“No les creo a los que dicen: ‘Dime cómo juegas al fútbol y te diré quién eres’” – GENTE Online
 

“No les creo a los que dicen: ‘Dime cómo juegas al fútbol y te diré quién eres’”

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Seguramente, su libro de playa no fue uno de literatura futbolera. Sostiene que dentro de ese acotado rubro, escritores como Osvaldo Soriano, Eduardo Galeano o su amigo Fontanarrosa no llegaron a su máxima expresión dentro de las letras. Tampoco entiende a “esos tipos que pierden la cabeza por un partido de fútbol o los que no tienen ganas de ir a la oficina para no recibir una cargada por el partido del domingo”. Se muestra distante de la pasión exacerbada por el deporte más popular de la Argentina. Pero así y todo, lo primero que hizo cuando llegó a Mar del Plata fue organizar el picadito de cada año junto a sus hijos y sus amigos de toda la vida. Rulos al viento, camiseta de Villa Dálmine, shorts por encima de la rodilla. “¿Mi edad? Poné 30”, bromea Alejandro Dolina, un hombre de las letras y de la música, que también intenta ser un lírico con la pelota. “Soy un jugador técnico, un poco perezoso para la marca, pero ordenado, y los que juegan conmigo son tipos más o menos así. No me gustan los jugadores rápidos, demasiado físicos”, define.

–Alejandro, ¿adhiere a la frase: “Se juega como se vive”?
–No creo que haya una rima entre la vida y el fútbol. Si me dieras a elegir, preferiría ser ordenado en la vida, porque vivir es mucho más complicado que jugar un partido de fútbol. En mi vida soy muy ansioso, y en el fútbol, muy paciente. No les creo a los que afirman: “Dime cómo juegas al fútbol y te diré quién eres”. He visto a personas muy mansas transformarse en verdaderos monstruos en la cancha de fútbol.

–¿Entiende al hombre que llora por su equipo?
–El fútbol está sobrevalorado gracias al gigantesco aparato mediático. Tanto, que uno está obligado a volverse loco por culpa de eso. ¡No entiendo al tipo que desparrama las cenizas de su tío en la cancha de Platense! Ni los gritos de gol que duran un minuto, o más. Creo que la vida es mucho más rica que eso.

–¿Alguna vez habló del tema con el Negro Fontanarrosa?
–Se lo he dicho, sí. Esa ha sido mi principal discrepancia con él. Lo he conocido durante casi toda mi vida profesional, desde la revista Satiricón en adelante, y lo he admirado muchísimo. Era un gran escritor, un gran humorista y un gran amigo, pero no me gustaba que estuviera tan entusiasmado con el fútbol. ¡Era demasiado!

–¿Cree que desperdició su talento escribiendo sobre fútbol?
–Cuando tuvo ganas volcó su talento en otra cosa, aunque entiendo que en su literatura hubo un exceso de presencia futbolística. Pero tiene suficientes méritos como para hacerse perdonar. Creo que de ese maridaje entre la literatura y el fútbol no surge nada muy beneficioso para las letras. El que disfruta de esa literatura también padece esa patología…

–Alejandro, hablemos de otra pasión argentina ¿sigue siendo peronista?
–Eso es bastante relativo. No provengo de una familia peronista ni tengo una historia de militancia. Simplemente estoy de acuerdo con los principios de la justicia social, con la causa de los desposeídos.

–¿Su coincidencia con el peronismo choca con su admiración por Jorge Luis Borges?
–Es cierto que tal vez Borges no entendió un fenómeno como el peronismo, pero lo memorable fueron sus libros. Según dicen, Rousseau (Juan Jacobo) era cafisho, paranoico, y no cuidaba a sus hijos: ¡una persona detestable! Prefiero rescatar su obra. Lo mismo ocurre en la Argentina con la oposición. Dicen: “Este tipo es autoritario”. Pero… ¿será lo central, lo importante?

–¿Lo tomo como un apoyo explícito a la presidencia de Kirchner?
–No soy quién para apoyarla, ni tengo una opinión política que alguien respete. Simplemente, creo que la de Kirchner ha sido una gestión interesante en algunos puntos. Por primera vez los torturadores están presos… Y económicamente, a partir de Duhalde (Eduardo) se dio vuelta la economía de mercado menemista, y dentro de ese funcionamiento, la gente está mejor.

–El año pasado, mucho de tus oyentes, lo acusaron de correrse hacia la derecha por su pase a Radio 10. ¿Qué responde?
–Es bien obvio que los tics ideológicos de la radio no son los nuestros, pero nunca nos condicionaron. Cuando uno ingresa a una radio no se afilia a un partido político. Artísticamente, tuvimos un gran año. En su esencia, el programa no ha cambiado, y lo que cambió… fue porque nosotros cambiamos.

