historia de este deporte-, David tiene un tono melancólico: "No me conformo con sólo haber llegado. Me pongo a pensar que tuve la gloria en mis manos y que la dejé escapar. Por eso cuando terminó el partido dije que iba a trabajar duro para volver en el 2003 y ganar el torneo. Esa será mi próxima meta. Mi mayor ambición".


DE UNQUILLO AL ALL ENGLAND.
Su abuelo Jorge, un armenio ya fallecido, llegó a Unquillo en los años 20 con documentos falsificados y escapándole al hambre. Se casó con una argentina y desde entonces los Nalbandian se asentaron en ese pueblito de 15 mil habitantes a 35 kilómetros de la capital cordobesa. Allí, el primero de enero de 1982, nació David, hijo de Alda y Norberto, un matrimonio de comerciantes de clase media. A los 4 años empezó a caminar las canchas rectangulares pero en ese momento lo hacía para molestar a Javier y Darío, sus dos hermanos mayores: "Todo esto surgió como un juego de niños", rememora papá Norberto después de que cientos de vecinos se juntaran en la puerta de su casa y lo pasearan en andas por toda la cuadra: "Pero a los 8 años ya competía en la Federación y se notaba que iba a llegar. Javier, su hermano mayor, fue quien le enseñó a pararse en la cancha y a dar los primeros golpes. Estuvo a su lado hasta hace dos años, cuando David comenzó a prepararse con Gabriel Mark
us"
.

Con el tiempo, Hilacha -apodo que le puso el padre porque decía que siempre estaba desaliñado y nunca le importaba cómo me quedaba la ropa- se convirtió en un obsesionado del juego, y a los 11 fue número uno de menores de 12 años. Así contagió a sus amigos, que empezaron a jugar. Este furor derivó en que veinte familias del pueblo juntaran unos pesos y entre todos construyeran una cancha de cemento en el ombligo de un cerro. De toda esa camada, el único que siguió fue David, aunque esto le demandó mucho sacrificio, y en más de una oportunidad, mientras pasaba su adolescencia entre aviones y raquetas, también estuvo a punto de abandonar: "En un momento tuvo que decidir entre continuar con sus estudios secundarios -estaba en tercer año-
o seguir con el tenis. Si hoy vemos los resultados, fue una brava, pero buena decisión", explica Norberto.

Con el tiempo, el chico tímido, fanático de River, amante de las carreras de rally, cuyo principal hobby es ir a pescar al dique Los Molinos, comenzó a llenar su vitrina de trofeos. Los mismos que después desfilarían por todos los negocios de su pueblo. Pero el gran salto lo dio en 1998, cuando ganó el Abierto Junior de los Estados Unidos. Ese año le ofrecieron jugar la
Copa Davis para Mónaco pero Nalbandian rechazó la propuesta millonaria: "No quería representar a otro país que no fuera la Argentina. Además venía entusiasmado con mi primer gran triunfo. Lástima que al año siguiente me pasó lo de Wimbledon…", cuenta David. Y después de tomar un poco de jugo de naranja continúa con su relato: "Tenía que jugar la semifinal a las 15:05 y yo pensé que era a las 15:30. Salí del club para enviar un mail y cuando volví para jugar, no quedaba ni el árbitro".

Acostumbrado a la tranquilidad de sus pagos, no quería venir a Buenos Aires para entrenarse, pero en noviembre de 2000, ya inmerso en el circuito profesional, sus continuas derrotas lo derrumbaron al puesto 400 del ranking mundial. Fue allí cuando se puso a disposición de Markus, quien lo encaminó nuevamente en la ruta del éxito. En marzo de este año se convirtió en el único tenista argentino que ganó el torneo de Estoril (Portugal), el primero de su carrera en el circuito ATP. Y ahora sorprendió a todo el mundo con su extraordinaria actuación en Wimbledon: "Reconozco que lo que viví es un sueño. Van a pasar los años y voy a recordar este momento como algo único y mágico. Me voy a acordar hasta de las cábalas: llamar a mi casa a las doce de la noche o salir a caminar con mis amigos después de cada partido -N. de la R.: aunque después su novia, Victoria, confesó que otras dos cábalas son no afeitarse durante el transcurso del torneo y usar todos los partidos la misma ropa interior-.
Pero como dije antes, no quiero conformarme. Quiero soñar a lo grande y la próxima vez voy a pasear por Londres con la bandera argentina después de levantar la copa".

-Tras esta actuación, ¿soñás con integrar el equipo argentino que jugará la semifinal de la Copa Davis en septiembre frente a Rusia?

-¡Seguro! Es el anhelo que tiene todo jugador. Va a ser difícil pero no imposible. Hay que trabajar duro y esperar la oportunidad. Creo que ahora sí voy por el buen camino.

A los 11años ya era el número uno de menores de 12. Hoy, a los 20 años, derrama sus lágrimas después de meterse en la historia grande del tenis.

A los 11años ya era el número uno de menores de 12. Hoy, a los 20 años, derrama sus lágrimas después de meterse en la historia grande del tenis.

David vuela para devolver un drive paralelo. Lamentablemente no pudo con Lleyton Hewitt, el número uno del mundo, y se tuvo que conformar con el segundo puesto. Tranquilo, Hilacha, lograste lo que nunca antes un argentino logró.

David vuela para devolver un drive paralelo. Lamentablemente no pudo con Lleyton Hewitt, el número uno del mundo, y se tuvo que conformar con el segundo puesto. Tranquilo, Hilacha, lograste lo que nunca antes un argentino logró.

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