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DE LA RADIO. A las nueve de la noche, Dolina ya viste el ambo negro que va a usar en la presentación de La venganza será terrible en el teatro Auditorium de Mar del Plata. Nos encontramos en el restaurante gourmet Las Barcas, en el primer piso del hotel Sheraton. Desde la ventana se ve el campo de golf, y más lejos, las embarcaciones que entran a puerto. No quiere cenar. Compartimos un café cortado con algunos chocolates. “Los dulces son mi debilidad. Digamos que equilibro la dieta comiendo poco salado… y muchos dulces”, describe, mientras ataca el plato de bombones. La loca pasión que algunos instalan en el fútbol, Dolina la vuelca en otros ámbitos. Por ejemplo, en los libros. En ese universo ingresan Dostoievski, Chesterton, Borges. Otra pasión: las mujeres. Lo confirma la declaración de principios que formuló más de una vez: “Todo lo que hacen los hombres es para levantarse minas”. Pero esa sentencia se tornó tan popular, “que detesto que me la recuerden”, protesta.

–En su programa definió al seductor como un mentiroso, un hombre que vende espejitos de colores. ¿Estoy hablando con un mentiroso?
–No sé si la seducción es una mentira o un sistema inconsciente del engaño, tanto para el seducido como para el seductor. Uno se equivoca: cree que siempre amará a esa dama. Es tierno y engaña sin querer, porque deposita una fe poética en el futuro. En realidad, es el Cosmos el que nos engaña, la vida, que necesita de la reproducción y genera esa gigantesca trama llamada amor.

–¿Cuál ha sido su mayor arma de seducción?
–¡Ninguna! Uno cree que seduce, pero ya lo eligieron o lo rechazaron de antemano. ¿Qué puede hacer uno para torcer algo que ya fatalmente sucede (o no) en el otro? Pueden acelerarse los tiempos, pero no cambiar una realidad.

–¿Entonces no cree en el tan prestigioso chamuyo argentino?
–Es más: ¡me parece patético! Además, los argentinos hablan muy mal. Por eso no pueden convencer a nadie…

–Muchas veces se lo ha visto bien acompañado. ¿La parte física es la primordial a la hora de elegir? ¿Y la inteligencia?
–Uno no busca una licenciada en Física Nuclear. La seducción por la mera belleza dura diez minutos. Después de mirar el lomo, uno empieza a analizar el pensamiento y el sentimiento. Generalmente, las personas no muy inteligentes tampoco son muy afectuosas. Eso no les permite ponerse en el lugar del otro…

–¿Se enamora muy fácilmente?
–No. Puedo disfrutar de situaciones inferiores al amor, de situaciones eróticas, sin necesidad de enamorarme. El carácter del amor insustituible es difícil de alcanzar. En ese momento, lo erótico empieza a jugar un papel aceptable…

–Existen dos temas recurrentes en su literatura: el amor y la muerte. ¿Por qué?
–El hombre escribe sobre el amor y la muerte porque son dos cuestiones que lo movilizan. Uno trabaja para conseguir el amor de una mujer porque tiene fecha de vencimiento. La desesperación de saber que somos sustituibles forma parte de mis temas hasta la obsesión. Lamentablemente, al Universo ya no le interesan demasiado estos temas…

–¿Cómo ve a las mujeres de vacaciones? ¿Cree que el verano las libera?
–Las mujeres son más inteligentes para la apreciación de todos los asuntos del amor y la seducción. Son más realistas. No creo en nada de lo que piensan los hombres sobre el verano… ni sobre la chica que espera el colectivo a las dos de la mañana. No profeso esa superstición que reduce a las mujeres a ese lugar. Tampoco creo que en verano tengan una actitud distinta.

–¿No cree en esas revistas que dicen: “La primavera sube la testosterona y nos vuelve más pasionales”?
–¡Todo ocurre porque están de vacaciones y tienen más tiempo! Te aseguro que una señora que trabaja ocho horas y después tiene que cocinar para sus hijos, no tiene fuerzas para salir a buscar un amante. Ni en primavera ni en verano ni en otoño ni en invierno…

Con la camiseta de Villa Dálmine, el Negro no entiende “la irracionalidad que se genera alrededor de la pelota. Esa fue mi gran discrepancia con el Negro Fontanarrosa”, recuerda.

Con la camiseta de Villa Dálmine, el Negro no entiende “la irracionalidad que se genera alrededor de la pelota. Esa fue mi gran discrepancia con el Negro Fontanarrosa”, recuerda.

Dolina en el restaurante La Barca, del Sheraton de Mar del Plata. Luego, a la medianoche, en el teatro Auditorium, desplegando su programa con nuevo equipo: Coco Silly y Gillespi. “<i>Extraño a Rolón y a Stronatti, pero los cambios me impiden aburguesarme</i>”, dice.

Dolina en el restaurante La Barca, del Sheraton de Mar del Plata. Luego, a la medianoche, en el teatro Auditorium, desplegando su programa con nuevo equipo: Coco Silly y Gillespi. “Extraño a Rolón y a Stronatti, pero los cambios me impiden aburguesarme”, dice.

El Negro dice que “<i>me siento parte del inventario costero, como los lobos marinos</i>”. Y repitió otro rito: jugar al fútbol con sus hijos Martín y Alejandro, “<i>Porque una cosa es la pelota y otra muy distinta la insufrible filosofía de la pelota</i>”, define.

El Negro dice que “me siento parte del inventario costero, como los lobos marinos”. Y repitió otro rito: jugar al fútbol con sus hijos Martín y Alejandro, “Porque una cosa es la pelota y otra muy distinta la insufrible filosofía de la pelota”, define.

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